por Israel Vargas Vázquez *

El 15 de mayo pasado se celebró nuevamente el día del maestro y no faltaron las felicitaciones y críticas hacia el magisterio docente —que día con día ve más lejana la oportunidad de ser considerado como un elemento clave del país y que merece todo el apoyo posible y la protección ante los ambiciosos poderes de facto.

En su mensaje de felicitación a los profesores de la UNAM, el rector José Narro Robles declaró que la grandeza de la institución descansa tanto en sus docentes como en sus egresados (potenciales maestros). “Sólo un día al año los celebramos, pero toda la vida los recordamos.” ¿Será así? Al rector sólo lo han calificado tres de sus alumnos en la famosa pagina Misprofesores.com que, aunque no es índice confiable, es cada vez más visitado por los alumnos que buscan referencias antes de inscribirse a un curso (aquí su puntaje). A Juan Ramón de la Fuente sólo uno lo recuerda en la misma página.

Sin embargo, no me quiero detener aquí sino poner en evidencia algo cuestionable de las palabras del rector: “La educación representa el pase al porvenir, la fórmula para despertar y dar forma a las ilusiones el medio para construir y realizar nuestras utopías.” Yo pregunto cómo o es posible esto. Si nos atenemos al rubro del conocimiento histórico, resulta ser muchas cosas antes que un pase al porvenir.

Pensando en el nivel medio superior, sé que hay honrosas excepciones donde los profesores logran hacer que los alumnos aprendan a aprender y se interesen en el conocimiento más allá del aula, apropiándose del mismo y dándole un carácter valioso que lo vuelve parte de su vida. Pero lamentablemente las aulas no son el fuerte de los profesores. Es difícil encontrar personas especializadas tanto en su disciplina como psicopedagogía y didáctica que se desempeñen en el ejercicio de enseñanza aprendizaje. Siempre encontramos historias que justifican su presencia ante los alumnos como “doy clases en lo que encuentro algo mejor”, “no tuve de otra”, “no tengo promedio para la maestría”, entre otras. Esto afecta a los alumnos, la academia y la institución, porque su empeño va a menos conforme avanza el semestre escolar y los años que va sumando.

Patricia Galeana (quien tampoco goza de buena fama como profesora) creyó encontrar el hilo negro al proponer actividades como un coloquio sobre el sitio de Puebla de 1863 como una solución al fracaso de la enseñanza de la historia. Declaró que el fallo en la materia de historia se debe a los profesores: “los maestros no logran, tal vez, enseñar con la suficiente didáctica, la vinculación que hay de este pasado con el tiempo presente”. Le haría la misma pregunta que al rector: ¿cuál es la suficiente didáctica?, ¿hay didáctica en la clase?, ¿su clase es didáctica?

El INEHRM que ella dirige busca dar cursos de actualización para maestros en colaboración con la SEP. El ejemplo que ella pone es el video de una conferencia de Álvaro Matute sobre Álvaro Obregón. ¿Qué tiene de didáctico un video? No digo que no sea útil, pero la enseñanza de la historia no debe basarse ni partir de las actividades para el aula sino de los propósitos, objetivos o como quieran llamársele, y sobre todo de los alumnos, no de los contenidos ni de las actividades de clase. ¿Por qué siempre que se plantea una clase empezamos por lo último y no por el principio? Para enseñar historia hay un sinfín de actividades; el problema es creer que éstas son estrategias de enseñanza. Peor aún, a menudo las actividades terminan por no conectarse con los objetivos planteados.

José Narro y Patricia Galeana, en la inauguración del Museo de la Mujer, en 2011.
José Narro y Patricia Galeana, en la inauguración del Museo de la Mujer, en 2011.

No niego que los esfuerzos para rediseñar la enseñanza de la historia sean en vano, pero no hay un consenso social ni académico que nos permita avanzar en un rumbo plural donde nos demos espacio para proponer, experimentar y traer resultados. Por la ausencia de esto, cualquier persona con poder o una dirección termina imponiendo lo que cree que es la mejor forma de enseñar.

Dentro de los factores que hacen de la educación en Finlandia la número uno de Europa está el hecho de que sólo los mejores profesionistas son encargados de la educación de los niños y jóvenes. (Aquí una nota del ABC de Madrid al respecto). ¿Cuándo vamos a ver a los investigadores del INEHRM, o de los demás institutos de investigación histórica del país, a cargo de lo que los finlandeses consideran “el tesoro de la nación”, es decir, los niños de educación básica y jóvenes de media superior? La respuesta es simple, nunca ¿Por qué no da prestigio? No sólo eso; simplemente no da puntos.

Cuando no tenemos una preparación psicopedagógica, didáctica, disciplinaria y emocional, los profesores terminamos enseñando como nos enseñaron y creyendo que ésa es la mejor manera de aprender. Es así como nuestros profesores se vuelven modelos que consciente o inconscientemente repetimos con su forma de actuar, enseñar y, lo peor, evaluar. Por lo tanto, pregunto a José Narro y a Patricia Galena: ¿no han contribuido ustedes al fracaso de la enseñanza con su forma de enseñar? ¿Cuántos clones de Narro y Galeana ahora son profesores de asignatura? Lo siento; pero una palabra suya no bastara para sanar el alma de la educación.

3 Comments

  1. He estado en clase de verdaderos profesores (vacas sagradas), como Alfredo López Austin o Ernesto Priani Saizó y no solo imparten con efectividad y didáctica sus sesiones sino que se integran a sus alumnos de manera franca y cordial. De la Galena en su curso de Historia de las Mujeres puedo decir que es solemnísima y aburridísima en la que fueron notorias sus ausencias dejando sustitutas que la cubrieran. Y esta es la didáctica que pregona con su ejemplo.

    Me gusta

    1. Así es amigo, cuando no tenemos otra forma de enseñar copiamos la forma en que los profesores nos enseñaron y nos convencemos que si nosotros “aprendimos” no hay porque cambiar. Sé que el post anterior trata sobre la misma cuestión aunque con otro enfoque, si hubiera tenido conocimiento de que tocarían el tema entonces hubiera escrito otra entrada, lo bueno es que el hecho no quedo sin tocarse. Muchas gracias.

      Me gusta

  2. Muchos maestros lo son por vocación y, cada vez más, los hay que entienden que además del conocimiento y de las técnicas pedagógicas se requiere del desarrollo de una inteligencia emocional.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s