por Ismael Villarreal

Hace 32 años, la noche del 8 de diciembre de 1980, cuando regresaba del CCH, escuché en un noticiero que en Nueva York acababan de dispararle a John Lennon. Aunque no había duda del hecho, esperé al último noticiero de aquella noche para comprobarlo. Era cierto y esa noche, en silencio lloré y recordé un montón de historias de vida acompañadas por su música y su mensaje de amor y paz. (Sé que eso suena cursi hoy, pero muchas personas de mi tiempo sí lo pensábamos; como Juan, después supe). Desde ese día entendí la trascendencia del hecho, pero lo que no tenía claro era cómo iba a cambiar radicalmente el curso de mi vida.

Ahora soy profesor: y así como en los cursos se cita a autores de las distintas disciplinas, siempre tengo, junto a éstos, referencias de Lennon y los Beatles.

Recuerdo a John, al igual que a Jim Morrison, que nació —también— un 8 de diciembre. No hay en estas palabras tristeza, hay memoria que pretendo sea colectiva. En los tiempos que corren en este país, no caen mal frases como give peace a chance. Sigo pensando que “todo lo que necesitamos es amor” y que “no hay nada que puedas hacer que no pueda hacerse”.

Un año más...
Un año más…

Hay fechas que resultan significativas o emblemáticas y que definen quiebres, comportamientos y suelen ser particulares. Lo relevante de este hecho, por lo menos para mí, es que está conectado en una escala mayor que, sin exagerar, presumo universal. Es decir, no sólo a mí, sino a una generación, nos marcó un camino que cada uno asumió según sus circunstancias. Quizá ésa es un de las funciones del arte.

Esta fecha es importante porque, por un lado —tal vez, antes no tomado muy en cuenta, sino propiciado por el segundo—, nace un poeta que define una actitud de rebeldía generacional (Morrison) y porque, por el otro —de mayor impacto—, muere, se apaga alguien que representa un ideal utópico en un mundo envuelto en una vorágine desesperanzadora, alguien que renovaba la ilusión de no asumir la fatalidad como respuesta… “dirás que soy un soñador, pero no soy el único” o “para la mitad del cielo” .

El arte trasciende porque sublima la existencia y favorece la reflexión de la vida y el mundo o no tendría sentido alguno. Gracias Jim, gracias John. Hace casi 35 años y… “es como volver a empezar”. La revolución sigue teniendo permiso.

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