Reformismo y transformación [2 de 2]

por Aurora Vázquez Flores *

El 20 de diciembre pasado, Enrique Peña Nieto promulgó las enmiendas constitucionales y artículos transitorios que constituyen su reforma en materia energética. Las modificaciones a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales permitirán no sólo la incursión de capital privado, sino extranjero. El asunto es que ni la privatización ni la pérdida de dominio nacional sobre el sector energético es culpa —inicialmente— de esta reforma.

Como ya se ha señalando, en 2013 la Comisión Federal de Electricidad tuvo pérdidas por 35 mil millones de pesos cuando gasta unos 177 mil 192 millones de pesos en contratos para comprar energía eléctrica. La CFE le compra a diversas empresas privadas, entre ellas a una firma española de nombre Iberdrola. en cuyo consejo de administración se encuentra Georgina Kessel —secretaria de energía en la administración calderonista—. Así se explica que en 2009 Felipe Calderón haya decidido extinguir legalmente Luz y Fuerza del Centro, con la excusa de que la empresa tenía pérdidas por 30 mil millones de pesos.

El problema de la privatización de sectores estratégicos y su apertura al capital extranjero viene de más atrás y se manifiesta en muchas otras cosas. Si la “guerra contra el narco” tuvo tan pobres y confusos resultados es porque poco tenía en contra del narcotráfico. Hacia 2010, las cifras ya apuntaban que en la mayoría de los casos de desapariciones forzadas, asesinatos y violaciones a los derechos humanos, las víctimas eran hombres jóvenes de bajo estrato socioecónomico. Los casos de crímenes cometidos por miembros del ejército o la policía federal aumentaron exponencialmente y en lugares como Ciudad Juárez el índice de criminalidad no bajó —aunque sí cambió el tipo de delitos y, sobre todo, su cobertura en los medios.

La situación de violencia generada por el crimen organizado y las fuerzas castrenses en gran parte del país funcionó, desde sus inicios, para templar el descontento social. La idea de que las manifestaciones en las calles ya no son útiles para la resolución de demandas es de la derecha —siempre lo ha sido— y en muchos lugares del país esta idea se impuso gracias a los medios de comunicación y al acoso sistemático a lxs luchadorxs sociales. La estrategia de criminalización de la protesta social sirvió para inclinar la correlación de fuerzas a favor de los grupos de poder en nuestro país —proceso que ahora ocurre en el Distrito Federal con el protocolo de control de multitudes de Miguel Ángel Mancera.

El PRD, como se ve claramente en el DF, se sumó desde hace años a estos grupos de poder que rigen el país, cuya visión ha dejado bien atrás las reivindicaciones sociales, el nacionalismo y el estado benefactor. Los tres partidos políticos mayoritarios decidieron firmar el “pacto por México”, acuerdo del que mucho se ha hablado y cuyo papel es mantener el carácter cupular de las discusiones y los acuerdos que guían las políticas públicas, manteniendo excluidos a amplios sectores de la población. La supuesta oposición del PRD a la reforma energética es irrisoria si uno piensa que sus militantes votaron a favor de la misma. También lo es considerar la posibilidad de una huelga de sus gobernadores y legisladores cuando sus intereses coinciden con la privatización del sector energético.

En los últimos meses, dos referentes importantes han generado una oposición notoria a las reformas actuales: Morena y la CNTE. El primero asume que todos los sectores en resistencia deben de alinearse a su retaguardia, sumarse a sus convocatorias y asumir su agenda bajo una dirección carismática y, además de todo, bastante precaria. El cerco al senado anunciado por López Obrador, lamentablemente, sirvió como escenario para sesiones catárticas de algunxs cuantxs. Más allá, nada. El caso del magisterio disidente es más complejo; su base de apoyo es mayoritariamente rural y, sobra decirlo, pobre. A pesar de ser un sindicato con larga tradición de lucha y organización, y de haber sacado a miles de docentes y padres de familia a las calles, no logró detener la reforma educativa.

A la espera de una transformación (Foto: NASA)

A la espera de una transformación (Foto: NASA)

El problema de la privatización de los energéticos no es, obviamente, el problema de fondo en México. El problema es que en nuestro país ha triunfado la visión de los grupos en el poder. Esta visión que pone primero al dinero que a la vida. Al mercado que a las necesidades sociales. A la apariencia que a la conciencia. Este texto, por supuesto, no puede resolver la pregunta sobre qué hacer al respecto. Sin embargo, resulta esencial llevar a cabo una reflexión profunda sobre qué tipo de movilización es necesaria y qué instrumentos políticos tenemos y construimos para ver si, con suerte, transformamos el futuro de nuestro país como lo hicieron allá en la década de 1930.

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