por Dalia Argüello *

Hace unos meses, mientras gestábamos la idea de agruparnos en una asociación civil de historiadorxs y demás interesadxs, veíamos la necesidad de unir voces y esfuerzos analíticos en torno de asuntos relacionados con el conocimiento del pasado, la memoria colectiva y el patrimonio. En alguna de esas reuniones preparatorias surgió un tema que en estos días ha reaparecido en los medios y que justifica la preocupación que en aquellos días externaran algunxs de lxs asistentes.

Hace unos días, el congreso del estado de Puebla aprobó el decreto para la construcción del Museo Internacional Barroco,, que será un complemento al “Eco parque metropolitano”, ubicado en la Reserva Territorial de Atlixcáyotl en San Andrés Cholula. El decreto legislativo autoriza el esquema de financiamiento de asociación pública-privada denominado Proyectos para Prestación de Servicios, que ahora es frecuentemente utilizado por los gobiernos para financiar obras de infraestructura a largo plazo. De un total de mil 390 millones de pesos en que se ha calculado el costo total de la obra, el gobierno del estado invertirá 650 millones de pesos, contratando una deuda pública para los próximos veinte años. Por otro lado, se ha dado a conocer, que Toyo Ito, premio Pritzker 2013, será el encargado del diseño del museo, lo que le añadirá valor a la obra que pretende ser uno de los atractivos turísticos más importantes a nivel nacional.

Santa María Tonanzintla
Santa María Tonanzintla

La inminente construcción de un museo que pretende reunir las producciones más relevantes del barroco y neo barroco de México y el mundo nos recuerda la importancia de que lxs historiadorxs tengamos una voz crítica frente a la forma como se gestiona el patrimonio cultural del país, y nos hace pensar en lo necesario que sería la participación ciudadana informada en la toma de decisiones acerca del manejo de los recursos. Pero también, recordando las interrogantes que en aquella ocasión nos reunían y han sido preocupación constante a lo largo de estos meses, resurge la duda de cuáles son los criterios de la política cultural actual para decidir qué aspectos se promueven y difunden.

En este caso específico, me pregunto, ¿será que los funcionarios de Educación y Cultura, se dieron a la tarea de recorrer la oferta museística de su estado, para percibir la pertinencia de este nuevo museo? ¿Existirá una visión integral y de largo plazo que vincule educación, cultura y patrimonio para enfrentar el rezago en el estado de Puebla dónde, por cierto, uno de cada diez habitantes es analfabeta y sólo 33 de cada cien tiene estudios de nivel superior —todo esto de acuerdo con cifras oficiales que se pueden consultar aquí.

Cuando el turismo es visto sólo como una fuente de ingresos, los museos se convierten en un establecimiento mercantil más y, por lo tanto, las colecciones se entienden como mercantilizadas y listas para convertirse en souvenir. El peligro de esto es que, así como en el Gran Museo Maya, recientemente inaugurado en Mérida, los visitantes pueden tener una gran experiencia por los amplios espacios, el diseño arquitectónico de vanguardia (Premio Iberoamericano CIDI-Obra Emblemática de 2013, en la categoría de cultura) y por los recursos multimedia innovadores… pero con la misma idea acerca del pasado prehispánico, como antecedente lejano y glorioso de la historia de México.

Sería lamentable que, al saber más acerca del barroco, los espectadores no cuestionen su idea de historia progresiva y lineal. Así mismo, si el discurso se banaliza y el análisis se hace superficial, tanto los mayas como lo barroco podrán resultar aspectos exóticos del pasado o curiosidades dignas de unas buenas vacaciones, pero poco ayudarán, aún con todo el dinero invertido en estos grandes museos, para la formación ciudadana —esa ciudadanía responsable que se basa en el diálogo, el respeto al otro, la opinión argumentada, la comprensión compleja de la realidad y, sobre todo, la construcción de futuros más equitativos, que tanta falta hace.

1 Comment

  1. He seguido con enorme interés los diversos artículos que en esta pagina han aparecido y que religiosamente me llegan. En general todos han sido consistentes y fuera de una que otra comilla sin importancia su redacción, impecable. Sin embargo, para este artículo no me pude sustraer a la tentación de enviarles una nota aclaratoria que por lo demás, en su sección de “comentarios” no pude insertar. Es evidente que hay una mala lectura de a información o un gazapo en la redacción al momento de señalar que:  “uno de cada diez habitantes es analfabeta y sólo 33 de cada cien tiene estudios de nivel superior”. La conclusión sería que si el 10% es analfabeta y el 33% tiene estudios de nivel superior, entonces un 23% tiene estudios de nivel superior y es analfabeta. ¿?. Si esto es así, solo sería posible en nuestro México con tan pésima educación que hasta los profesionistas son analfabetas.

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