SNI, privilegios y generosidad

Héctor Vera [1]

En días recientes se publicaron dos artículos —uno firmado por Mayte Muñoz y Efraín Lazos en El Economista, otro por Luis Fernando Granados en este espacio— a propósito de la polémica por una petición a los miembros del Sistema Nacional de Investigadores para que donaran uno o tres meses de su estímulo al Patrimonio de la Beneficencia Pública. Este llamado revivió viejos debates sobre el SNI. Estos textos reproducen una serie de lugares comunes (implícitos y no cuestionados) acerca de los integrantes del SNI sobre los que quisiera reflexionar aquí. (Aclaro que no puedo ser considerado un observador neutral en este asunto. Soy miembro del SNI desde 2015, actualmente en el nivel 2.)

Tras leer los artículos de Granados y Muñoz y Lazos queda la impresión de que los miembros del SNI están dominados por una irracionalidad incontenible contra el gobierno federal y que su único interés para participar en la vida pública es asegurarse de que les den dinero. La imagen que dibujan de los investigadores es algo como Ebenezer Scrooge con bata de doctor Frankenstein.

Los investigadores del SNI son más activos en la vida política y social del país de lo que usualmente se les reconoce. Los debates sobre las acciones de los miembros del SNI no deberían confundirse con lo que opinamos sobre la pertinencia del SNI como institución. El SNI no debería existir. Tendría que ser sustituido por un esquema que garantice salarios suficientes y dignos —no condicionados por una evaluación— para todos los académicos. La brecha que separa distintos tipos de académicos (principalmente entre los de tiempo parcial y los de tiempo completo, y entre los que tienen acceso a estímulos y los que no) debe ser reducida. El principal obstáculo para conseguir esto es la crónica insuficiencia de recursos para las instituciones de educación superior, producto de las perenes políticas de austeridad. Pero como diría Jack el Destripador, vamos por partes.

Si aspiramos a tener un retrato menos distorsionado primero hay que mencionar algunas cosas que deberían ser bien conocidas, pero que al parecer se ignoran u olvidan cuando se opina sobre los investigadores del SNI. 1) El SNI no está conformado por un bloque homogéneo de profesores e investigadores. 2) El mundo académico en México está marcadamente estratificado; el SNI es sólo un elemento de esa estratificación. 3) Ser miembro del SNI no significa, necesariamente, estar fuera de la precariedad laboral. 4) Hay miembros del SNI que tienen la distinción nominal de ser “investigadores nacionales” pero que no reciben dinero del SNI pues no cuentan con una adscripción de tiempo completo. (Hasta uno de cada 15 investigadores podría estar en esta situación.)[2] 5) Ser miembro del SNI no significa, necesariamente, vivir holgadamente. 6) Nadie en México se ha hecho rico por dar clases en una universidad y publicar artículos científicos. 7) No todos los miembros del SNI son parte de la elite universitaria ni todos los miembros de la elite universitaria forman parte del SNI. 8) No todos los miembros del SNI son opositores al actual gobierno (en muchos casos es incluso lo opuesto). 9) Es falso que los miembros del SNI que hoy critican al gobierno federal fueran condescendientes con pasadas administraciones.

Cada uno de estos puntos merecería ser tratado con detalle, pero demanda más espacio del aquí disponible. (No trataré aquí el importante tema del proceso de evaluación para ingresar y permanecer en el SNI y otros programas de estímulos. Varios hemos investigado ese tema y hemos expresado nuestras críticas. Por ejemplo aquí, aquí y aquí.)

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El SNI es uno de los blancos predilectos cuando se habla casualmente sobre los males que aquejan a las instituciones de educación superior mexicanas. Entre los varios prejuicios sobre los miembros del SNI está el cacareado desinterés de los investigadores por el impacto social de su trabajo —el cliché del académico reducido a “productor de papers”. La naturaleza del trabajo especializado de investigación proyecta una imagen de solipsismo. Alguien que pasa años enteros indagando sobre “la aritmética maya en el periodo posclásico” o sobre “la interacción de los clorofluorocarbonos con otros gases atmosféricos” resulta a simple vista un individuo desconectado de los sufrimientos que aquejan a las personas fuera de la torre de marfil. Pero lo que podemos ver, una y otra vez, es que en situaciones concretas esos mismos investigadores que muchos ven como “abstraídos de la realidad” traducen su conocimiento especializado en posturas políticas puntuales. Lo hacen, digamos, documentando cómo la introducción de un tren que atraviese la península de Yucatán destruiría vestigios arqueológicos, o calculando cómo la construcción de una refinería contribuiría a agudizar los daños por el cambio climático. Curiosamente, cuando hacen eso son los mismos políticos que antes les pedían mostrar “compromiso social” quienes dicen a los científicos que no se metan en lo que no les importa, que regresen a sus cubículos y que se queden calladitos. Ejemplos de esto sobran, particularmente en este sexenio.

