por Alejandro Herrera Dublán *

En estos días, en algunas escuelas secundarias particulares está corriendo el periodo destinado a seleccionar los libros de texto que conformarán la parte esencial de las listas de materiales para el próximo año lectivo. En ocasiones somos los maestros de cada asignatura quienes hacemos la elección. Es común que las editoriales visiten los planteles empleando representantes de ventas que tratan de convencernos del valor de sus obras, no con análisis profundos de las mismas, sino con “materiales didácticos” extras.

Generadores automatizados de exámenes, dosificadores de planeaciones, recursos digitales interactivos, plataformas de apoyo en línea y hasta agendas, listas de asistencia y minucias semejantes terminan tristemente por convertirse en los criterios clave de elección. En algunos casos, los maestros no recibirán estos materiales porque la institución que los emplea se encargará del negocio que les significa armar y vender paquetes conformados a partir de las ganancias que compartirán con la o las editoriales elegidas.

Cualquiera de los métodos de selección de libros de texto termina, en el caso de la asignatura de historia, por contravenir una parte muy importante del enfoque y los propósitos de los dos aspectos que la componen: el desarrollo de las habilidades de comparación, análisis y crítica, y la selección de fuentes de información.

Sagradas escrituras del laicismo
Sagradas escrituras del siglo XXI.

Para una abrumadora mayoría de los alumnos del nivel básico en nuestro país, el libro de texto es la única fuente de información historiográfica que tienen al alcance. Más aún, esa fuente es valorada en principio como incuestionable, rebosante de verdad, completa y única existente. Lo peor, sin embargo, es que ni siquiera son ellos quienes la seleccionan: la herencia del “milagro mexicano” que dispensaba versiones únicas de la historia a través de la Conaliteg ha sido adjudicada de facto a las editoriales privadas, a sus autores y a los maestros ávidos de recibir dádivas ridículas.

La página electrónica que ofrece la lista de los textos autorizados por la SEP para secundaria en el ciclo actual (aún no aparece lista alguna para el ciclo 2013-2014) informa que se cuenta con treinta ediciones distintas para el curso de historia universal de segundo grado y 27 para historia de México, de tercer grado. Esa diversidad es falsa. En la medida en que un grupo de alumnos y su maestro de historia utilicen cotidianamente un solo libro de texto, aprenderán —como parte del currículo oculto— que la historia es una sola, por más que cuenten con la fortuna de que su obra incorpore brevísimas recopilaciones de, a lo mucho, dos fuentes de información divergentes, en torno de alguno de los temas del programa de estudios, o que el maestro haga magia con el cortísimo tiempo de clase y añada más fuentes para su uso en ese lapso.

Si los alumnos egresan de secundaria y recuerdan los contenidos de los cursos de historia, es casi seguro que no les interesará contrastar con sus nuevos compañeros las diferencias interpretativas existentes entre sus viejos libros de texto. La libertad de elección que ofrece la competencia entre editoriales muestra su verdadero rostro y ahoga una valiosísima y quizá única oportunidad de aprender y enseñar que la idea de una sola versión de la historia es una imposición del estado o de sus verdaderos representados: las empresas, en este caso, las editoriales.

Es mi convicción que los historiadores autores de libros de texto asumen una responsabilidad muy grande al lograr que sus obras sean autorizadas por la SEP. Desafortunadamente, en vista de su desinterés en prácticamente todo lo que ocurre con ellas durante los procesos de enseñanza-aprendizaje, queda en manos del docente hacer lo que pueda para enfrentar un problema que no es únicamente su responsabilidad, porque además los padres de familia están acostumbrados —“escolarizados” en términos de Iván Ilich— a que seamos nosotros quienes elijamos “el mejor libro de historia para sus hijos”, cediéndonos esa valiosa oportunidad y hasta exigiéndonos que lo hagamos, cuando ellos deberían participar activamente en la selección.

Sí está a nuestro alcance hacer gestiones para que la institución en la que laboramos como docentes lo permita, puede ser muy provechoso proponer para el próximo ciclo la selección abierta de los libros de historia para segundo y tercero de secundaria; es decir, que las familias escojan el libro de texto que ellas decidan. Teóricamente existirá una mayor diversidad en los libros de texto, incluso si, como es probable, se nos pidieran recomendaciones de tres o cuatro ediciones distintas (por lo que la diversidad tendría esa proporción).

