por Humberto Musacchio

En la compilación semanal núm. 20 de El Presente del Pasado aparece el artículo “De los falsarios en historia”, de mi admirado Pedro Salmerón Sanginés (publicado en este sitio el primero de febrero), en el que aconseja no juzgar el pretérito desde los criterios del presente, lo que me parece es muy útil en muchos casos, pero no en todos, pues las herramientas de análisis y de juicio son las de hoy, aunque en ocasiones resulten tan viejas como los hechos que analizamos y juzgamos. Es obvio que debemos intentar situarnos en el contexto mismo de los sucesos históricos, lo que ayuda y hasta puede ser determinante para comprenderlos, pero, a fin de cuentas, ¿con qué otra visión que no sea la del presente podemos encarar los hechos de ayer?

Lo anterior no es mera especulación, sino que hay razones prácticas para planteárnoslo. Por ejemplo, Salmerón Sanginés emplea el adjetivo “presunta” para referirse a la barbarie de los conquistadores españoles y agrega que esa barbarie sólo es tal “juzgada desde el presente”. Como los actos bárbaros con fines de conquista se siguen repitiendo tercamente en todo el mundo, pregunto qué nombre le pondremos a las matanzas, la tortura, las violaciones y todo lo que acompaña las guerras de conquista. En lo que se refiere a los hechos del siglo XVI, creo que sí era barbarie el aperrear a los vencidos, marcarlos con hierro al rojo vivo, someterlos a trabajos forzados hasta la muerte por agotamiento, ejercer la violencia sexual contra los vencidos —especialmente contra sus mujeres, aunque también podían hacerlo con los hombres—, destruir sus manuscritos, sus templos, sus pinturas y esculturas, su música y muchas cosas más. Lo anterior, por supuesto, no significa que me interese revivir “la dicotomía hispanismo-indigenismo”, que todavía encuentra apóstoles.

Más adelante, Pedro demanda admirar lo mismo a Juárez y Zaragoza que a Miramón y Maximiliano. ¿Sí? ¿A Miramón, que se puso al servicio de una potencia extranjera; a Maximiliano, que fue causa de tanta muerte y sufrimiento de los mexicanos de su tiempo y de una tremenda destrucción a lo largo y ancho del país? No se trata de odiarlos, pero sí de poner a cada quien en su sitio. Juárez, Ocampo, Zarco, Ramírez, Arriaga, Zaragoza y muchos más contribuyeron a preservar eso que entendemos como patria, el espacio común que han construido muchas generaciones de mexicanos con su imaginación, su inteligencia, su trabajo y su sangre. Por eso son próceres, por eso nuestros niños crecen con su ejemplo y los adultos —la mayoría— guardamos hacia ellos respeto y admiración. Hay personajes que están esperando su revaloración histórica, pero con “ejemplos” como los de Santa Anna, Miramón o Victoriano Huerta no se construye identidad, porque ésta es una difícil, compleja, dolorosa y necesaria construcción que necesita de los más altos ejemplos de dignidad, amor y respeto por lo propio, por lo que aspiramos a ser.

Salmerón Sanginés sitúa a Lorenzo de Zavala, una de las mayores inteligencias de los primeros años del México independiente, entre los personajes “difícilmente rescatables”, con lo cual juzga el pretérito “desde los criterios del presente”. La historiografía oficial tacha a Zavala de traidor porque el romper los centralistas el pacto federal por la fuerza, el yucateco se fue a Texas y se convirtió en vicepresidente de ese estado que se independizó de México y se convirtió en un país de existencia efímera, pues pronto pasó a ser una estrella más de la bandera gringa. Lo que hizo Zavala fue llevar al extremo su convicción en pro del federalismo, asentado en la constitución de 1824 y destruido por un golpe de estado de la derecha de entonces. El suyo es un caso de consecuencia extrema, y de los nefastos resultados no es más culpable que el bando golpista de Bustamante y Alamán.

Lorenzo de Zavala
Lorenzo de Zavala

En fin, creo, con Pedro Salmerón Sanginés, que la discusión respetuosa, sin mentiras ni fanatismos nos enriquece y eleva nuestra conciencia histórica. Por eso celebro la existencia de El Presente del Pasado.

4 Comments

  1. Estoy totalmente de acuerdo en que la historia ponga a cada quien en su lugar pero viendo todos los puntos de cada personaje porque ninguno fue totalmente blanco ni negro. Volviendo al ejemplo de Maximiliano, si bien causó la muerte de muchos mexicanos de su tiempo, también hizo mucho por otros, empezando por los indígenas, por quienes hizo varias cosas al grado que estos lo llegaron a tener en gran estima, y así nos podemos seguir con todos los demás.

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  2. Estoy de acuerdo con lo que dices Monse, pero en el caso de Maximiliano ¿No te parece que lo aue mencionas era una forma de legitimación de sus verdaderas intenciones? En la historia, e eres más blanco o eres más negro, nunca te quedas enmedio.

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