Grandes hombres y mujeres de segunda

por Aurora Vázquez Flores *

Como parte de un extraño culto por la muerte, el gobierno federal decidió conmemorar el bicentenario de la independencia con la exhumación y exposición pública de los huesos —que, se supone, pertenecían a algunxs héroes de la patria— depositados en la columna de la Independencia.

El despliegue conmemorativo sobre los restos incluía su controvertido desfile por la ciudad de México, su exposición en el Palacio Nacional y el análisis y trabajos de conservación por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Sólo posteriormente lxs mexicanxs pudimos saber que dichos estudios no tuvieron el propósito de identificar a plenitud a lxs héroes —según dicen los informes entregados por el INAH a Reforma y La Jornada en diciembre y enero—. Lo que sí se dijo es que se podrían establecer características de edad, estatura, sexo y caracteres etnogenéticos, así como variantes anatómicas, y que el conjunto de los trabajos del laboratorio del INAH en el castillo de Chapultepec no llevaría más de tres meses.

La polémica en torno de la utilidad social de esta forma de conmemoración ha sido amplia. Quienes defienden el programa llevado en torno a los huesos, como Carlos Herrejón Peredo, señalan que su estudio puede “desterrar sombras sobre el traslado de los huesos a la columna de la Independencia”, así como “determinar enfermedades, heridas y una serie de cosas útiles para la biografía de los personajes” (la entrevista puede verse aquí).

Este tipo de investigaciones son provechosas si se tiene el deseo de continuar con una historia hecha por los grandes hombres: una forma de historia que obvia complejos procesos sociales y la participación política de aquellxs que no relucen en las cúpulas gubernamentales o económicas, que invisibiliza a la mujer o la mete en esquemas de participación masculina; en fin, que busca la homogeneización de las diferencias y la estandarización de los valores.

Para que no se olviden

Para que no se olviden

El pasado 15 de enero, tras enterrar a Beatriz Alejandra Hernández Trejo —desaparecida en abril de 2010—, el Comité de Madres y Familiares con Hijas Desaparecidas comenzó una larga caminata entre Ciudad Juárez y Chihuahua para exigir una audiencia pública con el gobernador del estado: 375 kilómetros recorridos por historias de angustia y frustración, resultado del ser víctimas dos veces —víctimas de la violencia y víctimas del un estado que lxs ignora.

Lxs caminantes (cuyo pliego petitorio puede verse aquí) exigen, primordialmente, la entrega inmediata de los restos óseos que se encuentran en el Servicio Médico Forense de la ciudad fronteriza, así como explicaciones claras respecto de los segundos dictámenes de ADN que se han solicitado a expertxs como el Equipo Argentino de Antropología Forense. Casos como el de Idalí Juache Laguna, desaparecida el 23 de febrero de 2009 a los 19 años de edad, evidencian la ineptitud del estado mexicano, pues la madre de esta desaparecida lleva 9 meses preguntándose, ante la falta de certeza, si los restos de cráneo que las autoridades quisieron entregarle son de su hija o no. La duda es lo terrible, asegura.

Millones de pesos fueron gastados en los festejos del bicentenario. Parte de este presupuesto fue gastado en estudios a los huesos de grandes hombres mientras los restos de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez no pueden ser identificados certeramente. Esa visión que el estado mantiene sobre una historia masculina y excluyente tiene un referente inmediato en las actitudes machistas y la falta de interés por los problemas de mujeres que no aparecen en los periódicos todos los días. No es una cuestión menor.

Pero tampoco se trata, como propuso Bernardo Ibarrola este mismo espacio, de construir un Osario Nacional para depositar los huesos de los héroes. Mientras permitamos que el estado promueva y difunda una idea de historia basada en la falta de vínculo con el presente seguiremos haciendo desfiles para los restos de grandes hombres mientras mujeres que desaparecen y son asesinadas en Ciudad Juárez, y otras partes del país, son tratadas como de segunda.

* Facultad de Filosofía y Letras, UNAM — Institut d’Études Politiques, Rennes

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