Bitácora

Carta 4. Luis Fernando, en un intento retrospectivo

Benjamín Díaz Salazar

Querido Luis. Un par de días antes de que el tramposo cáncer te venciera, envié una breve nota de voz diciéndote aquello que jamás me animé en vivo: ¡Gracias por todo! Sin saberlo fue mi modo de despedirme de un maestro, de un colega, de un amigo. Hacía unos meses te abriste con el OH y nos contaste del mal que te aquejaba. Al saberlo quedé frío, pero admito que nos vi de nuevo con vinos y pizzas, discutiendo de todo y nada.

En la pandemia zoomeamos un par de veces con el Comité Editorial de El Presente del Pasado. Esas charlas, con toques de chamba y chorcha, me dieron una nostalgia increíble. Disculparás que aquellos días hablé tanto, pero es que sólo quería contarte todas mis andanzas en los últimos tiempos. Esas noches decidimos revivir -una vez más- el PdP y darle rumbo a discusiones, proyectos y textos, tantos textos.

Tenía tiempo que decidiste soltarme una parte del blog, confiar en mis manos la imagen y manejo en redes del PdP, la edición de textos y la gran responsabilidad de treparlos a la red. Luis, no sabes cuánto te agradezco aquello. Diste rienda suelta a mis locuras de diseños, me dejaste jugar con colores, formas y métodos, pero más allá de eso, me permitiste ser yo. Al final, todo pasaba por tus ojos antes de ver la luz, a sugerencias y zapes sutiles, concluía en un “¡Chingón!”.

Los años previos fueron particulares. Proyectos fueron y vinieron; opiniones, furias y movimientos, pero siempre estuvimos listos para entrarle al quite ante tu grito convocante, no nos quisiste soltar. El OH se amueganó por ti, aquellos “Salud” de tus correos eran los que daban impulso al blog, a nosotros mismos. No es extraño que ahora, el despertar fugaz del PdP venga por ti, en tu memoria.

Aquella visita a Veracruz -jamás al Xalapa que tanto acordamos, sino al puerto por mapas rojos- queda como uno de los más formidables momentos en mi memoria. Las charlas, la escapada al mar, la comida, los rones, las salsas y las canciones quedan grabados en lo más profundo de mis recuerdos. Tú, querido Luis, junto con mi maestro, me hicieron ver a la academia cercana y translúcida. Fue por aquí, además, donde dejé de hablarte de usted para tutearte, so pena de una ley del hielo.

Las pizzas Happy’s, el Centenario 107, las cantinas del centro o las carnes asadas en Tlalpan me dejaban, en cada ocasión, con la satisfacción de compartir la mesa con mentes brillantes. Me abriste las puertas de tu casa en República de Cuba dos veces: una, la primera, como estudiante desconcertado por el profe de las grullas de papel colgantes que cerraba el curso en su cantón con vino y comida. La segunda, como un amigo que, tras la protesta lluviosa, ofreció el cobijo de su hospitalidad.

La crítica al plagio me permitió compartir un foro contigo así como aquella noche intensa de trabajo crítico y desmenuzado. Escuchaste con atención cada idea loca que tuve para los textos del blog, leíste mis proto-proyectos de ensayista-historiador y prestaste atención a los comentarios del chamaco que se quería comer al mundo en aquel seminario del Observatorio. Me abriste las puertas del OH, me inspiraste a escribir con soltura y me diste ánimo para expresar, a través de las letras, los más rudos cuestionamientos al presente a través del pasado. Atesoro aquel Espejo haitiano, de la primera tanda, que dedicaste emocionado por su reciente salida.

Te conocí en agosto de 2013, en aquella clase que comenzaba a las diez de la mañana para analizar a la Francia en retrospectiva. Es ahí donde aprendí que los silencios de tus discursos representaban clavados a tu enorme memoria, al acervo que cargabas y compartías con imberbes que queríamos historiar. Entendí que aquellas meditaciones que acompañabas de mimos a tu barba eran porque leías con atención en las palabras de cada uno su potencial, para exprimirlo, para orientarlo.

Imposible resulta para quienes te conocimos, te admiramos y queremos, resumir las experiencias a tu lado en las ochocientas palabras que, en aquel momento, me ofreciste como límite para escribir aquí. Gracias, gracias infinitas por todo, LF.

Salud.

2 comments on “Carta 4. Luis Fernando, en un intento retrospectivo

  1. Esther Sanginés García

    Gracias Benjamín. Por favor mantén vivo «El Presente del Pasado» es una forma en que Luis Fernando, permanezca con nosotros.

    Me gusta

  2. Silvia Isabel Gámez

    Yo no lo conocí, pero al leer sus obituarios, ya lo extraño.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: