También la historia es un pájaro rebelde

por Israel Vargas Vázquez *

La Ópera de Bellas Artes presentó este marzo Carmen, de Georges Bizet, para muchos una magna obra de este arte que conjuga voz, danza y actuación. Estrenada en París en 1875 y en México seis años después, ha sido una especialidad de la compañía en su largo historial de presentaciones. Esta vez el director concertador fue Sbra Dinic, la puesta en escena corrió a cargo de Marcelo Lombardero, el diseño escenográfico fue de Diego Siliano, y Luciana Gutman estuvo a cargo del diseño de vestuario, que sorprendieron al público conocedor al situar completamente la obra en un contexto actual.

La anécdota de Carmen puede resumirse como una historia de amor entre la protagonista y su amante José, de profesión militar. La gitana va coleccionando amantes donde quiera que pisa y José no fue la excepción, al grado tal que deserta del ejército español para seguir a su amada junto a una compañía de contrabandistas que planean huir de Sevilla con sus mercancías.

La obra, que ocurre en un contexto andaluz del siglo XIX, donde dragones, gitanos y trabajadores comparten un mismo espacio, se vio trasgredida y montada en un contexto fácilmente reconocible como latinoamericano. La compañía productora Buenos Aires Lírica, de Bertha Coutiño y el mismo Lombardero, la presentó con este estilo hace un par de años en Argentina. Ahora en México, el escenario sufrió un upgrade geográfico, con unas consecuencias que al público conocedor nos pareció insultante pero para el asistente neófito le pareció rotundamente familiar.

Le cirque est plein de sang!

Le cirque est plein de sang!

Los estereotipos de la sociedad mexicana se hicieron presentes con dragones sustituidos por militares vigilantes de las calles, gitanos sustituidos por pandillas dedicadas al graffiti, baile break dance y tráfico de mercancías (que no droga, cabe aclarar que esta asociación corrió por parte del auditorio) y bandos armados con pistolas automáticas. Por si eso fuera poco, como fondo de escenario un paisaje de los montes y cerros cubiertos de desorden urbano que fácilmente pueden pasar por la imagen de Ecatepec y Iztapalapa. La taberna de Lillas Pastia, refugio de gitanos, se convirtió en un dance club (muy al estilo de una telenovela) y un torero con un traje blanco de norteño, botas y sombrero (hágame usted el favor), con dos guardaespaldas que le hacían parecer jefe del narcotráfico.

Me concentraré en tres momentos de la obra. El primero fue el asesinato del teniente Zúñiga a manos de José, quien, recién tomada la decisión de desertar del ejercito y seguir el camino del contrabando, sin dudar da un tiro de gracia a su ex jefe enfrente de todo el público del dance club (el gobierno no gana la guerra contra el crimen ni en el escenario). Cualquier coincidencia con algún rito de iniciación del grupo armado es pura coincidencia. El segundo momento fue cuando los asistentes a la Maestranza de Sevilla describen cantando la corrida de toros, sus tiempos y sus hazañas, mientras en una malla transparente —entre el público y el coro— se proyectaban escenas de una corrida de toros, pero al momento de su crescendo vocal la proyección cambio el tema y rostros de mujeres aparecieron uno por uno evidenciando un maltrato o, mejor dicho, representando violencia contra la mujer, repitiéndose bastante y multiplicándose en pequeños recuadros.

El tercer momento —y puede usted, querido lector, no leerlo, porque relato el final de la obra— sucede cuando José, afectado emocionalmente, decide matar a Carmen después de una discusión. En el libreto original lo hace frente al público transeúnte, pero en esta ocasión el crimen sucede sin testigos en un callejón sucio y solitario, detrás de la plaza de toros, empujando y levantando a la gitana contra la pared, cual si la violara en el mismo momento en que la apuñala con una navaja.

Estos tres momentos son muy significativos del mensaje que los productores Coutiño y Lombardero querían presentar. Más allá de lo atractivo que pudo ser para el público asistente, que en vez de perderse en un lejano contexto español pudo relacionarlo con el contexto mexicano con el tema de la confrontación entre militares y maleantes, el machismo extremo y la violencia contra la mujer, este upgrade participó como mediador entre la mentalidad del siglo XXI con la del siglo XIX, insertando temas y escenarios actuales para su reflexión y comprensión.

A esto nos enfrentamos los historiadores a la hora de enseñar a un grupo de alumnos desconocedores de la construcción de los contextos históricos, que les son ajenos y poco pueden relacionar con el propio, además de sólo consumir historia a través de los medios que les son cotidianos. Es lamentable que lo único que sepan del imperio romano sea a través de serie Spartacus: Blood and Sand, y de los griegos sólo la película 300, de Zack Snyder, o, viniendo más a la actualidad, que sepan de la historia de Estados Unidos sólo lo que The Simpson retoman.

Las estrategias de enseñanza deberían funcionar como estos mediadores entre contextos actuales y pretéritos, estableciendo relaciones presente-pasado y utilizando temas para la reflexión y crítica de problemas presentes como lo hace la puesta en escena Carmen. Sin estos intentos que por momentos parecen ser sacrílegos en la academia, poco podemos decir de nosotros y de nuestro contexto hacia los estudiantes que confunden el entretenimiento con el conocimiento, y que poco les ayuda a descifrar su realidad —mucho menos para encontrar soluciones.

Una respuesta a “También la historia es un pájaro rebelde

  1. Creo que no opera este comentario. La Opera es una expresión del arte mientras la historia es otra disciplina con otros rigores. Véanse las respresenataciones de otros países, para no ir muy lejos las que se ven en el Metropolitan House que se transmiten en el Auditorio Nacional algunos sábados de cada mes. La autora de este comentario se escandalizaría por algunas operas de corte histórico baju su óptica. Si se quiere estar más cera, “Carmen” se presentó en el Politécnico el año pasado en que el torero era un jugador de futbol americano y la muerte de ella ocurre afuera del estadio de ciudad universitaria. Si se quiere ir más lejos véanse las representaciones de Mak the Knife en Alemania.
    En fin, suele ocurrir.

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