por Daniela I. Cárdenas Ruíz *

La situación por la que atraviesan los refugiados sirios es un tema que se ha colocado como uno de los más relevantes a nivel internacional. Desde 2011, Siria es víctima de los ataques del grupo conocido como Estado Islámico, cuyos integrantes han sembrado el terror entre los habitantes de esta nación, quienes al mismo tiempo viven una guerra civil en contra de la dictadura en el gobierno. Como consecuencia de esta crisis, miles de sirios salen a diario de su país buscando rehacer sus vidas lejos de la violencia que impera en Siria, aunque en esta búsqueda pierdan su patrimonio, su familia y, en muchos casos, la vida.

Dentro de los países que reciben mayor cantidad de personas refugiadas se encuentran Líbano, Egipto, Turquía, Jordania e Iraq; y en la Unión Europea, algunos como Alemania, España, Francia, Grecia, Italia, Reino Unido, Suecia, entre otros. En América, Estados Unidos y Canadá también han contribuído con reubicaciones; por su parte, algunos países de América Latina han recibido refugiados en menor cantidad, aunque las muestras de solidaridad de una parte de la sociedad civil son vertidas en las redes sociales y muchos habitantes de países como México solicitan a sus gobiernos que se unan a brindar ayuda humanitaria a los sirios y les abran las puertas para recibirlos en calidad de refugiados.

Es innegable que la crisis por la que atraviesan los sirios se coloca como un asunto que hay que atender con urgencia y es por ello que a la par de la solidaridad y de la conmoción que esta situación ha provocado en México, se encuentra un llamado de atención sobre nuestra propia situación y la del resto de América Latina con respecto a los miles inmigrantes que, al igual que los

Migrantes centroamericanos
Migrantes centroamericanos (Foto: starMedia.com).

sirios, arriesgan sus vidas a diario en busca de un mejor nivel de vida. En su travesía,  la mayor parte de ellos sufren abusos y violencia por parte de los grupos criminales; les roban sus pocas pertenencias, son golpeados, violados y privados de su libertad con fines de explotación física o sexual y, en muchas ocasiones, asesinados.

México es el país de paso para miles de inmigrantes centroamericanos., que en su mayoría buscan llegar a Estados Unidos en el silencio, un silencio del que todos somos responsables pues durante años se ha ignorado la magnitud de este fenómeno. Se habla de leyes fronterizas, de políticas internacionales, de la migración como el desplazamiento de ciertos grupos por cuestiones económicas o sociales, pero poco se dice acerca de quiénes son estas personas que también necesitan refugio, acerca del contexto en el que viven, de la realidad cotidiana que los obliga a salir de sus países en busca de “algo mejor” y de quienes Rubén Figueroa (Defensor de Derechos Humanos Coordinador Sur-Sureste del Movimiento Migrante Mesoamericano) nos dice:

Solamente los acompaña la oscuridad que es interrumpida por relámpagos que por un momento iluminan los rostros llenos de miedo y llenos de esperanza. Torrentes de agua caen sobre los cuerpos caminantes que no sólo mojan las curtidas camisas, también empapan el corazón de emoción, una emoción rara que parece terror cuando escuchas el sonido de la nada, ese olvido que es mas potente que las armas, esa indiferencia que asesina los sueños.

A lo largo de los años se han creado organismos internacionales que reconocen a estas personas como actores sociales de carne y hueso, como la Organización Internacional para las Migraciones que, entre otras cosas, busca dar solución a los problemas que suscita la migración, así como brindar ayuda humanitaria a los migrantes alrededor del mundo. Para el caso de los migrantes latinoamericanos, encontramos al Moviemiento Migrante Mesoamaricano que además de ofrecer ayuda a quienes emigran, se ha encargado de escribir y difundir las historias de algunas de estas personas, creando así un espacio para la memoria de los migrantes; dentro de este movimiento fue creada la Caravana de Madres de Migratantes Desaparecidos, la cual realiza jornadas por la ruta de los migrantes con la esperanza de encontrar a sus hijos.

Otro ejemplo de solidaridad es el de la ruta Arriaga, en la que personas que habitan a lo largo de la misma, alimentan a los migrantes, crean albergues para éstos y ayudan a denunciar los abusos cometidos contra los hombres y mujeres que atraviesan el país en calidad de indocumentados. Lo cierto es que el número de personas que a diario atraviesan la frontera sur rebasa por mucho la ayuda humanitaria existente; es necesario que los migrantes latinoamericanos, así como los sirios, sean reconocidos por los distintos gobiernos y por los integrantes de la sociedad como actores sociales para que dejen de vivir en el silencio en el que durante años los hemos sumergido y así, aunque la situación en sus países sea extrema, como en el caso de Siria, puedan encontrar el refugio que merecen y que tanto necesitan.

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