por Jorge Domínguez Luna *

El jueves pasado, 22 de noviembre, se llevó a cabo la ceremonia de inhumación de Amalia González Caballero de Castillo Ledón, Edmundo O’Gorman, María Izquierdo y José Pablo Moncayo en la “rotonda de las personas ilustres” del panteón de Dolores. Evidentemente, el interés en la noticia se debe a la inclusión del historiador proveniente de una familia de origen irlandés.

Analicemos el episodio en dos vertientes: una, la instalación de O’Gorman en la historia de bronce; la otra, el uso del discurso histórico por parte del secretario de Gobernación, Alejandro Poiré. Sobre el primer punto habrá que decir que no se cuestionan los méritos de don Edmundo para ser merecedor de un homenaje por parte del estado mexicano; empero, parece cruel que la manera de hacerlo sea mediante la instauración de su nombre en la historia oficial, aquella que nos cuenta cómo los grandes hombres –y unas cuantas grandes mujeres— han construido y destruido este país, incluso desde antes que fuera tal. Una historia que se presenta formada por cadáveres y piedras; no la historia-como-vida que predicaba el historiador homenajeado.

En el segundo caso, y siguiendo con el manejo oficialista de la historia, es notable la cantidad de referencias hechas al pasado, su utilidad e importancia. En un discurso de más-menos 1 500 palabras organizadas en 32 párrafos, Poiré realizó diez alusiones a la historia con frases como “la historia de nuestro país”, “nuestro derecho histórico” y “homenaje a nuestra historia”, entre otras. Lo que resulta incomprensible del asunto es que la historia a la que se refirió el encargado de la política interior del país parece ser la misma que promovía el estado mexicano-priista antes del año 2000 y es la misma historia a la que aludían los spots utilizados por la ex candidata presidencial de Acción Nacional para desacreditar a su adversario en la contienda electoral. Es de lamentar que el discurso para homenajear a Edmundo O’Gorman no haya contenido un pizca de su visión sobre la historia.

Finalmente, no deja de ser extraño que en un breve periodo de tiempo dos renombrados historiadores (Miguel León Portilla y Edmundo O’Gorman) hayan tenido encima los reflectores de la prensa nacional; especialmente si pensamos que en este país no se concibe a los profesionales del pasado como actores sociales de gran relevancia.

¿Flama eterna? (Foto: jorgalbrtotranseunte.wordpress.com)
¿Flama eterna? (Foto: jorgalbrtotranseunte.wordpress.com)

Desafortunadamente, en ninguno de los casos puede pensarse en un beneficio para la práctica historiográfica o para el gremio iniciado por Heródoto. Las apariciones públicas de ambos historiadores —físicas o no, voluntarias o tampoco— sólo han contribuido a reforzar la idea que se tiene del historiador y su trabajo en el imaginario popular: como legitimador de gobernantes por muy cuestionables que éstos sean, como autores de una narración nacional que nos da sentido y nos explica a todos por igual.

Nos hemos quejado de la falta de atención hacia los historiadores y a lo que tenemos que decir, pero parece que cuando las oportunidades se dan, no se aprovechan; por lo menos, no en el sentido que desearía este Observatorio de Historia. De ahí la motivación para conformarnos como un grupo de trabajo.

2 Comments

  1. La porción del discurso de Poiré relacionado con O´Gorman es verdaderamente breve. Me parece muy interesante el origen de la iniciativa para trasladar sus restos a ese lugar. Según excélsior: “La iniciativa para trasladar al historiador surgió en 2006, en el centenario de su natalicio. La principal impulsora de la iniciativa ha sido Cándida Fernández, directora de Fomento Cultural Banamex, quien también tuvo al teórico como maestro en la Universidad Iberoamericana. ‘Ella es realmente la promotora, es de las alumnas de don Edmundo y realmente ella ha hecho los trámites y ha conseguido los apoyos’, señala la historiadora [Josefina Zoraida Vázquez]”.
    Yo creo que Poiré no ha leído nada de O’Gorman y que en cambio es el poder económico, no el del estado, quien determina cómo se relaciona éste último con la historia.

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    1. Dices que el poder económico es el que determina cómo se relaciona el estado con la historia. ¿Alguna vez el poder económico ha estado separado del estado? El hecho de que Cándida Fernández haya sido la promotora de la inclusión de O’Gorman en la rotonda, confirma que el discurso histórico del estado es un conglomerado de ocurrencias. En todo caso, es una lástima que ninguna institución relacionada con la práctca historiográfica haya hecho la propuesta.

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