Ciencia y tecnología

¿Universidad o instituto de facción?

Pedro Salmerón Sanginés

Puesto que en este blog estamos poniendo sobre la mesa muchas de las prácticas académicas del antiguo régimen aún vigentes, y considerando que por doquier me preguntaban “¿por qué trabajas en el ITAM?” y que ahora me preguntan “¿por qué saliste del ITAM?”, creo pertinente hacer una breve relatoría.

  1. Ingreso al ITAM y promociones

Empecé a trabajar en el ITAM como profesor de asignatura en agosto de 2005, cuando buscaba sin éxito una plaza académica de tiempo completo en instituciones públicas de educación superior. En agosto de 2007 fui promovido a la categoría de “asignatura plus”, que se usaba generalmente para que altos funcionarios siguieran en el instituto, como gancho mercadotécnico, con un sobresueldo no desdeñable.

Las razones de esa promoción las detalla el director del Departamento Académico de Ciencia Política al director general de la División de Economía, Derecho y Ciencias Sociales: “El Dr. Salmerón […] se ha desempeñado con éxito como profesor de asignatura, obteniendo excelentes evaluaciones [de los alumnos] en los cursos que ha impartido” y porque “Lo considero uno de los mejores jóvenes historiadores”. En junio de 2009, el director de Ciencia Política solicitó al director general de la DEDCS mi contratación como profesor de tiempo completo:

“En menos de nueve años el Dr. Salmerón ha publicado cuatro libros y editado tres libros más. Ha publicado trece artículos académicos […] por toda esta obra, y especialmente por su contribución al estudio del villismo, ya es reconocido como uno de los historiadores jóvenes más destacados. […]. Durante los cuatro años [anteriores] como profesor de asignatura en el ITAM ha recibido calificaciones consistentemente buenas.”

En enero de 2010 fui contratado como profesor de tiempo completo. En los documentos quedan claras las razones para las que se me contrató. Éstas se ratifican en otro memorándum del director de Ciencia Política al vicerrector (quien había sido director general de la DEDCS), fechada el 7 de diciembre de 2011:

“Las evaluaciones docentes del profesor Salmerón […] se mantienen en un nivel alto de aprobación […] El profesor Salmerón ha mantenido su excelente productividad académica […] En sus primeros dos años en el ITAM publicó un libro y cinco capítulos en libros. Además participó en 27 congresos, foros o coloquios nacionales […] cabe destacar […] que recibió el premio Jóvenes Científicos en el Área de Humanidades 2011, entregado por la Academia Mexicana de la Ciencia.”

Es decir, no sólo no se pone en duda mi ruta y mis temas como investigador ni sus resultados. Al contrario, se elogian y son base para solicitar promoción, que fue aprobada. (Las evaluaciones a que se refiere el director son las que cada semestre responden de manera libre y anónima todos los alumnos, donde los comentarios sobre mi labor docente eran casi siempre elogiosos y no hay nunca, en ningún momento, alusión a ningún comportamiento ni actitud inadecuados. Obran en mi poder, como el resto de los documentos citados.)

  1. Acoso laboral

El primero de abril de 2014, el director de Ciencia Política (uno nuevo) me informó que, de acuerdo con la reforma hecha en 2012 al reglamento de contratación del ITAM, en 2018 sería evaluado “para la retención de la categoría de profesor titular conforme al nuevo reglamento”. Y añadía: “La evaluación se realizará con base en la revisión de tus publicaciones y las cartas de referencia de pares académicos en la disciplina” (importante señalarlo, porque nunca fui evaluado por pares académicos de mí disciplina).

En octubre de 2017, el (nuevo) director de Ciencia Política me informó el resultado de la “evaluación exoficio de tu desempeño como profesor de tiempo completo”. No ponían peros a la docencia (al contrario: “te invita el comité a continuar tu buen desempeño”). Pero

La producción académica reportada resultó insatisfactoria para el comité con base a [sic] los estándares del departamento y de la división. Las razones señaladas son una combinación de baja producción en editoriales y journals estrictamente académicos; y el hecho de que tu investigación se enfoca exclusivamente a la disciplina de la historia, no a la de la ciencia política. Esto tiene un valor reducido para el departamento al que estás adscrito […]. Tu investigación tampoco ha sido publicada en journals o editoriales relacionados a la ciencia política de Estados Unidos o el Reino Unido (que son las editoriales con mayor difusión y prestigio en nuestra disciplina), lo que limita el potencial del impacto.

