por Luis Sandoval Salazar *

Los sucesos del primero de diciembre en la ciudad de México no solamente desataron una acalorada discusión política; también suscitaron una ola de comparaciones con los numerosos movimientos ciudadanos que han sacudido Medio Oriente y Europa Occidental. Si bien tiende a pensarse que estos fenómenos pertenecen al campo de estudio de la ciencia política, la sociología o la economía, es innegable que la disciplina histórica ofrece una herramienta muy valiosa para su análisis y comprensión. Desafortunadamente, la “historia contemporánea” sigue siendo estigmatizada en el quehacer histórico, que tiende a analizar estos sucesos desde una lejana retrospectiva, muchas veces excusándose en la búsqueda de la  “objetividad”.

No hay ningún parámetro claro y consensuado respecto a cuánto tiempo es necesario que transcurra para que un suceso pueda ser descrito en un libro de historia. Pero como la “historia oficial” impulsada desde el estado se escribe conforme a sus intereses y sin tomar en cuenta ninguna limitación temporal, no debería haber una objeción autoimpuesta por parte de los estudiosos de la historia para ocuparse de la historia reciente. Hay demasiados ejemplos acerca de debates historiográficos que no han quedado resueltos con el transcurso del tiempo y que actualmente siguen causando importantes fricciones diplomáticas.

Nanking, 1937
Nanking, 1937

Es el caso de la masacre de Nankín (o Nanjing) del 13 de diciembre de 1937: sigue sin haber comparación entre las versiones de Japón y de China respecto a la escala y horror del acontecimiento. De igual manera, existe una abismal diferencia en cuanto a la percepción de las “mujeres de confort” (esclavitud sexual concebida por el ejército japonés durante la segunda guerra mundial) entre Seúl y Tokio. Lo mismo puede decirse respecto del holocausto armenio, que sigue siendo resueltamente negado por Turquía (con la cínica colaboración de Israel).

Después de cualquier acontecimiento que implique una “fractura social” o “colapso ideológico” se suscitan importantes y minuciosas revisiones historiográficas. Huelga decir que el papel que desempeñó el Consejo de Ayuda Económica Mutua fue visto con una óptica muy distinta por los países de Europa oriental, antes y después de 1989, al igual que la enmienda Platt fue abordada de manera muy distinta antes y después de 1959 por parte de los historiadores “oficiales” cubanos. (Por cierto, sería interesante estudiar la postura que adopten los historiadores iraquíes respecto a la segunda guerra del golfo Pérsico).

Las masacres de comunistas en Indonesia transcurridas entre 1965 y 1966 han sido olvidadas a pesar de su enorme peso histórico. Hoy en día, las “revoluciones” de “terciopelo”, “naranja” e incluso de “las rosas” son referentes históricos de movimientos sociales aceptados, y que han sido estudiados a profundidad por sus contribuciones “democráticas”. Al rechazar estudiar sucesos contemporáneos, por pasividad o por lo que sea, los historiadores pueden convertirse en cómplice indirecta de las ópticas historiográficas “oficiales”.

* Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

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