por Benjamín Díaz Salazar *

A mediados del mes de banderines y fanfarrias, más de un mexicano asimiló por fin que el PRI ha vuelto. Se han desvanecido las esperanzas depositadas por algunos con la idea de que “estábamos mejor con el PRI”. A lo largo de casi un año de trabajo peñista hemos visto una serie de acciones que dan cuenta de que el “nuevo” PRI, al retomar las riendas, sigue por el mismo camino interrumpido en 2000.

Reformas y propuestas son sólo algunas de las acciones emprendidas por el gobierno elegido en los comicios de 2012. Pero nada retrata el modus operandi priista como la represión contra los miembros de la CNTE en las inmediaciones del Zócalo capitalino hace dos días.

Hemos visto a lo largo de la historia el afán de los gobiernos tricolores por conciliar bajo cualquier circunstancia con los sectores que se oponen a sus decisiones. Precisamente se intentó realizar esta política con los miembros de la CNTE el pasado 11 de septiembre. El resultado fue dividido. Mientras que algunos profesores se retiraban durante la noche-madrugada de la plancha del Zócalo, otro sector asumía sus ideales y se mantuvo firme en permanecer en su plantón.

Pero fueron las acciones emprendidas el viernes 13 —meticulosamente y militarmente planeadas— las que pusieron trompetas a la entrada del PRI al gobierno federal. La movilización de la policía federal y del ejército marcó el inicio de un viernes (literalmente) gris. Cientos de maestros fueron empujados y acorralados. El valor de algunas personas como los trabajadores del INBAyL son representativas de un sentir ciudadano que considero generalizado. Una vez tomado el Zócalo, el “logro” fue vitoreado por las fuerzas armadas que habían entrado a la plaza principal.

El Zócalo después del desalojo
Después del desalojo.

Como muestra del descontento generalizado, estudiantes de la UAM-Azcapotzalco, de la UNAM y de la ENAH se manifestaron cerrando avenidas principales. ¿Cuál fue la reacción? Inmediatamente se desplazaron elementos de seguridad para ejecutar un plan para repeler a los manifestantes.

Así pues, en México, durante el mes de “celebración” de su libertad, se respira un aire difícil, pero sobre todo, bastante conocido. La fetidez del aroma político inunda nuestras calles. Las consecuencias de un voto sin conciencia se están viendo reflejadas en nuestros bolsillos y en nuestras circunstancias. Estamos en los albores de un sexenio de recuperación del poder. Y como tal, los esfuerzos de legitimación no cesarán.

La cuenta oficial de Twitter de la presidencia de la república citó palabras de Enrique Peña Nieto: “Por la transformación que exige y merece la inmensa mayoría de los mexicanos, vale la pena cualquier esfuerzo” y “Para hacer realidad el México que anhelamos, sabemos bien que tenemos que vencer inercias y resistencias”.  Mexicanos: el PRI ha vuelto.

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