Así, de pronto, ya no eran válidas las razones por las que se me había contratado y promovido: ser historiador, publicar libros. Tampoco el hecho de que el departamento me fecilitara públicamente en 2016 por obtener el Premio Clavijero del INAH al mejor libro de historia publicado en 2015 ni por mi promoción al nivel 2 del Sistema Nacional de Investigadores en 2017.

Respondí el 30 de octubre de 2017 recordándole al director de Ciencia Política que había publicado en las dos las revistas académicas más prestigiadas de México en mi área, y en una de Estados Unidos.

“Además, y privilegiando el trabajo de interpretación y análisis colectivo, en estos siete años publiqué diez capítulos en libros colectivos de editoriales estrictamente académicas, todos ellos sometidos al dictamen de mis pares […].

”El no publicar [mis libros] en editoriales académicas no limita el impacto de mis trabajos entre los académicos: puedo mostrar que prácticamente no hay libros académicos publicados después de 2010 sobre la revolución mexicana, que no citen o discutan, de una u otra forma, mis libros. También se refleja eso en el hecho de que se me haya promovido al nivel 2 del sistema nacional de investigadores.

”De la misma manera, entre los historiadores mexicanos y mexicanistas se prefieren las publicaciones en México, pues nuestros trabajos están dirigidos principalmente a un público mexicano así como a nuestros pares y colegas mexicanos o mexicanistas […].

”El asunto que más preocupa al comité es que soy historiador y no politólogo. Y ése es el problema de fondo, porque, en efecto, soy historiador y no politólogo. Y, en efecto, al parecer mi obra tiene escaso impacto entre los estudiosos de la ciencia política y prácticamente nulo fuera de México […].

”Sobre ello tengo algo central que decir: justamente me contrataron en el ITAM como historiador, no como politólogo. En efecto: tras cuatro años de dar clase como profesor de asignatura, y a propósito del cambio de plan de estudios que elevó a tres las materias de historia de México, el entonces jefe del departamento […] sugirió mi contratación para fortalecer esa área y hacerla una columna del departamento […].

”Me angustia que el comité encuentre “problemática la orientación disciplinaria de mi producción”, cuando se me contrató justamente por dicha orientación e incluso por algunas de las formas en que la ejerzo, en términos mediáticos [y que] hacen presente al ITAM en ámbitos en los que su presencia no es común. De la misma manera, esa presencia me ha llevado durante estos años a defender públicamente, en medios y redes, la pluralidad del ITAM (esencia, para mí indeclinable, de la educación superior) y de la libertad de cátedra e investigación de que he gozado en nuestra institución […].

”La pluralidad de una institución universitaria no sólo se manifiesta en la pluralidad ideológica y la diversidad de temas de estudio: también en las formas de abordarlos y presentarlos. Creo que he aportado y puedo (y deseo) seguir aportando al ITAM desde esas perspectivas e informar de la evaluación que de mi trabajo hacen mis pares de otras instituciones. Pero, ¿cómo hacerlo, […] si el comité considera que el trabajo del historiador no es valioso para el departamento?”

Para mí, la situación era de franco acoso laboral. De pronto, mi trabajo estaba en duda y en riesgo. Y la sensación fue creciendo: una angustia explícita en el primer párrafo y en la pregunta final.

El 7 de marzo de 2018, el director de Ciencia Política me informó: “hemos iniciado el proceso de evaluación.” El 5 de abril presenté al comité ad hoc (integrado por los directores de división del ITAM, ninguno de ellos historiador) el documento en que detallé mi actividad académica 2010-2017, y repetí las consideraciones arriba citadas.