Es importante poner énfasis en esto, porque la imagen del investigador cuya única actividad práctica es escribir artículos y cuya única pasión es su dinero del SNI es una de las mentiras más repetidas en el debate público sobre el papel de los científicos. El interés social y la acción política de los investigadores son intensos e ininterrumpidos. Lo que debe entenderse es que se trata de acciones donde no actúan todos ellos al unísono, no practican un tipo de política que se canalice a través de los partidos políticos, ni sus intervenciones aparecen en las primeras planas de los periódicos.

Es sorprendente qué fácil se le olvida a algunos el trabajo de los geólogos para diseñar la alerta sísmica que ha salvado (y salvará) muchas vidas humanas, de los biólogos que alertan sobre el efecto nocivo de los pesticidas, de los ecólogos que denuncian la pérdida de biodiversidad, de los químicos que documentan los peligros para la salud que conlleva el fracking, de los especialistas en ciencias atmosféricas que promueven la reducción en la emisión de clorofluorocarbonos, de los ingenieros forestales que se movilizan contra la tala clandestina, de los nutriólogos que se enfrentan a las compañías refresqueras, de los lingüistas que trabajan en la preservación de lenguas mesoamericanas, de los antropólogos que suenan las alarmas sobre despojos a comunidades indígenas, de especialistas en temas de género que promueven leyes que permitan abortos seguros y gratuitos, de los historiadores que demandan la protección y el libre acceso a las fuentes documentales, etcétera, etcétera, etcétera. Huelga decir que muchos de ellos participan en muchas de esas actividades aunque no les retribuirán en nada para sus evaluaciones del SNI.

Es sorprendente que Granados y Muñoz y Lazos no vean (u omitan) todo esto. Más aún porque lo hacen en medio de la pandemia, donde la participación de los investigadores es muy difundida (incluyendo la del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, SNI 2). Todos los días se publican noticias de matemáticos y demógrafos construyendo modelos estadísticos sobre los posibles contagios futuros, de genetistas secuenciando el genoma de las sepas de Sars-Cov 2 presentes en México, de laboratorios de varias universidades reconvertidos para hacer pruebas de Covid, del Cinvestav desarrollando pruebas de 15 minutos, de centros Conacyt construyendo ventiladores, de biotecnólogos colaborando para encontrar una vacuna, de psicólogos elaborando guías para que el público pueda lidiar con el estrés y la depresión causadas por la cuarentena, de pedagogos sugiriendo actividades para la enseñanza de los niños que están recluidos en casa.

Si queremos entender mejor las acciones y actitudes de los científicos tenemos que entender que son individuos que no tienen nada de extraordinario. No son mejores ni peores que otras personas. Tienen intereses venales, como cualquiera; pero también, como cualquiera, son personas que en instancias específicas son movidas por la solidaridad y la empatía, y demuestran recurrentemente estar dispuestos a poner sus habilidades al servicio de causas comunitarias.

