por Benjamín Díaz Salazar *

En el 2012, la Orquesta Sinfónica de Copenhague ofreció una dupla de conciertos en las instalaciones de la red de servicio de transporte público de la capital danesa (aquí la nota). En ese mismo año, la Orquesta Sinfónica de Chicago ofreció una velada musical en la ciudad de México, la cual fue proyectada por medio de pantallas a la gente que paseaba por los alrededores del Palacio de Bellas Artes (aquí la nota). ¿Es posible hacer esto con la historia?

Quizá salir y volantear información en la vía pública sobre alguna conferencia resulte poco práctico. Sin embargo, es necesario encontrar la manera de acercarnos a la población. Lograr sembrar la semilla de la curiosidad. El verdadero problema se encuentra en el cómo hacerlo.

En un artículo previo hablé sobre tres grandes problemas a los que el saber historiográfico se enfrenta: el desinterés, la mala información y la enseñanza de la historia. En esta ocasión vuelvo sobre las primeras dos, para las cuales —considero— existe un dúo que puede ser una solución: la divulgación y la difusión. Carlos Betancourt Cid escribió en este espacio un artículo al respecto de estas alternativas, al cual me parece bastante adecuado hacer referencia.

Gran parte de la población se muestra indiferente al conocimiento de su pasado. ¿A qué se debe? En parte, la educación ha sido un factor importante. Sin embargo, lo poco práctico de la historia es para mucha gente la razón de esta aversión. Otro elemento al que he hecho referencia para proponer una manera de solución es la mala información. El exceso de material “histórico” que se propagó a raíz de los festejos del 2010 permitió que más de un individuo se sintiera docto en el tema de lo histórico. Es así como, con el fin de “mostrar la verdadera historia” se crearon obras con dudosa fundamentación, creando de este modo una historia paralela.

Recurso de la comunicación masiva
Recurso de la comunicación masiva

Considero que las medidas para enfrentar estos problemas todavía son poco conocidas. Por ello me dispongo a mostrar aquéllas que considero accesibles. Es claro que los medios de comunicación son los principales caminos por los que una información (buena o mala) se difunde. Considero que existen cuatro importantes: radio, televisión, medios impresos e internet.

1. Son varios los historiadores que, con el apoyo del IMER, se han dado a la tarea de conducir programas de radio con contenido histórico (ver programación). Nutridos en información y amenos, resultan una alternativa de contacto con alguna parte de la población.

2. Aunque muy cuestionada por gran parte del gremio de historiadores, es admirable la labor que emprende Enrique Krauze con sus series México siglo XX y México Nuevo siglo. Detrás de cada programa está la participación de un equipo de historiadores profesionales, los cuales, revisan el contenido que se difundirá. Entre ellos encontramos —por mencionar algunos— a Ricardo Pérez Montfort y a Édgar Rojano García. Otra gran iniciativa fue la serie Discutamos [a] México, la cual permitió un acercamiento importante a los temas históricos en voz de especialistas.

3. En el rubro de los medios impresos existe desde hace tiempo de la editorial Raíces la revista Arqueología Mexicana. Sin embargo, el lenguaje que maneja y los contenidos —debo admitirlo—son en ocasiones difíciles de entender. Pero a partir de 2010, la misma casa editora lazó al mercado Relatos e Historias en México. Con Jaime Bali y Alberto Sánchez H. como editores fundadores, la revista se propone lanzar, mes con mes, artículos amenos escritos por especialistas. Acompañados de atractivas imágenes y un lenguaje bastante agradable, es un medio bastante recomendable para acercarse al conocimiento de la historia.

4. Internet es sin duda alguna un arma de dos filos. Si bien permite acercarnos más fácilmente al conocimiento, ¿qué páginas revisar y cómo? Debemos buscar alternativas electrónicas que nos permitan una reflexión, pero además, que se encuentren fundamentadas. Acerquémonos a las tecnologías pero con bastante precaución.

Hagamos un balance. Acciones se han tomado para enfrentar el desinterés y la mala información. Sin embargo, es nuestra labor fomentar las nuevas alternativas y crear espacios que nos permitan llegar a la mayor cantidad de personas posibles. Derribemos nuestros muros historiográficos, abramos las puertas a los ávidos de información. Creemos una conciencia de lo histórico.

4 Comments

  1. totalmente de acuerdo, pienso qu apartir de la difusion y la divulgacion se puede motivar al interes para con ello promover el cambio en la manera de la enzeñanaza de la historia.

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    1. Hola Aguila
      Agradezco la lectura y comento. Hay aún mucho camino que recorrer y te invito a sumarte al cambio. Entre más nos sumemos, mejores resultados.
      Saludos

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  2. Existe un instrumento más de difusión que, si bien podría quedar comprendido en el ámbito de la radio o el de internet, vale la pena destacar: los podcast. Pienso particularmente en la labor de Mark Duncan, un “podcaster” con formación en Ciencia Política y Filosofía que ganó fama por su trabajo The History of Rome. Actualmente tiene en curso una serie sobre las revoluciones más importantes de la historia. No he revisado los podcast sobre Roma, pero sí he dado seguimiento a Revolutions porque me llamó la atención que -como puede verse en el sitio web (http://thehistoryofrome.typepad.com/revolutions_podcast/bibliography.html), y pese a no tener formación en Historia- hace un esfuerzo encomiable por fundamentar teórica e historiográficamente su contenido.
    Desde luego, en los podcast aplican las mismas reservas que en los demás recursos enumerados en este artículo; hay que ser selectivos.

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    1. Hola Oscar.
      Agradezco la lectura y la aportación. Desconocía la existencia de dicha página, aunque sabía de los podcast. He de reconocer que son medios donde los historiadores en formación podemos movernos.
      A trabajar.
      Saludos.

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