por Agustín Córdova *

En 1996 se creó la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems) con el objetivo de atender en forma conjunta y transparente la alta demanda que existe por cursar el nivel de educación media superior en la zona metropolitana de la ciudad de México. Desde esa fecha, varios centros de formación educativa (algunos lícitos, otros no) ofrecen cursos de preparación para el “examen único”.

Tomemos, para ilustrar, el ejemplo de la Academia Mexicana de Orientación y Regularización Educativa, “Los expertos en exámenes de admisión”, según dice su eslogan. A cambio de un pago, los alumnos toman una clase de dos horas de lunes a viernes y reciben varios libros. El libro que corresponde al área de ciencias sociales está integrado por las siguientes asignaturas: “Geografía”, “Historia universal”, “Historia de México” y “Formación cívica y ética”. Revisemos el texto de historia universal en particular. ¿Cuáles son los contenidos que ofrece? ¿Cómo son abordados y desarrollados? ¿Cuál es el concepto de la historia que se brinda a través de este tipo de cursos?

Lo primero que se distingue es la manera en que está distribuido el tiempo histórico. Para el primer módulo se busca explicar tres edades (antigua, media y moderna), mientras que en el último se desarrollan los acontecimientos “más sobresalientes” del siglo XX. ¿Qué determina que en un módulo se pretenda ver casi veinte siglos de historia, en tanto que en otro se aborde sólo uno? Al parecer una idea errónea de la historia, es decir, que entre más reciente haya sido un acontecimiento, más tiempo se le debe dedicar a su estudio.

Lo segundo que se entrevé es el tipo de información que maneja cada uno de los contenidos. Por ejemplo, cuando se habla de las primeras civilizaciones, sólo se les  enumera, se menciona entre qué ríos se asentaron y señala el tipo de escritura que poseían. No hay espacio para más. Sin aviso previo, se da un salto a la edad media. Se hace mención de la organización política, la social y el modo de producción económico, pero nunca se da una definición sobre “feudalismo”. Se hace mención de las cruzadas, pero sólo de la primera. En otro salto, identificado por la caída del imperio bizantino —como si se tratase de un corte a rajatabla— el “mundo” pasa de la edad media a la edad moderna. En dos párrafos pequeños se explica, o más bien enuncia, el proceso de reforma y contrarreforma, además de puntualizarse las características del absolutismo monárquico.

El siguiente módulo presenta las cuatro revoluciones correspondientes al fin de la edad moderna: revolución inglesa, independencia de las trece colonias de Norteamérica, revolución francesa y revolución industrial. El sexto módulo, que pretende abarcar el siglo XIX, da cuenta del imperialismo, el liberalismo, el socialismo y el nacionalismo como conceptos ideológicos, mas no como explicación del acontecer en el mundo occidental durante el siglo decimonónico. El último módulo da cuenta de la primera guerra mundial, la revolución rusa, la gran crisis, la segunda guerra mundial, la guerra fría, y la globalización de forma breve y poco clara. Sin más, los hechos se presentan aislados unos de otros. Los temas vuelven a cimentar esa idea trasnochada sobre la historia: la de las grandes batallas y la de los hitos políticos.

Recordar o qudarse en el intento
Recordar o quedarse en el intento

En suma, los contenidos son de carácter general y los procesos son explicados en términos mecánicos de causas y consecuencias. Según el libro con el que se prepara a no pocos aspirantes a entrar a la preparatoria, los temas de la historia son guerras y, sobre todo, cuestiones políticas y económicas. No hay lugar para la historia cultural. Los bloques no sólo están cargados de información, sino que deben verse en una clase tradicional (maestro, pizarrón, alumnos) de dos horas. Todo ello sólo lleva a una cosa: memorizar en lugar de comprender. Y es que si los cursos estuvieran diseñados para comprender se comenzaría a cambiar la idea errónea de que en historia sólo se debe memorizar, mas no entender. Al final, queda una pregunta: ¿es necesario que los alumnos de nivel secundaria aprendan todos los contenidos de historia universal que los programas pretenden enseñar? Creo que no.