* * *

Vayamos ahora a algunos aspectos concretos del debate sobre la invitación del Conacyt para que los miembros del SNI donaran sus estímulos. Granados sostiene que “pocos sectores de la sociedad han vivido el confinamiento en mejores condiciones que los profesores-investigadores: sin la más mínima afectación salarial y aun con la reducción de algunos de los mecanismos de control laboral impuestos por las burocracias (como registrar su asistencia al salón de clases)”. Esto sólo ocurre en algunos casos. Las mujeres y los investigadores jóvenes (aquellos que tienen hijos pequeños en casa) no se sienten liberados de ningún control. Tener que dar clases desde casa, con sus hijos pidiendo atención al otro lado de la puerta, ha producido niveles de estrés laboral muy superiores a los que significaba asistir al salón de clase. Sin contar que son precisamente las mujeres y los jóvenes investigadores quienes ocupan en mayores números los niveles de ingreso más bajos del SNI y son quienes acostumbran estar en las posiciones de vulnerabilidad laboral que aquejan a algunos miembros del sistema. Para ellos esta epidemia sólo ha reforzado las desigualdades. Y muchos de ellos serán próximamente evaluados por el SNI y sus ingresos estarán en juego; si no pudieron publicar nada durante estos meses, no será un problema que le importe al Conacyt. Y no puedo dejar de mencionar aquí a los más de mil quinientos miembros del SNI que trabajan en el campo de ciencias de la salud y que realizan su labor, muchos de ellos, en los hospitales; me imagino qué cara pondrían si les decimos que “pocos sectores de la sociedad han vivido el confinamiento en mejores condiciones” que ellos.

También difiero de la opinión de Granados en la que califica como “exabrupto risible” las declaraciones de muchos investigadores que sintieron el correo del Conacyt como chantaje o extorsión. Para mí el correo se sintió como un llamado de Emilio Azcárraga para que los trabajadores de Televisa donen “voluntariamente” al Teletón. En particular porque esta administración del Conacyt ha sido visiblemente agresiva con los miembros de la comunidad científica que cuestionan sus lineamientos. Una pregunta repetida entre los miembros del SNI fue “¿y si no realizo la donación afectará mi evaluación del SNI el próximo año?” Quizá era una preocupación sin fundamento, pero lo repetido de la pregunta lleva a una cuestión crucial: ¿a qué se debe que los investigadores no confíen en los directivos del Conacyt? Muñoz y Lazos se hacen esa pregunta y para ellos sólo hay dos posibles causas por las que pudo haber sospechas:

1) Que el documento en el cual se hizo la petición estaba mal hecho. Esto es cierto, estaba mal hecho. No sólo contenía datos incorrectos, sino que tenía los visos de ser un fraude. Antes que ninguna queja, lo primero que suscitó el documento fueron inquietudes sobre su posible veracidad. Tan fue así que dos días después, el viernes 16 de mayo, el mismo Conacyt tuvo que enviar un correo aclaratorio cuyo primer punto leía “El documento de invitación es legítimo”. Otros dos días más tarde (18 de mayo), el Conacyt envió un tercer correo que informaba que todo “Se trató de una iniciativa de buena fe, formulada desde esta Secretaría Ejecutiva del SNI, para la que no fue consultada la Presidencia de la República. […] Con el fin de evitar malentendidos anunciamos por este medio que la retiramos formalmente”. Al final todo el asunto sucedió en tres correos enviados en un lapso de cuatro días. Dos días con una información confusa que el Conacyt no confirmaba ni desmentía, una aclaración y, pasado el fin semana, la cancelación. Tristemente esto no sorprende, no ha sido la primer debacle comunicativa en el Conacyt en el último año y medio.

2) El segundo motivo que proponen Muñoz y Lazos sobre la recepción que tuvo el documento es que entre los miembros del SNI hay una “disposición previa a rechazar cualquier llamamiento venido del actual régimen”. Esto es manifiestamente falso en muchos casos (incluido el del propio Efraín Lazos, SNI 2), pues entre los miembros del SNI abundan los defensores entusiastas del actual régimen.

Es extraño que Muñoz y Lazos no imaginaran otras razones por las cuales el gobierno federal y los directivos del Conacyt hayan perdido la confianza de los investigadores, habiendo tanta tela de donde cortar. No se les ocurrió pensar que quizá un factor han sido las acciones negativas e insultos que la comunidad científica ha recibido de esta administración. Menciono algunos episodios que me vienen a la memoria: primero amenazar con una reducción y después estancar el presupuesto de las universidades públicas desde el inicio del sexenio; quitarle a los académicos del Cinvestav una importante prestación (seguro médico); amenazar con eliminar los viáticos y permisos para asistir a congresos internacionales porque sólo lo usan para hacer “turismo político”, según este reporte de las palabras del presidente; llamarle “colgados de la nómina” a los jóvenes de las Cátedras Conacyt; reducir drásticamente el número de becas posdoctorales del Conacyt; mantener en la incertidumbre el futuro de los centros públicos de investigación; hacer cambios en los reglamentos del SNI y aplicarlos retroactivamente para marginar de las comisiones a quienes han criticado a la directiva del Conacyt; hacer votaciones para las comisiones evaluadoras del SNI utilizando métodos que no aseguran transparencia (¡para la más reciente votación usaron SurveyMonkey!), etcétera. Quizá si el nuevo gobierno no hubiera emprendido esas acciones, los investigadores hubieran sido más receptivos al llamado del Conacyt para donar al Patrimonio de la Beneficencia Pública.

