por Wilphen Vázquez Ruiz *

Las referencias al petróleo en el mes que corre son inevitables y necesarias en lo que refiere a su importancia política y económica para el país. En esta ocasión, el comentario que presentamos se dirige a destacar la relevancia e impacto de una de las industrias derivadas de la explotación petrolera: la industria plástica.

Haciendo un poco de historia, debemos recordar que la industria plástica arranca a inicios de la centuria pasada cuando, a partir de la combinación de fenol y formaldehído, se sintetizaron polímeros conocidos como baquelitas, los que comenzaron a sustituir a otros materiales naturales como la madera, el cristal y los metales. Conforme la industria petroquímica fue avanzando, la producción de diferentes tipos de plástico lo hizo también.

En la actualidad, es difícil identificar alguna actividad rutinaria en la que el empleo de este tipo de polímeros no esté involucrado, lo mismo que en la adquisición y consumo de productos diversos: calzado, despertadores, televisiones, teléfonos, plumas, ropa, botellas, neumáticos, computadoras, tarjetas, muebles, tuberías, aislantes, conductores, ventanas, adhesivos y, por supuesto, las bolsas están hechos de plástico —lo mismo que un sinfín de productos más.

Cabe señalar que esta industria es una de las más dinámicas en el país, llegando a presentar en años recientes tasas de crecimiento superiores al 6 por ciento anual, lo que ha generado, consecuentemente, una cantidad significativa de empleos directos e indirectos. Por supuesto, no todos los plásticos son iguales; pueden ser clasificados tres grupos: elastómeros —materiales elásticos—, termoplásticos y termoestables, siendo los dos últimos los de mayor producción. En tanto los termoplásticos se identifican por ser aquellos que se reblandecen al ser calentados, los termoestables son productos generalmente más resistentes al calor y con un grado mayor de dureza y fortaleza. En conjunto, la producción anual en México es cercana a los 5 millones de toneladas, de las que el 24 por ciento se compone de bolsas y películas de plástico. Tomando en consideración los materiales que son exportados e importados, el consumo aparente en el país —según la Asociación Nacional de Industriales del Plástico— es superior a las 6 millones de toneladas, por lo que algunas agrupaciones consideran que hasta hace algunos años el consumo por persona era cercano a los 50 kilos anuales. ¿Esto representa un problema?

Ilusión de la modernidad.
Modernidad ilusoria.

A nivel global existe importante problema por la contaminación provocada por los desechos plásticos, dado que esos no son biodegradables; incluso, cuando un plástico termina por desintegrarse, las moléculas que lo componen continúan existiendo por espacios que van —dependiendo del tipo de producto— desde unas pocas décadas hasta cerca de mil años. Cabe decir que si bien se han desarrollado algunos plásticos que sí son biodegradables, no siempre cumplen con las condiciones requeridas en la mayoría de los vertederos de basura, al tiempo que económicamente son más costosos, por lo que su producción es más bien limitada.

De manera particular en México, poco más del 10 por ciento de la basura que se recolecta se compone por plásticos, de los cuales sólo el 13 por ciento es sujeto a procesos de reciclaje. La industria del reciclaje, cabe decir, se dirige a un mercado con un valor superior a los 47 mil millones de pesos; sin embargo, a pesar de contar con tasas de crecimiento cercanas al 8 por ciento anual, aún se trata de una industria incipiente y sumamente rezagada si se le compara con la de Estados Unidos, Canadá y otros países (europeos sobre todo).

Dadas las características químicas y físicas de los compuestos plásticos —amén la contaminación aparejada a su producción—, éstos representan un factor importante en la contaminación del agua, el aire y el suelo, siendo ya un problema que requiere urgentemente de nuestra atención.

Como siempre, en lo que toca a la resolución de problemas que requieren de soluciones bien estructuradas, es necesaria la instauración de una política de reciclaje a nivel nacional contemplada por las autoridades, particularmente porque el gobierno es el que más puede incidir en promover la producción y el consumo de materiales reciclados de toda índole, no sólo del plástico. Sin embargo, nuestro papel como individuos también es fundamental para el impulso de una cultura del reciclaje que conlleve notables beneficios ambientales y económicos.

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