El 24 de julio de 2018, el director de Cienca Política me informó del resultado. Añade que “la información contenida en este documento fue consensada” con el vicerrector. Los resultados: “En el área docente reconocemos tu labor y tu importante aportación para nuestros alumnos.” Pero repiten: “La producción académica reportada resultó insatisfactoria para el comité con base a los estándares del departamento y de la división.” En tres párrafos se las ingeniaban para descalificar dicha producción. Y lo hacía la misma persona, el vicerrector (vía el director de Ciencia Política) para quien unos años antes el mismo tipo de producción (libros como historiador y artículos como historiador académico) había sido más que satisfactoria. Ahora exigían que me convirtiera en politólogo al uso del ITAM, es decir, que publicara trabajos en revistas inglesas o estadounidenses. Sabían que no lo haría. Sabían también que no me contrataron por eso ni para eso. ¿Qué cambió?

  1. Política

Los anteriores son hechos. Acá tenemos que empezar a especular, aunque también con base en hechos.

En el ITAM era conocida mi militancia en Morena. Le daba un toque de pluralidad al Departamento de Ciencia Política. Mi relación con los profesores del departamento era de amistad o por lo menos, de respeto mutuo, salvo con Denise Dresser (eran públicas y notorias su animosidad y mis críticas, que arreciaron durante su campaña de calumnias contra Cuitláhuac García y su apoyo declarado a Miguel Ángel Yunes en el proceso electoral para gobernador de mi estado natal en 2016).

Parecía que mi militancia en Morena estaba bien mientras el ITAM y sus egresados estuvieran en el gobierno o fueran gobierno (también era público mi rechazo y mi crítica a la conducción de la política económica nacional por Aspe-Gil-Carstens-Cordero-Meade-Videgaray, egresados del ITAM y honrados por el instituto). De pronto el rector y el vicerrector pensaron que el ITAM, de la mano de José Antonio Meade, podía ser el gobierno y no estar en el gobierno. Pero también aparecía frente a ellos un claro desafío: el ITAM podía quedarse fuera del gobierno si Andrés Manuel López Obrador ganaba la presidencia.

Y de pronto pareció que una institución de educación superior hacía campaña política como tal (no sus miembros a nivel personal, lo que es válido, incluso necesario). Quizá se hizo obvio cuando en junio de 2016 el rector, sin hacer la debida distinción si lo hacía como tal o a título personal, dijo que “Morena es un riesgo para el país”. Respondí en Twitter: “pésima manera de expresar su opinión”. También señalé: “el ITAM es plural y muchos rechazamos […] la desafortunada declaración del rector.” A partir de entonces (y coincidiendo en el relevo en la dirección del Departamento de Ciencia Política) el ITAM empezó a negarme los viáticos o permisos para acudir a foros y eventos académicos, que entre 2010 y junio de 2016 me había dado sin problema ni regateo.

Sumo y sigo: en algún momento (no sé cuándo) se suprimió la categoría “asignatura plus”, y el 15 de junio de 2018 la junta de gobierno del ITAM aprobó una reforma a su estatuto general. En el nuevo estatuto se especifica que ninguna licencia sin goce de sueldo puede prolongarse más de un año. El vicerrector me informó de viva voz que quien hubiese renunciado al ITAM no podría ser recontratado. Era evidente que no me querían, ni a nadie que se incorporara al gobierno de la cuarta transformación, cambiando de manera visible sus políticas anteriores. Si el ITAM alguna vez aparentó ser plural, esta serie de medidas lo muestran como un instituto de facción. Esta explicación de orden político es la única que tengo para entender un cambio tan marcado de actitud y de las valoraciones sobre mi trabajo académico. Y eso es lo que puedo documentar. Imaginen lo que no puedo documentar.

En julio de 2018 estaba claro para el ITAM y para mí que mi ciclo en esa institución había terminado. Pero cometí el error de no esperar a que me corrieran. Por miedo a quedarme sin trabajo o sin paracaídas, pedí licencia por un año como profesor de tiempo completo efectiva a partir del 31 de diciembre de 2018, y acepté un contrato de profesor de asignatura. (Por cierto, nunca renuncié a mi plaza de tiempo completo.) El resto es otra historia que corre actualmente por cauces legales.