Los responsables de la política científica. (Foto tomada de aquí.)

En su texto, Granados alude a una actitud “farisea” de los miembros del SNI, pues supone que sólo se manifiestan en la arena pública cuando sus ingresos monetarios personales parecen estar en riesgo. No dudo que sea el caso de muchos de ellos; tampoco veo en ello algo reprobable. El salario de los académicos —al igual que el sobresueldo del SNI que antes formaba parte de su salario y fue convertido en una transferencia condicionada— no es una dádiva del gobierno ni de las universidades; es la forma monetaria en que esos trabajadores son compensados por vender su fuerza de trabajo. No hay nada inmoral en que un trabajador proteste cuando considera que está amenazada esa compensación. Cuantimás porque, como ya dije, una proporción importante de los miembros del SNI no tienen una posición acomodada.

Lo que el texto de Granados no menciona es que muchos investigadores no protestaron por el llamado a la cooperación, simplemente no deseaban materializarlo por la vía sugerida por el Conacyt. Muchos expresaron su desconfianza a darle ese dinero al gobierno y prefirieron hacer sus donaciones a organizaciones no gubernamentales o a proyectos como Dona un kit, protege a un residente, de Fundación UNAM. También señalaron la falta de visión (o decisión) del actual gobierno para combatir las causas tanto de la desigual distribución de riqueza como de la insuficiencia presupuestal que sufre el gobierno para enfrentar las crisis económica y de salubridad provocadas por la epidemia. Sus argumentos destacan que el gobierno de López Obrador hace recortes en el presupuesto de las instituciones públicas y amenaza algunos derechos laborales de trabajadores al servicio del estado (como el aguinaldo), pero se niega a promover una política impositiva progresiva donde paguen más impuestos las personas más ricas del país. Esta no es una queja banal.

* * *

Recordemos que en México la mitad de la riqueza está acumulada en las manos del tres por ciento de la población. En esas condiciones, el adecuado financiamiento de las instituciones públicas de salud, educación y cultura no se conseguirá con rifas, reduciendo salarios de los trabajadores al servicio del estado ni pasando el sombrero entre investigadores universitarios. La solución está en atender la desigualdad ahí donde se produce en sus proporciones más agudas y donde se reproduce estructuralmente. Ese tres por ciento más rico de la población debe contribuir más para que los programas sociales puedan ser suficientes y sostenibles. No es tolerable que empresarios como Ricardo Salinas Pliego, quien ha recibido contratos millonarios del actual gobierno federal, adeuden cifras millonarias al fisco.

Pongamos esto en perspectiva. Si los 30 mil investigadores que pertenecen al SNI donáramos cada uno tres meses de estímulo se juntarían 1,650 millones de pesos. Si Ricardo Salinas Pliego pagara lo que debe de impuestos, el gobierno contaría con una suma veinte veces mayor: 32 mil millones de pesos. Dicho de otra manera, con lo que le adeuda Salinas Pliego al fisco podría pagarse la totalidad de la nómina del SNI durante casi cinco años completos. Algo no anda bien cuando un gobierno autodenominado como “progresista” pide generosidad de la clase media para paliar los efectos de la voracidad de la clase alta que ha sido consentida por los gobiernos de derecha, centro e izquierda.

