La, la, la en catalán

por Bernardo Ibarrola *

[T]odo en la vida es como una canción / que cantas cuando naces y también en el adiós — Manuel de la Carva y Ramón Arcusa

En 1968, España resultó vencedora del festival de Eurovisión. Transmitido simultáneamente por una cincuentena de canales de televisión del Viejo Continente, Massiel obtuvo el primer lugar cantando “La, la, la”, de Manuel de la Calva y Ramón Arcusa. Pero la victoria de la joven actriz e interprete fue empañada por el escándalo de su designación para representar a España. Pocos días antes, en efecto, el primer seleccionado por Televisión Española, un tal Joan Manuel Serrat, fue sustituido ante su determinación de cantar la anodina y pegajosa canción en catalán, su lengua materna.

Esta decisión le costó al cantante de 25 años algunos abucheos, un boicot informal en las emisoras de radio y tiendas de discos y, sobre todo, un veto en la televisión de su país que duró hasta después de la muerte de Franco, en 1975. Como resultado de lo anterior, Serrat inició su carrera latinoamericana y se convirtió en una de las referencias del movimiento de reivindicación de la cultura catalana y, por extensión, de las demás lenguas y culturas subordinadas de España.

El joven Joan Manuel Serrat.

El joven Joan Manuel Serrat.

Hace dos días, Alfred Bosch, Teresa Jordà y Joan Tardà, diputados de Esquerra Republicana de Catalunya, fueron expulsados de la tribuna del Congreso de los Diputados por  hablar en catalán. Conocedores del reglamento parlamentario de un país que se asume plurilingüístico, saben que lo más fácil para que todos los representantes se entiendan ahí es hablar castellano, y su desacato es por ello un acto que se quiere simbólicamente significativo: la protesta por la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que obliga al gobierno de esa comunidad autónoma a impartir clases en castellano si un alumno lo pide. Para los republicanos de izquierda catalanes eso es inaceptable:  “entendemos que un solo diputado que exija en esta cámara un cambio de lengua al catalán obliga también a cambiar de idioma a la  cámara entera, así que con la venia, voy a hablar en catalán”, declaró Tardà.  (Aquí está una nota de El País al respecto.)

Cuarenta y cinco años después del gesto de Serrat en Eurovisión, estos diputados catalanes le dieron la vuelta a la tortilla y pusieron en evidencian que su nacionalismo comparte algunas raíces con el nacionalismo españolista que sus padres —no ellos— combatieron y derrotaron: ambos establecen una correspondencia perfecta entre lengua y nación; ambos aspiran a que se establezca una correspondencia perfecta entre nación y estado.

Para Franco, la hegemonía de la lengua española era la primera línea de defensa del estado español ante las supuestas amenazas regionalistas; para estos diputados, el monolingüismo catalán en Cataluña acaso sea un valuarte estratégico hacia la creación de un Estado catalán independiente. Ahora ellos están dispuestos a escamotear a los niños catalanes de hoy lo que durante medio milenio ha sido costumbre y marca de identidad: su  útil, enriquecedor y libertario bilingüismo. Ojalá que en el futuro ellos puedan decir lo que el viejo Serrat declaró en 2006: “yo prefiero cantar en el idioma que me prohíben.” Pero para ejercer ese tipo de libertad es menester, claro, hablar más de un idioma…

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