por Diana Salazar Tapia *

El futbol se ha convertido en el deporte por excelencia nacional; es el que más se apoya y más se transmite, tanto en la radio como en la televisión. Eso no es un asunto reciente. Hace más de cincuenta años que sólo en el Distrito Federal el futbol paraliza las actividades tanto laborales como escolares. Los medios hacen que la gente tenga un equipo de futbol favorito, no tanto para promover la práctica del deporte sino para orillarla a estar al tanto de las transmisiones por televisión. Las televisoras se comparten los equipos para la trasmisión de los partidos y las contiendas internacionales sólo se ven, en algunas ocasiones, por televisión de paga.

El futbol genera fanatismo nacionalista. No importa que el equipo pierda; se cree en los milagros y se sigue apoyando a la selección nacional. Parecería que no existen más mexicanos exitosos en el ámbito deportivo que puedan representar al país a nivel internacional.

No estoy en contra del futbol. El mundial es uno de los eventos deportivos que más me agradan. Sin embargo, con frecuencia se le da un valor casi religioso, que en vez de ayudar al deporte le trae grandes problemas. Más aún cuando los futbolistas cuentan con una gran difusión en los medios de comunicación y unos sueldos descomunales, y las expectativas que se crean son con frecuencia pobremente recompensadas.

El partido de la selección nacional del pasado martes 15 de octubre, en el que se jugaba el pase al mundial, no fue mejor que los anteriores. Después del 2-1 a favor de Costa Rica, mucha gente quedó completamente decepcionada y actualmente se dice —esto es, José Ramón Fernández dice— que el 60 por ciento de la población joven no quiere que México vaya al mundial.

A pesar de todo lo anterior, los medios han vuelto a ignorar el mal trabajo de los jugadores porque la selección nacional se encuentra de todas formas dentro del repechaje. Ello gracias a que, en tiempo de compensación del segundo tiempo, Estados Unidos le anotó un tercer gol a Panamá y ayudó a que México tuviera una última oportunidad para entrar a la gran contienda mundialista.

Los comentaristas de futbol en la televisión y la prensa deportiva dieron al día siguiente un espectáculo lamentable. Las portadas y contenidos de los periódicos dejaron mucho que desear. En su mayoría agradecían a y a Obama y a Estados Unidos el “milagro” (la cosa futbolera, les digo, es casi religiosa). Llamaban hermanos a los estadounidenses y les “perdonaban” la venta de Texas y California por Santa Anna —en tantas otras ocasiones causa de rencor nacionalista y de las muy futboleras expresiones ““nos quitaron”, “nos robaron”.

Quitémonos el aparejo que nos pone el duopolio y sus analistas deportivos, que apenas si pueden expresar la satisfacción que sienten al poder asistir al mundial para obtener más ganancias económicas y más rating, diciendo cosas tan absurdas que luego muchos aficionados, ya cegados por ese deporte, repiten sin pensar.

Más allá del futbol
Más allá del futbol

Sin embargo, no todo es futbol y derrotas para el deporte mexicano. Una noticia que se dio a conocer ese mismo día (15 de octubre), y que no figuró como portada de ningún periódico nacional, fue la victoria de los niños triquis de Oaxaca en la provincia de Córdoba, Argentina. Estos niños ganaron el torneo internacional de minibaloncesto de una manera muy singular: ¡descalzos! Así están acostumbrados a jugar, así lo han hecho por las condiciones de pobreza en las que viven. Estos son los deportistas de corazón. Los que sí luchan. Los que demuestran su esfuerzo, pero también los que se enfrentan a un sistema que no los incluye y que no puede maquillar la realidad de pobreza y violencia (por el crimen organizado y las autoridades corruptas) en las que viven las comunidades indígenas.

