por Luis Fernando Granados *

En sentido estricto, nadie puede sentirse sorprendido por el anuncio hecho ayer por Enrique Peña Nieto acerca del futuro de Pemex. (La nota de Proceso puede verse aquí.) Hace ya muchos años que sus maestros y colegas, sus cortesanos y compañeros de viaje, insisten en que el único modo de “modernizar” la principal empresa del estado es permitir la inversión privada en alguna de los muchos procesos que median entre el descubrimiento de yacimientos petrolíferos y el comercio de sus productos.

Alegoría privatizadora
Alegoría privatizadora

Es fácil, en consecuencia, preveer que, en las próximas semanas, el debate público volverá a girar en torno de las ventajas y desventajas de renunciar, en todo o en parte, al monopolio estatal en materia de exploración, extracción, refinación y comercialización de hidrocarburos y sus derivados. Habrá quien aduzca razones técnicas en favor de uno u otro camino: que si Pemex puede o no hacer perforación profunda, que si la escandalosa corrupción del sindicato es causa o efecto de la parálisis de la empresa, que si Petrobras es un modelo político y financiero viable o no. Los habrá también quienes engarcen ideas más abstractas sobre el papel de los monopolios en la sociedad contemporánea, la función del estado en una economía mixta, la pertinencia o no de modelos de inspiración keynesiana o liberal ortodoxa.

Tarde o temprano, naturalmente, la discusión terminará por evocar un día de marzo de 1938 y se desplazará al terreno simbólico donde las fotos y los relatos de la colecta nacional para el pago de las indemnizaciones desempeñan un papel fundamental. Y como Peña Nieto en Alemania hace apenas unas horas, no faltará quien proclame que ya es tiempo de dejar de “aferrarnos a viejas resistencias” [sic].  Concluirán entonces los bufones mediáticos, como ya antes lo han hecho, que el futuro de México exige la “superación” de su pasado —mientras los defensores de la soberanía nacional acusarán a sus oponentes de violentar un pacto que, en última instancia, es tan irrevocable como el de Moisés con el arbolito.

Si lo que estuviera en juego no fuera tan importante, el modo en que unos y otros declarantes enunciarán su modo de entender la relación del pasado con el presente tendría que resultar enternecedora: tanta ingenuidad no hace sino expresar una noción elemental del tiempo, de la causalidad y del devenir, problemática en la medida en que supone que el pasado y el presente son cosas distintas, y ridícula toda vez que afirma que es posible o indeseable su manipulación.

El problema, por supuesto, es que el pasado y la voluntad constituyen ámbitos del existir categóricamente distintos, que no pueden en realidad relacionarse entre sí. En la medida que somos lo que hemos sido, ni es posible hacer tabla rasa del pasado, ni erigirle una catedral asegura su preservación. Para bien y para mal, el pasado existe con independencia de nuestra voluntad, un poco a la manera de la lengua que hablamos: ingrediente esencial de lo que somos, nuestrísima si puede decirse así, existe sin estar sometida a nuestros deseos.

En otras palabras: si Pemex continúa siendo un monopolio del estado o no, eso no dependerá de su pasado; será consecuencia de la acción de quienes hoy somos.

1 Comment

  1. El penúltimo párrafo es interesantísimo. Pienso en tres categorías temporales: pasado, presente y futuro. A cada una de ellas le correspondería -como lo entiendo- una “potencia del alma” según Tomás de Aquino: la memoria, el entendimiento y la voluntad. Cito:
    “Por lo que se refiere a la memoria, el hombre no sólo tiene memoria como los demás animales por el recuerdo inmediato de lo pasado, sino que también tiene reminiscencia, con la que analiza silogísticamente el recuerdo de lo pasado atendiendo a las intenciones individuales”…
    ¿Es posible enfrentarse al pasado sin someterlo al proceso del pensamiento de la “reminiscencia” que es inherente a la memoria humana?
    ¿qué tan válida es esta propuesta tomista para acercarse a este problema?

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s