6 Comments

  1. Yo sé perfectamente lo que sientes, tuve la oportunidad de colaborar con la elaboración de una serie de manuales de actividades didácticas para la enseñanza de la historia a nivel primaria. Los lineamientos eran claros; promover aprendizajes esperados para detonar habilidades cognitivas tales como deducir, inducir, discriminar, comprender, etc. Dentro de los aprendizajes esperados que la SEP marca se cumplieron sólo parcialmente dos; el que corresponde a la comprensión espacio-tiempo y manejo de información histórica. En estos dos grandes rubros el niño tiene que ser capaz de distinguir períodos y épocas, discernir conceptos básicos de los procesos, comprender causas y efectos colaterales, etc. La idea es muy buena pero de verdad que resulta harto difícil cumplirla a cabalidad pues ni los niños ni los maestros están capacitados para problematizar dichas cuestiones, el vicio, pues, se origina desde primaria, dónde se inculca el hecho de memorizar todo. El problema es que los maestros dedican poco tiempo a historia y los programas de estudio exigen cubrir 15 o más siglos en tan sólo 2 horas efectivas de clase a la semana, es decir, imposible. Los niños no son tontos, si se les enseña poco a poco logran explicar multicausalidades, períodos y circunstancias culturales (a niveles básicos pero sencillos) pero es un proceso tortuoso. Como docente a nivel prepa uno se lleva cada sorpresa !vaya!, los alumnos de 16 años piensan que Morelos peleó a lado de Zapata, que la edad media fue antes de Roma y que los caprichos o chismes de los personajes históricos definieron procesos, como podrán ver, remontar todas esas deficiencias está en chino…
    Saludos…

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    1. Tienes mucha razón. Quizá el problema inicia en nivel primaria, incluso en la forma en que se percibe la educación, desde el gobierno hasta los alumnos en las aulas. Otro gallo nos cantaría si hubiera el mismo número de horas para todas las materias. Y en historia, dejar aún lado la visión trasnochada que comento en el texto.

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  2. Por otro lado, en estos cursos el objetivo es que pasen el examen, desgraciadamente el tipo de examen que se presenta es de opción múltiple y es una de las peores maneras para que los alumnos piensen. aunque sepan se confunden a la hora de contestar. Después de estar colaborando en varios cursos de preparación, llego a la conclusión de que estos cursos son sólo un repaso de lo que vieron en secundaria y son necesarios porque los jóvenes tienen grandes dificultades, ya que cada vez les quitan más horas de historia en secundaria (y de otras materias del área de ciencias) y ya no se acuerdan de lo elemental, que no precisamente es lo fundamental.

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    1. Precisamente. El objetivo único del curso es que aprueben el examen y se queden en sus primeras opciones. Y no es malo, pero no se dan cuenta de las proporciones negativas que trae para la historia este tipo de cursos. También, la forma de los exámenes no ayuda en nada. Uno puede darse por bien agradecido cuando, en esos cursos exprés podemos aclararles las dudas que traen de sus escuelas.

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  3. Tengo casi 10 años de coordinar y dirigir una de esas instituciones que preparan a los aspirantes a ingreso al bachillerato (soy historiadora). Tienes toda la razón en tu artículo.
    Lo que pasa es que si uno trata de enseñarles como dices tú: historia cultural, procesos completos, etc. no tienes tiempo. El tiempo asignado para dar todos esos temas de historia universal que mencionas es de ¡¡¡10 horas!!!!! Y en efecto, el examen COMIPEMS no evalúa conocimientos ni aprendizaje, evalúa memorización.

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    1. Gracias por tu comentario. En efecto, se trata de memorizar, no comprender. Lo que debemos preguntarnos como historiadores es si, en determinado tiempo, cómo afectará en los alumnos su visión en torno a la historia, y qué tanto estamos afectando, o dejamos que afecte, a la ciencia de Clío. Saludos.

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