Quienes se benefician de que el debate público se concentre en la generosidad o mezquindad de los trabajadores académicos asalariados no son los más pobres del país, sino los más ricos. Ellos son quienes producen y se benefician de la desigualdad. Actualmente casi nadie en la izquierda invoca los principios de la economía política, pero una de las cosas que esa disciplina enseñó fue que la lógica de la desigualdad y la explotación en el sistema capitalista no se fundamenta en los montos de los salarios, sino en la posesión del capital. Vivimos en una sociedad capitalista (y el actual gobierno no ha dado ninguna señal de querer cambiar eso; hoy es hasta riesgoso para los trabajadores del gobierno hablar positivamente de los comunistas). La pregunta, entonces, es ¿cómo podemos paliar la desigualdad dentro de una sociedad capitalista? La respuesta más eficaz que se conoce es imponiendo impuestos al capital y aplicando impuestos progresivos.

¿Si se cobraran más impuestos a los más ricos de México es algo que afectaría a los miembros del SNI? Quizá a una minoría entre ellos. Y si es así, que así sea. Un gobierno con suficientes recursos para afrontar crisis y garantizar servicios básicos no existirá apelando a la bondad de los trabajadores académicos, ni estrangulando el presupuesto de las instituciones públicas. Sí lo hará redistribuyendo la riqueza ahí donde está más concentrada.

He intentado mostrar aquí lo que considero es una imagen más adecuada de los miembros del SNI. Mas nada de lo que aquí he dicho debe tomarse como una defensa del SNI. El SNI no debería existir. Todos los académicos universitarios deberían tener un ingreso suficiente y digno. Todo profesor (incluidos los de asignatura) debería percibir un salario que cubra adecuadamente sus necesidades, y eso no ocurre hoy en día. Ninguno debería tener sus ingresos condicionados a evaluaciones. Cualquier profesor universitario que trabaje 40 horas a la semana, sin importar su tipo de nombramiento, debería recibir un salario que sea al menos equivalente al total (salario + sobresueldo) que reciben los investigadores SNI 1 en promedio.

Por supuesto, ningún secretario de Hacienda permitiría que eso sucediera. Aunque sería un salario adecuado, ni este gobierno ni los precedentes han estado dispuestos a destinar los recursos suficientes para que todos los trabajadores académicos reciban una compensación cabal por la labor que realizan. Ha resultado más fácil para los gobiernos condicionarle ingresos justos al 5 por ciento de los trabajadores y decir que el resto no se lo merece porque no son productivos, no tienen posgrados o no publican en revistas arbitradas.

En el actual esquema todos los académicos pierden: muchos pierden mucho, algunos pierden algo. Entre los escasos beneficiados por la situación actual está el propio Conacyt, que puede influir a una comunidad de investigadores que tendría poco interés en el Consejo si no hubiera SNI. Los grandes ganadores son los gobiernos (federal y estatales) que se ahorran miles de millones de pesos dándole sueldos de hambre a la mayoría de los profesores y repartiendo unos complementos condicionados para unos cuantos de ellos. Y lo mejor de todo para los gobiernos es que en los debates sobre la desigualdad académica es más común que los profesores se recriminen entre ellos: los miembros del SNI culpan a los otros de ganar poco por no tener talento o méritos; los marginados acusan a los que reciben estímulos de ser una elite mezquina. Es raro que en esas discusiones se nombre lo que causa del mal de todos ellos: las políticas de austeridad.

Al contrario de lo que muchos esperaban, esto no va a cambiar en el presente sexenio. La austeridad que el actual gobierno llama “republicana”, aunque está inspirada en una ideología contraria al neoliberalismo, tiene los mismos efectos de la llamada “eficiencia administrativa” de los gobiernos del PRI y el PAN entre 1988 y 2018. Esta aparente paradoja no es sorprendente; no es raro que ideologías opuestas se traduzcan en prácticas análogas. No importa qué nombre se le de a los recortes presupuestales que estrangulan a las instituciones públicas y pauperizan a los servidores públicos; sus efectos son funestos para la educación superior.

Cuando pienso esto no sale de mi mente la imagen de los hombres más ricos de México cenando con el presidente de la república en Palacio Nacional, intercambiando dinero, apretones de mano y boletos para la rifa de un avión.

 

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[1] Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM.

[2] Sigo las cifras de los padrones de beneficiarios del SNI de 2018 y 2019. En 2018 había 996 investigadores marcados como “Sin institución”. Esta etiqueta desapareció en el padrón de 2019, pero tiene dos mil investigadores donde aparece en blanco el casillero de “Institución”.