Finalizo citando los resultados obtenidos por estos pequeños:

Los siete partidos que disputaron en Argentina terminaron con impresionantes marcadores frente a los seis equipos argentinos: 86-3 contra Celestes; 22-6 contra la Universidad de Córdoba; 72-16 cuando enfrentaron a Central; 82-18 el marcador con Hindú; 44-12 con Monteéis; y 40-16 frente Regatas de Mendoza. La comisión nacional del deporte los denominó “Los gigantes descalzos de la montaña”.

3 Comments

  1. Hola Diana, justamente hoy pensaba sobre el tema. Además de que, como bien apuntas, el sistema excluyente, racista y clasista mexicano en el que vivimos se refleja en estas contiendas que parecerían insustanciales dentro de la política, la historia, la cultura y, cómo no, la economía del país, después de enterarme de los múltiples cambios que se han hecho del director técnico de la selección mexicana (perdonarás las generalizaciones pero no estoy empapada en el tema), pensé que el análisis del funcionamiento este grupo de futbolistas tenido como “santos redentores” del honor nacional, de las formas en que contínuamente se culpabiliza al D.T. y de las acciones tomadas en estos asuntos por la Federación Mexicana de Futbol, es capaz de revelarnos la realpolitik que ha predominado, al menos desde el asesinato de Madero, en nuestro país.
    Porque, así como en el cambio de D.T. los aficionados a este juego entregan todas sus esperanzas de cambio, como si mágicamente una nueva cara directiva significase un nuevo modelo de hacer, sin realmente profundizar en las causas de toda índole que influyen en que la Selección sea la Decepción Mexicana, la política del siglo XX y XXI en nuestro país se ha basado sólo en cambio de cara del presidente, incluso cuando los ilusos que creyeron el “hoy” de Vicente Fox lo llevaron a Los Pinos con todo y su estandarte guadalupano.
    Y, coincidiendo con tu apreciación sobre la incidencia de los medios, también Carranza, Obregón, Cárdenas, Miguel Alemán, Gortari… etc, etc, hasta llegar a nuestro actual presidente novelero casado con una (mediocre) estrella del Canal de las Estrellas, se ocuparon de exponer sus mejores perfiles en prensa, radio, televisión y, ahora, internet (además de los horrorosos anuncios espectaculares que ofenden la vista cívica). Incluso, a pesar de su ya no sólo deslúcida sino realmente fea cara, Díaz Ordaz, “el mandril”, se hizo publicar de esta manera.
    Y gran parte de la población, en virtud de la información que desinforma y de su situación carente de expectativas de crecimiento real, depone su persona para entregarla a las nuevas caras que “ahora sí” consolidarán la brillantez del mexicano en masa.
    Tanto cala el autoboicoteo mexicano que siempre me he preguntado por qué al hombre (no recuerdo su nombre) que por ahí del 2006 llevó a la sub-17 a la cúspide del éxito futbolero, no se le permitió seguir manejando a los chicos hasta hoy… Como en todo, muy probablemente la explicación se encuentre en la necesidad constante del sistema de hacer sentir a la gente su menor valía y su ficticio orgullo nacional, para que continúe con esta larga tradición de deposición individual y de posición masiva.
    Saludos

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    1. Gracias por tan enriquecedor comentario, Precisamente lo que señalas de los directores técnicos de la selección hace que no se mire al equipo de manera individual, con todos los intereses económicos que representan. Desde luego como se ha hecho a lo largo de la historia para encubrir todo lo que hay detrás.

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  2. Te faltó incluir a las bayonetas que también obtuvieron el primer lugar en Argentina.
    Respecto a tu comentario hay mucho que decir. Yo soy parte de ese 60 % que no quiere que vaya la selección a Brasil, sobre todo porque se irá a dar lástimas.
    De manera sintética. La pseudo selección mexicana es producto de intereses en la cual cada equipo de la liga (alias grupo de inversión) mete a un representante para promocionar a su equipo sin mirar si el elemento es de la habilidad deseada ( juego individual y de “grupo”). El resultado, después de varios lustros es que la selección se convertirá en la que más ha participado en copas mundiales sin obtener alguno de los tres primeros lugares

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