12 comments on “¿Universidad o instituto de facción?

  1. Omar Martínez

    Wow, qué historia, lamentablemente ese tipo de escuelas así se manejan. Éxito

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  2. Sergio Bris Flores

    Por lo expresado en el documento, el ITAM ha quedado como una “institución monolítica” con perdida del enriquecimiento intelectual plural,no se puede aceptar una visión única y sesgada de la realidad del país dejada por la herencia de los egresados que han participado en “política” en el sexenio de Calderón y Peña Nieto.

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    • Karla Estrada

      Me parece lamentable que atañas tu despido por ser afín a la 4T, muchos profesores de otros departamentos, específicamente el de estudios generales, también son afines tanto a la 4T como a causas de izquierda, lo mismo que el departamento de derecho. Omitiste mencionar también las abundantes denuncias de acoso, no sólo en tendededores, sino ante el proceso oficial previsto por la institución, proceso(s) que no llegaron a nada, y que no fue uno ni dos ni 3,fueron varios. Y que con base en eso hechos, se especula, aprovechando que gustas de especular, que esa fue otra de las razones que contribuyeron a tu salida silenciosa

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      • No sé que es “atañar” pero lo infiero. Estoy presentando documentación sobre claros cambios estatutarios en el ITAM. ¡Abundantes denuncias? No he visto ninguna, por más que desde febrero le he exigido al ITAM que me las muestre:

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  3. Estimado Dr. Salmeron: Leemos de su epopeya y compartimos con otros colegas la misma. La manera de bregar de las instituciones académicas es similar en los países condenados a ser colonias de la Gringada. Aprecio en mucho a México y como historiador escogi a ese país durante mis estudios doctorales en historia. Y aun cuando no he pasado por sus tribulaciones se de muchos colegas que acá en la Universidad de Puerto Rico y en otras del país se practican las mismas politicas de busqueda de sombrilla a la politica del estado interviniendo esta en los asuntos académicos sin querer queriendo. Tenga usted mi fraterno saludo y deseos que pueda ganar la guerra en que se encuentra.

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  4. Anibal Barca

    y el acoso a las alumnas? hasta te denunciaron

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  5. Y por qué no dice nada de las denuncias de acoso por parte de sus alumnas? Porque incluso directivos, quienes también llevan a cabo las investigaciones, dejaron en claro que las razones de su despido fueron por acoso sexual. Que conveniente es dejarlo afuera de su cronología.

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  6. Zara del Norte

    Dr. Salmerón: si bien pocas veces estoy de acuerdo con sus opiniones, no puedo sino sentir gran enojo ante lo que acaba de relatar líneas arriba. Siempre me había preguntado cómo es que alguien con declaradas ideas de izquierda había terminado dándole clases a Juniors hijos de papi. Me parecía contradictorio en toda la extensión de la palabra. Pero al igual que usted, muchos historiadores en este país, ante la necesidad de trabajar y llevar el pan a la mesa, terminan impartiendo clases en colegios y universidades privadas en las que gobierna la cerrazón, en las que se restringe la libertad de cátedra y se promueve la nula interdisciplinariedad.
    No sé con qué parámetros mide el ITAM la producción científica, está visto que ese tipo de ciencia neoliberal desconoce a la máxima institución capaz de medir eso (con todo y sus fallas): el Conacyt. Y está visto que sólo interesa formar a los futuros vendepatrias de este país, no les interesa formar cuadros académicos serios. En fin, deseo que su situación laboral encuentre justicia y que continúe en el camino de la libertad de expresión, aunque no sea santo de devoción de muchos.

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  7. Marco Ornelas

    El ITAM es una institución neoliberal no desde el 2018, cuando el PRIAN pierde el gobierno, sino hace cuando menos 40 años atrás. Hace bien el Dr. Salmerón en proporcionar el contexto político de su caso laboral pues arroja luz sobre el verdadero sentido de los acontecimientos. Para los interesados, aquí la liga al contexto político e ideológico en que nace el neoliberalismo mundial:
    https://www.researchgate.net/publication/343514207_Neoliberales_de_ayer_y_de_hoy

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