Evo Morales y la realpolitik del siglo XXI

por Bernardo Ibarrola *

Y aquí aparece Evo Morales y su pasaje fortuito por Moscú. Putin vio en el mandatario de Bolivia la posibilidad de deshacerse de la papa caliente que significa Snowden, mientras que el antiguo jefe de los cocaleros de Cochabamba evaluó mal la situación y se metió en un juego de diplomacia y espionaje que sólo podía perjudicarlo. ¿Qué información útil para la política exterior o interior de Bolivia podía ofrecerle el ex contratista de la NSA? ¿En que medida, por otro lado, el gobierno de La Paz podría sacar provecho del prestigio internacional ganado por aplicar el derecho de asilo en ese caso en particular? Así, mientras las posibles ganancias parecían magras, los costos inminentes eran enormes, pues no es lo mismo mantener la inviolabilidad de una representación diplomática —como ha logrado hacer el gobierno de Correa en Londres— que garantizar el libre paso de un avión, tan sujeto a variables y veleidades, por medio mundo.

"La inmunidad diplomática de una aeronave es directamente proporcional al poder de la bandera con la que viaja."

“La inmunidad diplomática de una aeronave es directamente proporcional al poder de la bandera con la que viaja.”

Además, el presidente Morales no es el jefe de una potencia regional, como Brasil o Argentina, ni encabeza una diplomacia abiertamente revolucionaria, como la de Cuba (un paisito de once millones de habitantes que cuenta con uno de los ejércitos más poderosos del continente y una experiencia en “grandes ligas” internacionales de más de medio siglo) o la de la República Bolivariana de Venezuela (poseedora de la mayor reserva de petróleo del mundo). Bolivia es un país pobre, con muy poco peso internacional, que tuvo incluso que confiar a pilotos venezolanos la conducción del nuevo avión de su presidente cuando lo compró, hace pocos años.

Evo Morales, en vez de sacar el máximo provecho de la decisión que de cualquier manera tomó —no llevarse consigo a Snowden— dejó espacio para la duda y se convirtió en el primer jefe de estado víctima de la realpolitik del siglo XXI: su avión fue obligado a aterrizar y no volvió a despegar hasta que el gobierno de Estados Unidos estuvo seguro que Snowden no iba a bordo. ¿Qué podía hacer tras la humillación, además de pronunciar un emotivo discurso de regreso a su patria en el aeropuerto del Alto y llamar a sus representantes en Madrid, Lisboa y París? ¿De qué le va a servir la solidaridad declarativa de los otros mandatarios latinoamericanos? (“es todo muy humillante”: Fernández; “¡Nuestra América no puede tolerar tanto abuso! ¡Lo que es con Bolivia es con todos!”: Correa) y movilizar esfuerzos en la OEA y la Unasur? A Bolivia no le quedará más que aceptar de mala gana —o rechazar, peor para ella— las inverosímiles explicaciones de los ministros de asuntos exteriores de Europa sobre el “malentendido” y, acaso, encabezar, ahora sí, el proceso de asilo para Snowden, de tal forma que la indignación y el trabajo latinoamericanos solo servirán, a fin de cuentas, para desembarazar a Rusia de un asunto enojoso y salvar al ex consultor de inteligencia de la cárcel.

En todo caso, el incidente de Viena puso en evidencia que la inmunidad diplomática de una aeronave es directamente proporcional al poder (económico, político, militar) de la bandera con la que viaja; que Assange no podrá abandonar el territorio británico a bordo de un avión ecuatoriano, y que su inmunidad se limita al reducido espacio de la representación de Ecuador en la capital del Reino Unido. Dejó claro, también, que el destino de los tránsfugas de los servicios de espionaje del siglo XXI será, en el mejor de los casos, un fragilísimo exilio en alguna capital andina.

No sé qué opinan el día de hoy Assange y Snowden sobre la supuesta universalidad de los valores éticos que los llevaron a difundir la información de la que disponían, pero estoy seguro que ni Steven Spielberg ni Steven Soderbergh tienen prisa en utilizar sus historias como base para elaborar edificantes y tranquilizadoras fábulas hollywoodenses.

Una respuesta a “Evo Morales y la realpolitik del siglo XXI

  1. O sea, los latinoamericanos seguiremos siendo ninguneados, marginados, discriminados, despreciados, humillados, excluidos, vituperados a pesar de los berrinches que hagamos ¿O qué? ¿Calladitos nos vemos bonitos?

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