Historiar desde la presidencia

por Jorge Domínguez Luna *

“Hacer historia”, “pasar a la historia” o “ser el primero en la historia”, son frases que frecuentemente ocupan un lugar en los discursos políticos para destacar episodios o hechos aislados que la clase política considera dignos de ser grabados en la memoria colectiva. Y en sentido contrario, existen “episodios dignos” en los que la historia oficial ubica sus momentos fundacionales. El determinismo con que se significan y entienden éstos son casi equiparables con la trascendencia de la agricultura para el sedentarismo.

Así ocurrió el pasado 10 de febrero cuando el gobierno federal conmemoró el centenario de la creación de la fuerza aérea mexicana, mediante la inauguración de las nuevas instalaciones del Colegio del Aire. En dicho acto, Enrique Peña nieto, titular del ejecutivo federal, y el general Carlos Antonio Rodríguez Munguía, comandante de la fuerza aérea, pronunciaron discursos en los que hicieron referencia al momento fundacional del sector aéreo de las fuerzas armadas nacionales. Peña Nieto decía:

Hace un siglo, en 1915, el mundo y México vivían momentos convulsos e inciertos. En Europa, las potencias internacionales se enfrentaban en la primera guerra mundial, mientras que en nuestro país continuaba la lucha revolucionaria para definir un nuevo proyecto de nación.

En este escenario complejo destacó la visión de Venustiano Carranza, al crear el arma de aviación militar, fundamento de la actual fuerza aérea mexicana. Al incorporar uno de los avances tecnológicos más importantes de aquel entonces, nuestras fuerzas armadas se colocaban a la vanguardia. [Aquí está el discurso entero.]

Por su parte, el general Rodríguez Munguía dijo:

Nuestra nación es pionera en la historia de la aviación; varios hechos así lo constatan […].
Hasta el primer combate aeronaval del mundo en 1914, cuando el intrépido capitán Gustavo Salinas Camiña[,] a bordo del biplano Sonora, bombardeo al buque Guerrero de la marina de guerra de Victoriano Huerta, en Topolobampo, Sinaloa.
[…]
Con éstas históricas gestas[,] y convencido del potencial bélico de la aviación, el presidente Venustiano Carranza, decreta el 5 de febrero de 1915, la creación del arma de aviación militar dentro del ejército constitucionalista.
Decisión visionaria que hoy celebramos como el centenario de la fuerza aérea mexicana, consolidándola el general Manuel Ávila Camacho, presidente de la república[,] el 10 de febrero de 1944, al elevarla a rango de fuerza armada, a la par del ejército y de la armada de México. [Aquí está el discurso completo.]

La alusión al bombardeo de un buque desde un aeroplano toma una dimensión magnificada cuando se le cataloga como el momento fundacional no sólo de la fuerza aérea nacional sino de la aviación militar a nivel mundial. Por ello, Peña Nieto pronunció un discurso en el que situó la capacidad militar mexicana de 1915 por encima de las potencias que disputaban la gran guerra. Me explico: para Peña Nieto —como ocurre con prácticamente todos los políticos de antes y ahora—, México “pasó a la historia” por ser el primero en hacer la guerra en el aire.

Por tanto, sin importar que el episodio haya ocurrido en 1914 y que la conmemoración aluda en realidad a la decisión ejecutiva de Venustiano Carranza para crear —en 1915— lo que denominó el “arma de aviación militar”, la fundamentación y significado de las celebraciones giraron en torno a la innovación que resultó del uso de un vehículo aéreo en un conflicto bélico porque es lo que les parece digno de recordar. Pero, ¿quién decide y cómo se decide?

Otro avioncito fundacional: el del Alberto Braniff. (Foto tomada de www.sedena.gob.mx)

Otro avioncito fundacional: el del Alberto Braniff. (Foto tomada de http://www.sedena.gob.mx)

Ciertamente, el discurso de Peña Nieto no fue escrito por él; esa tarea fue designada a un miembro de su cuerpo de asesores. Sin conocer la identidad del encargado de redactar las palabras emitidas por el ejecutivo federal, surge la interrogante sobre quién decide en última instancia el conocimiento —parcial o no— que se difunde desde el gobierno y particularmente mediante los actos institucionales.

En este sentido, desde el 10 de octubre de 2014 realicé una solicitud de información a la Oficina de la Presidencia requiriendo el listado de actos en los que participó el titular de la presidencia con motivo de efemérides, eventos y celebraciones que aludan a hechos históricos dignos de conmemorar, para la conformación de la memoria histórica colectiva o que contribuyan a la difusión de la historia patria.

Al respecto, la unidad de enlace de la presidencia envío una respuesta que señala la participación de Peña Nieto en 47 “eventos” entre el primero de enero y el 30 de octubre de 2014, realizados en 15 estados de la república, “con motivo de efemérides, conmemoraciones […] y/o celebraciones que aluden hechos históricos”.

De tal manera, el siguiente paso será seleccionar de los 47 enlistados los discursos que utilicen la historia para justificar o fundamentar acciones, programas, sucesos o cualquier práctica gubernamental; conocer quién elaboró el o los textos en cuestión y saber si existe algún procedimiento administrativo para su aprobación o simplemente recae en una decisión ejecutiva. El objetivo es saber si en el uso público que se hace de la historia desde el gobierno existe al menos un asesor en temas históricos que participe directamente en la elaboración de discursos, mensajes y pronunciamientos, como ocurre en temas económicos, ambientales, jurídicos o cualquier otra especialidad.

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