Satélites del mundo (socialista)

por Luis Sandoval Salazar *

Glasnost, perestroika, sputnik, politburó, nomenklatura, komsomol, apparatchik y PCUS son algunos de los términos que durante más de cuatro décadas (de confrontación ideológica) estuvieron en constante uso y que hoy en día cada vez menos personas logran identificar. Vestigio de un mundo bipolar, este léxico, que obsesionó a internacionalistas y diplomáticos durante tantas décadas (al grado de constituir la categoría de “sovietólogos”), hoy en día podría ser considerado como un objeto de estudio histórico.

Si bien el nombre Sputnik (“satélite” en ruso) quedó inmortalizado al ser atribuido al primer satélite artificial lanzado por la Unión Soviética (y por la humanidad) el 4 de octubre de 1957, también debería de ser recordado por ser el título de una revista mensual de “selecciones de la prensa soviética” —la contraparte detrás del muro del Reader’s Digest estadounidense—, de amplia divulgación y presencia internacional (aparecía en español, alemán, checo, francés, húngaro y ruso). Como no era una revista especializada en una disciplina específica, trataba un amplio abanico de temas: política e historia internacionales, música, literatura y acontecer soviéticos (destacando sobre todo los logros científicos), e incluso llegó a tener apartados de gastronomía y de ajedrez.

Al igual que la publicación actual China Hoy, Sputnik era uno de los medios con los que contaba la Unión Soviética para ejercer su soft power  a nivel internacional (el otro era Radio Moscú). Evidentemente gozaba de un público que simpatizaba con la orientación política del “bloque socialista”, pero ello no implicaba una merma en la calidad de la revista. Una revisión de los temas que abordaba muestra lo interesante que puede resultar como fuente primaria no solamente en estudios de la sociedad soviética sino de la “guerra fría” en sí.

Sputnik: Selecciones de la Prensa Soviética

“Sputnik: Selecciones de la Prensa Soviética.”

Por ejemplo, el número de agosto de 1982 contiene un interesante artículo titulado “Contra la verdad y la memoria”, que es un ataque desde la ortodoxia del Partido Comunista de la Unión Soviética contra el “revisionismo” en el que estaba incurriendo el Partido Comunista Italiano. Dicho revisionismo implicaba culpar al “modelo soviético de socialismo” de la crisis económica de Polonia de 1981. En ese mismo número hay otro artículo titulado “La clandestinidad rusa: Cómo se hace pasar a delincuentes por ‘cautivos de conciencia’ ”, cuyo título es más que explicativo de su contenido.

Este número refleja muy bien el pensamiento de la dirigencia soviética antes de la llegada de Mikhail Gorbachov al Kremlin, y su drástico golpe de timón ideológico. Para 1987, el cambio de orientación y el nuevo matiz ideológico eran ya evidentes; en su número de junio, por ejemplo, no hay textos que busquen una confrontación ideológica, aunque el artículo “El presupuesto de los Fedosov” recuerda muy bien que la publicación tenía como objetivo promover los logros sociales del sistema soviético. Frente al American way of life, y las “grandes oportunidades” que supuestamente representaba una sociedad capitalista “meritocrática”, se exponía el caso de una familia de clase media moscovita que lograba una vida bastante cómoda aunque sin grandes lujos.

Por su parte, el ejemplar de agosto de 1989 representa un enorme cambio en los temas abordados y es un fiel reflejo del proceso de introspección y crítica en el que se encontraba envuelta la Unión Soviética y el mundo socialista. Si bien se trata de un ejemplar que se publicó el mismo mes en que cayó el muro de Berlín, hace omisión de la efervescencia política en la que se encontraba inmersa Europa oriental, peculiarmente Polonia con  Lech Wałęsa y su movimiento “Solidaridad”. Dos artículos de la revista resultan sumamente impactantes y habrían sido absolutamente inconcebibles tan sólo un lustro antes: “¡No vivir en la mentira!”, escrito por el otrora satanizado Alexandr Solzhenitsin, y otro titulado “Los veteranos de Afganistán en su patria”, un artículo que aborda los traumas y el recibimiento de los soldados soviéticos que lucharon en Afganistán. Cabe recordar que solamente le quedaban tres años a esta publicación, que perdería razón de ser después del colapso de la Unión Soviética y el nacimiento de la Comunidad de Estados Independientes.

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