El plagio académico es a la vez un problema y un síntoma. En tanto que falta ética profesional, requiere ser combatido con severidad, a rajatabla. Como deformación de nuestra cultura académica, exige una reflexión ponderada sobre las condiciones sociales y disciplinarias que lo hacen posible.

En las últimas décadas, la evaluación de los estudios y las actividades de docencia e investigación ha sido realizada por comisiones dictaminadoras, consejos académicos y otros organismos cuya composición los ha obligado a orientarse por criterios eminentemente cuantitativos o a realizar una revisión superficial de la calidad de los productos intelectuales.

Esto se ha constituido en un inhibidor de la libertad y la autonomía que requieren los artistas, los humanistas y los científicos reflexivos, críticos y creativos. El problema se agrava cuando el tipo de evaluación beneficia a quienes tienden a presentar resultados pobres o a conformarse con el reciclaje, y a quienes acuden al plagio de ideas y textos ajenos.

Para poner fin al plagio y otras formas de corrupción académica es necesario que las comunidades académicas nos organicemos. Más todavía: porque somos particularmente agraviados por el plagio, los trabajadores académicos —profesores y estudiantes por igual— debemos organizarnos de manera autónoma e incluyente para proponer la forma de acabar con él, y también para reformar la cultura académica de la que forma parte.

Comencemos la discusión, mediante una reunión pública, esta tarde a las 18 horas, en salón 203 de la Facultad de Filosofía y Letras, unam.

Atentamente,

Eugenia Allier, Dalia Argüello Nevado, Daniela I. Cárdenas Ruíz, Nora Amanda Crespo, Benjamín Díaz Salazar, Jorge Domínguez Luna, Cristina Gómez Álvarez, Luis Fernando Granados, Halina Gutiérrez Mariscal, Bernardo Ibarrola, Gerardo López Luna, Marialba Pastor, Fernando Pérez Montesinos, Gabriela Pulido Llano, Jaime Ortega, Francisco Quijano, Pedro Salmerón Sanginés, Aurora Vázquez Flores, Mario Vázquez Olivera, Wilphen Vázquez Ruiz.

Cartel Plagio

3 Comments

  1. Me entusiasma el que se estén dando estos primeros pasos para tratar el tema. Estoy convencido que las tesis son documentos oficiales, propiedad intelectual compartida entre el autor y la universidad que otorga el grado. Si se comprueba que una tesis contiene material plagiado entonces la universidad, para salvaguardar su integridad académica, debe de revocar el grado, como lo hizo el Colemex recientemente, Army War College el año pasado y la Universidad de Dusseldorf en el 2013. Por las mismas razones, si un egresado de cualquier universidad descubre que su trabajo de titulación fue plagiado por estudiantes o personal de otras universidades, la universidad afectada debería defender esta propiedad intelectual, reclamar de manera oficial a la otra institución de educación superior. Deberían de existir procedimientos de comunicación inter-institucional. Felicidades, espero que la reunión sea fructífera. Saludos desde la Alta California.

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