Mausoleo revolucionario

por Carlos Betancourt Cid *

Este año, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (antes de 2006, de la Revolución Mexicana) cumple 60 años de labor ininterrumpida. Durante esas seis décadas ha afianzado su misión como una institución de divulgación de la historia y se perfila hacia el futuro en la consolidación de esta labor.

El instituto es una iniciativa del presidente Adolfo Ruiz Cortines, quien en 1953 recibió una propuesta del historiador José María Luján para formar un archivo de la revolución. Fue Salvador Azuela, hijo del autor de Los de abajo, quien sugirió al presidente que la idea se ampliara y se creara una dependencia nacional encargada de recopilar información sobre el proceso histórico que trastocó desde sus cimientos al estado mexicano.

Para honrar a los muertos de la revolución

Para honrar a los muertos de la revolución

En un principio, el INEHRM creó un patronato en el cual, de manera colegiada, se tomaban las decisiones. Los vocales fundadores fueron, como vocal ejecutivo, Salvador Azuela, quien junto a Luis Cabrera, Diego Arenas Guzmán, Jesús Romero Flores, Antonio Díaz Soto y Gama, Pedro de Alba y Francisco L. Urquizo comenzó a reunirse en sesiones llevadas a cabo cada viernes, en las instalaciones que les facilitaron en el edificio de la Ciudadela, en la accesoria que ostentaba el número 6.

En esas sesiones del patronato, que eran verdaderos seminarios sobre el movimiento revolucionario, pues sus integrantes pueden ser considerados piezas fundamentales en el desarrollo de los hechos, surgieron una infinidad de propuestas que marcaron, paso a paso, la trayectoria del instituto.

Así, Pedro de Alba, quien habría concurrido en su calidad de médico a la toma de Zacatecas por las fuerzas de la División del Norte, además de haber sido legislador durante los tiempos presidenciales de Obregón, incitó a realizar el proyecto de grabaciones de viejos revolucionarios, lo que condujo a la adquisición de una grabadora de cinta, con la cual pudieron dejar para la posteridad las voces de protagonistas como José Vasconcelos, Esteban Baca Calderón, José Quevedo y Vito Alessio Robles.

Jesús Romero Flores, el último diputado constitucionalista en morir (a los 102 años), fue uno de los vocales más activos. Además de elaborar varios dictámenes en torno a las investigaciones a emprender, se encargó de confeccionar un proyecto para un museo de la revolución, que impulsó con fervor desde los años cincuenta hasta su muerte en 1987. Desafortunadamente, no pudo ver realizado este proyecto en específico, pero el archivo histórico del INEHRM conserva el guión original de su propuesta.

En cuanto a Antonio Díaz Soto y Gama, sus propuestas se destacan en el marco de encarrilar las investigaciones hacia los temas que consideraba de mayor importancia, destacándose el rubro agrario, en el que era especialista. Se conservan también varios dictámenes y propuestas que hizo, así como sus constantes opiniones recabadas en las actas de las sesiones.

El general Francisco L. Urquizo participó con el ofrecimiento de varios de sus trabajos históricos, sin recibir emolumentos por ello. Igualmente dictaminó y ofreció consejos a los investigadores contratados, demostrando siempre una disposición abierta para ayudar en lo que pudiera. Su bonhomía es recordada por los que tuvieron la oportunidad de recibir sus consejos.

Diego Arenas Guzmán, periodista desde los tiempos maderistas, ejecutó, entre otras labores, tareas de distribución de los libros producidos por el INEHRM, pero también se convirtió en el vocal con el mayor número de publicaciones, en las que vació su sapiencia acerca del movimiento revolucionario y dejó un corpus bibliográfico con apreciaciones de singular importancia, en las que se recoge lo que sus ojos vieron y sus entrañas vivieron, durante la segunda década de la centuria pasada.

Luis Cabrera falleció en 1954, cuando apenas arrancaban las funciones del instituto, y solamente pudo ofrecer una aproximación a los temas que se trabajarían. Sentido homenaje le brindaron sus colegas, proponiendo y ejecutando el rescate de su pensamiento y obra.

Quien merece una mención especial es Salvador Azuela, quien por casi treinta años gestionó ante todas las autoridades posibles los proyectos del instituto. No todo pudo lograrse, pero su perseverancia y entrega permitió que el INEHRM creciera y se convirtiera en el referente entre la gente común y los especialistas para acercarse al estudio del evento histórico que revolucionó al siglo XX mexicano.

En fin, estos personajes fueron los fundadores del INEHRM, a quienes hoy recordamos en el marco de estos festejos. En una próxima entrega trataré la actualidad del Instituto y su prospectiva en el campo de la divulgación histórica.

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