por Dalia Argüello *

La operación de la llamada “Cruzada nacional contra el hambre” aún no es muy clara, pero está en marcha. La titular de Sedesol ha anunciado la participación de organismos no gubernamentales y asociaciones civiles, entre las que se encuentran grupos como Pro Zona Mazahua, Fundación Azteca, The Hunger Project, Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural y Un kilo de Ayuda. (Aquí está el comunicado oficial.)

Llama la atención el perfil de estas organizaciones. A través de algunas de sus acciones y propuestas podemos darnos una idea de la orientación que tendrá la “cruzada”. Desde la visión modernizadora que bien ha descrito en este mismo espacio Fernando Pérez Montesinos, el objetivo que fundamenta su labor parece ser ir a dar a los que no tienen, enseñar a los que no saben y corregir a quienes van por el camino equivocado.

Hasta donde se puede ver en este momento, hay un desconocimiento o un desinterés por la defensa y promoción de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades. El gobierno federal impulsa una visión de desarrollo social donde poco se toma en cuenta la riqueza y potencial de los pueblos para generar sus propias alternativas. El problema alimentario se ha vuelto un asunto de producción y abasto, manipulable mediática y electoralmente.

En contraste, existen organizaciones que están impulsando una visión de agricultura sustentable que busca no sólo la producción de alimentos sino, la organización por la seguridad y soberanía alimentaria de las comunidades. La agricultura sustentable involucra la participación de las mujeres en la toma de decisiones a diferentes niveles (doméstico, de grupo y regional), y en el acceso y control de los recursos. Implica el manejo ecológico del suelo, es decir la diversificación de la producción en cultivos mixtos (o cambio de cultivos durante varios años), la reforestación de áreas que no son aptas para la agricultura y el control natural y biológico de plagas y enfermedades.

En este mismo sentido, la agricultura sustentable es parte de toda una gama de opciones que por todo el país están buscando mejorar las condiciones de vida y trabajo partiendo del resguardo de valores culturales y simbólicos, el respeto al medio ambiente y la protección a los recursos naturales, que en conjunto dan cohesión y sentido a la vida en comunidad.

En diferentes zonas rurales e indígenas se realizan capacitaciones para el manejo de recursos y están operando radios comunitarias, ferias campesinas locales, estatales y regionales donde se intercambien semillas, experiencias y conocimiento para su conservación y uso. Existen también proyectos educativos para preservar las lenguas, así como policías comunitarias y muchas otras opciones de producción y consumo alternativo.

Sin embargo, de estos esfuerzos locales poco se habla; a los pequeños grupos de campesinos organizados no se les está invitando a la “cruzada”. Por el contrario, hay una larga lista de represión a grupos autónomos, indígenas y ambientalistas, y otra igual de larga de macro proyectos estatales (presas, autopistas, minas, explotación forestal) que están desplazando a los pequeños propietarios.

Los maderos de
Los maderos de Zacacuautla.

Hoy, en una pequeña comunidad de Hidalgo, algunos habitantes que están defendiendo sus bosques de la tala clandestina enfrentan procesos penales y ordenes de aprensión (algunas de sus voces pueden leerse aquí). Esta situación en Zacacuautla se suma a las de Wirikuta, Huexca, Tetlama, Cherán, Montes Azules, Mazunte, Tepoztlán, Atenco, Hopelchén, Xochicalco, Manzanillo, Temaca y muchísimas otras donde los megaproyectos han causado violaciones a derechos humanos y daños ambientales en México. (Una muy completa investigación del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez puede “descargarse” aquí.)

Desde la labor historiográfica, resulta al menos saludable estar al tanto de estas experiencias cotidianas. De otra manera, ¿cómo sería posible tomar una postura ante acciones gubernamentales si no se conocen las experiencias alternativas que construyen los mismos habitantes para buscar la autosuficiencia y seguridad alimentaria y la protección del medio ambiente? ¿Cómo podríamos interpretar la emergencia de más movimientos locales y organizaciones sociales si no indagamos sobre las formas y usos de la memoria colectiva, de los procesos de creación y recreación de identidades, y los elementos simbólicos y religiosos que fundamenta la existencia de los pueblos?

* Maestría en Docencia para la Educación Media Superior, UNAM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s