El reto sería grande, porque todos sabemos que los principios del enfoque y los propósitos de los programas de estudio de historia (en este caso los referidos a la crítica de fuentes), por más certeros que sean desde el punto de vista del historiador profesional, son una bicoca frente a lo que verdaderamente aprecia el sistema educativo, y la sociedad escolarizada, respecto de la historia: la memorización de fechas, nombres y lugares que año con año certifica Enlace y la Comipems. Con todo y los problemas administrativos y didácticos que puedan surgir, vale la pena promover esta posibilidad y compartir los resultados que se obtengan —justo porque la historia es vida, y como tal, diversa; la ciencia de las ciencias como diría Marx, o sea el conocimiento más valioso que se nos ha dado compartir con los demás.

6 Comments

  1. Excelente idea.
    Sabemos que los padres eluden cada vez más su responsabilidad educativa, delegándola sistemáticamente en la escuela y particularmente en los docentes. Al ponerse en práctica lo que aquí propone, los padres estarían enterados acerca de los contenidos que se van a tratar durante el año permitiéndoles brindar una ayuda más eficiente y proporcionarían los apoyos y recursos necesarios .
    Además, asumirían que la educación integral de sus hijos es una labor de todos.

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  2. En mi opinión sería mejor tener más libros, y fuentes de información pues así podríamos cruzarlas y llegar a una conclusión.
    Sobre que los padres elijan libros, no estoy de acuerdo. Ó sea si se que los padres se deben de involucrar con nosotros y todo eso, pero no todos los padres tienen el conocimiento suficiente para elegir un buen libro, creo que es por eso que se le deja esa responsabilidad a los profesores.

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  3. Creo que depende mucho de los autores de esa gran variedad de libros, ¿no creen?
    Creo que si tuviéramos una gran variedad de libros (un ejemplo: como el que tenemos en este ciclo escolar) sería imposible lograr un mayor aprendizaje, Sobre todo si esos libros recortan información o simplemente dieran a entender que están del lado de “no enseñar más allá”.
    Aunque, ¿porqué sólo libros? Hay revistas, películas, documentales, artículos, canciones y más! Entre más variedad de recursos exista, va a ayudarnos a desarrollar distintas habilidades que nos permitan comprender mejor los temas, además nos permiten formar nuestro propio criterio que va servir para defender nuestras opiniones personales.

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  4. El interés de las escuelas por que sus alumnos tengan diversidad de autores, corrientes ideológicas en materias como lo es Historia se refleja también en los libros que incluyen en sus “bibliotecas”.
    Recuerdo en secundaria, encontrar libros ” ejemplares de regalo” o de la misma editorial, o los mismo que teníamos los alumnos
    ¿Ésto realmente fomenta a los alumnos a crear un criterio amplio de las materias?¿Están interesados a crear una opinion propia de cada uno de los alumnos, o a imponer un modelo de ” Historia”?

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  5. Después de ver lo que mi amiga y compañera Pamela y yo compartimos como opinión acerca del artículo de nuestro Profesor de Historia y ahora Profesor de Formación Cívica, estoy muy contenta de compartirles que en el nuevo plan de trabajo de nuestro Profesor nos permitió elegir nuestro libro, en una de las 3 opciones: 1 libros de editorial Castillo y 1 de la editorial Norma. La verdad tuve muy poco tiempo de escogerlo mientras estaba en la hora de comprarlo, escogí el de la editorial Norma, me gustaron las preguntas de análisis que hace el libro en cada tema, y aunque aún no haya entrado a la escuela ya comencé a leerlo y comencé a realizar muchísimas más preguntas sobre los primeros temas del libro. Por otra parte, siempre los libros que piden en mi escuela son de la misma editorial y siento que así no hay mucho chiste, cuando debería haber variedad de editoriales aún así sean diferentes Materias, esta vez escogí Norma y me gusta la forma en la que se redactan los acontecimientos, aunque no dudo que debe haber algo por ahí raro…
    A darle con ganas a este ciclo escolar y la materia de Historia, por qué historia es Vida 🙂

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  6. Yo elegí el libro de editorial Norma, y en verdad creo que esta nueva forma que nuestro profesor de historia ha decidido trabajar puede servirnos de mucho, porque yo considero que si tenemos diferentes fuentes de información será más fácil comparar y analizar las situaciones que ahora forman parte de la historia. Ahora no sólo tendremos un punto de vista de un autor o un suceso histórico relatado a una manera, sino varios que pueden tener diferentes puntos de vista justificados que permitirán valorar con más seguridad como es la historia de México.

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