Un nuevo medio

por Wilphen Vázquez Ruiz *

Entre las efemérides del mes pasado estuvo el “día mundial de la radio”, impulsado por la UNESCO, que se celebra cada 13 de febrero con acciones que se encaminan a promover la igualdad de género a través del que sigue siendo el medio con mayor público en el mundo. Amén las propuestas de la UNESCO, esa fecha nos invita a considerar a la radio como una de las innovaciones más importantes en la historia de la ciencia y la tecnología, así como un medio de comunicación en torno al cual giran diversos intereses en la actualidad.

En lo que toca a su historia, podemos señalar que este invento involucra a varios actores entre los que se encuentran Hans Oersted, Michael Faraday, Clarck Maxwell, Heinrich Hertz y, claro, Guillermo Marconi. Estos dos últimos son quizá los más importantes. El primero por demostrar la existencia de las ondas electromagnéticas —mismas que son empleadas en la radiocomunicación—, y el segundo por ser el inventor de la radio propiamente dicha.

Las ondas de Marconi

Las ondas de Marconi

En lo referente a la transformación de este medio y las repercusiones que ello tiene, señalaremos algunos de sus aspectos más relevantes, en especial el paso de la señal analógica a la digital, programada en nuestro país para finales de 2015. Dado que la señal analógica se caracteriza por ser una señal análoga de la señal original, requiere de una potencia elevada en su transmisión para que la recepción no se vea distorsionada, lo que sucede con frecuencia si la señal es débil o existe interferencia de una o más que sean semejantes. La señal digital, en cambio, al manejar señales más sencillas y uniformes consigue una calidad mucho mayor, pues la información se transporta sin que se vea degradada. Esta diferencia, además de una mejor recepción y mejor sonido, abre la posibilidad de que se libere un espectro mucho más amplio de frecuencias que aquél con el que contamos hoy. Esto tiene, claro, repercusiones amplias e importantes tanto en lo económico como en lo social.

Económicamente, la conversión digital implicará ganancias significativas para las compañías relacionadas con la venta de equipos de toda índole y no se diga para quienes logren una concesión, lo que contempla a su vez recursos para el erario. De respetarse además el espíritu de la reforma en telecomunicaciones, se daría entrada a nuevos competidores en el mercado de la radiocomunicación. Difícil anticipar qué sucederá, pero la experiencia que tenemos en cuanto a la concentración de medios radiofónicos y televisivos genera dudas al respecto.

En cuanto al consumidor final, la transición a lo digital implica, en principio, mayores alternativas que le permitirán seleccionar, entre una gama más amplia de programas, aquellos que obedezcan más a sus intereses y preferencias. En lo personal me parece ingenuo esperar que la transición implique per se contar con programas de mejor calidad para el entretenimiento y de corte cultural. Por supuesto, contamos con cierta variedad de estos últimos aunque que, por razones diversas, en realidad cuentan con un público más bien restringido. Un ejemplo claro es Radio UNAM.

Debido a que el paso a la transmisión digital implicará necesariamente que los competidores ofrezcan programas mejor dirigidos para públicos específicos —a fin de ganar público y mercado— es importante que l@s historiador@s estemos en la capacidad de elaborar alternativas que contribuyan a la divulgación efectiva, agradable y entretenida de la historia.

Hasta ahora, lamentablemente muchos de los programas culturales relacionados con la divulgación de nuestra disciplina muestran una confección que los vuelve poco atractivos para el ciudadano común, a quien por obviedad estamos obligados a acercarnos si queremos contribuir al desarrollo de una conciencia social, histórica, política y participativa. Tema aparte —aunque relacionado y también perentorio— es el acercamiento a un público infantil y juvenil, al que las discusiones entre académicos y para académicos contribuyen poco, por más fascinantes que éstas sean.

De acuerdo con lo propuesto por el ejecutivo federal en turno, el “apagón” analógico se completará hacia finales del próximo año, por lo que en realidad no nos queda mucho tiempo si quieremos aprovechar esta coyuntura y buscar oportunidades para la divulgación del saber histórico que, en última instancia, quizá sea la mayor razón de ser del historiador.

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