por Wilphen Vázquez Ruiz *

Pensadores como Mircea Eliade nos muestran que los arquetipos de repetición son algo común, por no decir inherente, al ser humano; se presentan en formas, tiempos y espacios diferentes. De más está decirlo, nos hallamos ante uno de ellos que, a diferencia de los que se basan en un aspecto religioso, ofrecen al laico y al creyente un espacio de reflexión.

Si bien la sucesión de los días entre sí se distingue sólo por lo que sucede particularmente en cada uno, es un hecho que para su estudio se impone una periodización la cual, por razones obvias, podemos fijar en un año.

Un año que termina
Un año que termina

El año que termina estuvo lleno de acontecimientos sobre los que la disciplina histórica está obligada a reflexionar. En el ámbito internacional, por ejemplo, la economía de algunas naciones europeas, hasta hace poco países ricos, se enfrentó a recortes presupuestales que tienen como primer damnificado a los programas sociales que incluyen salud, educación y cultura —al tiempo que las políticas económicas del conglomerado europeo son dictadas por Alemania y Francia.

Por encima de nuestra frontera norte, Estados Unidos no atina a salir de una crisis y recesión económicas gestadas en su interior. A ello se suma la reelección de Barack Obama, quien tendrá más de una barrera en el Congreso. En su postura estará el dar luz verde a los programas sociales de la administración federal y a la reforma migratoria, esta última de suma importancia para nuestro país.

En lo referente al comercio internacional, estamos en la antesala de la formación de un bloque económico conformado por muchos de los países bañados por el Pacífico, el cual, de concretarse, se convertirá en el mayor mercado del mundo. China por su parte ha logrado desplazar a México en más de un aspecto como socio comercial de Estados Unidos, dándose el lujo de establecer en el sureste mexicano el mayor centro de distribución de sus manufacturas a nivel mundial.

Entre los ríos Bravo, Suchiate y Hondo, el que concluye ha sido un año por demás agitado. Lo más relevante por supuesto es el regreso de un partido hasta hace unas décadas hegemónico y que a pesar de no serlo más, seguramente contará con el apoyo suficiente de las principales fuerzas políticas para intentar abrir al capital privado las puertas de la última y más importante de las empresas paraestatales, Petróleos Mexicanos.

En el camino van aparejadas redefiniciones en el juego político a nivel nacional que afectarán de una manera u otra a los diferentes actores, siendo Elba Esther Gordillo sobre la que pesan las mayores expectativas. Pero no será sólo ella: las leyes sobre la contaduría de los estados sembrarán un antecedente para la rendición de cuentas, las discusiones sobre los monopolios podrían modificar el reparto en el mercado de la televisión abierta y de la telefonía.

En cuanto a las izquierdas, la principal figura de éstas apostará por la formación de un nuevo partido que, esperamos, sea un incentivo para la participación social y eventualmente un contrapeso a las facciones que ahora rigen en San Lázaro y Paseo de la Reforma.

Los cambios son muchos pero también hay constantes: la deuda social, una violencia galopante y el mayor número de pobres, desempleados y subempleados en toda nuestra historia. Los retos están allí y la disciplina histórica, junto con las demás ciencias sociales y del espíritu, están obligadas a revisarlos. Pero en tanto ello sucede, tomemos este arquetipo de fin e inicio de año para pensar y prepararnos para acometer esa tarea.

* Profesor, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

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