35 comentarios

  1. Nosotros los miembros del SNI estamos recibiendo un dinero extra a un salario muy raquítico y para nada comparable con las cantidades que reciben como salario profesores e investigadores de muchas otras partes del mundo. Nos hacen creer se que nos están premiando dandonos un dinero extra que es algo así como un regalo, como algo optativo. No lo es. Lo que nos pagan a los profesores e investigadores es apenas justo comparativamente hablando y cada vez alcanza menos para poder pagar lo necesario para tener una vida decente. Los seguros médicos no cubren muchas condiciones crónicas que uno tiene que solventar a través del salario, estas condiciones pueden ser muy serias y muy caras. Adicionalmente, muchas de las mujeres investigadoras del SNI somos madres solas, es decir madres que tienen que cumplir todos sus compromisos y obligaciones económicos por sí solas. Todo esto debe de tomarse en cuenta. Hasta que no nos suban el salario de manera tal que mínimamente cubra lo que nos da el SNI no se puede abolir éste. Simplemente la mayoría de nosotros quedaríamos en una situación precaria.

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    • Es trágico que suceda esto en uno de los Sistemas vitales para la vida aquí en Mexico, soy madre de una joven investigadora con Doctorado y que no tiene empleo fijo porque no hay, la he vistos trabajar por años desde la universidad, entregada a su pasion , independiente, muy valiente , saliendo a sus estudios de campo, pasando en vela en laboratorio y no teniendo tan siquiera seguridad social, y aún así se mantiene sola pagando renta y servicios como cualquiera , desde aquí mis respetos a todos esos jóvenes que trabajan por un país mejor a pesar de las burocracias con que se enfrentan !!!

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  2. Por fin aparece un artículo que describe bien a los investigadores y al SNI. Me pregunto por qué Morena retiró su iniciativa de limitar los cobros y las comisiones bancarios e imponer impuestos razonables a las ganancias financieras. Eso si hubiera protegido a los pobres y a la clase media.

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  3. 9) Es falso que los miembros del SNI que hoy critican al gobierno federal fueran condescendientes con pasadas administraciones.
    (No todos fueron condescendientes, pero en esta gran oportunidad muchos se volvieron críticos de la noche a la mañana, pese a que antes se acostumbraron a no no abrir la boca para denunciar las corruptelas (normales) de su institución y de su entorno).

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      • Es irrelevante sentirse aludida a nivel personal. El tema en realidad es político, aunque dentro de la lógica académica de la argumentación se le intente llevar por otras sendas. Está claro que la academia es variopinta pero que la mayoría de quienes durante el último año se han expresado públicamente, lo han hecho porque tienen desacuerdos políticos con el nuevo gobierno o ven en riesgo ciertos privilegios, aquellos que los tienen. El 99% de quienes yo conozco y que se han expresado en desacuerdo con el nuevo gobierno federal o con la nueva administración del CONACYT, son académic@s que desde que me daban clases, hace ya muchos años, manifestaban ideas políticas conservadoras, reaccionarias o de derecha. Esa no es ninguna novedad, digámonos la verdad sin tantos rodeos. Incluso en esta publicación de Vera hay varias sentencias que por más objetivo que intente presentarse, lo delatan políticamente en desacuerdo con la nueva administración. Por qué nos gusta aparentar tanto bajo el falso velo de la objetividad? Quizá porque desde hace décadas en la academia hay un temor generalizado a hablar abiertamente de política?

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  4. El SNI surgió de una crisis económica del país para más o menos ofrecer un ingreso digno a los investigadores de universidades públicas. Tratando de evitar la migración a otros países o a otras labores, el multichambismo. Entonces se priorizó la cantidad y calidad del trabajo. Solo algunos pasaron el tamiz. En ese entonces el estímulo del SNI era la mitad o más del ingreso de un investigador. Ya no es así actualmente. Pero es un referente para “medir” la calidad del trabajo de un investigador. Como todo sistema de evaluación tiene errores y vicios. Necesita renovarse. La clase política mexicana nunca ha tenido visión para impulsar a la ciencia. Y en este gobierno se suman los agravios, insultos y descalificaciones.

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  5. Sin duda que el artículo aborda adecuadamente diferentes aspectos en torno al SNI; sin embargo creo que el aspecto económico, importante por sí mismo, pierde relevancia cuando pensamos en lo que debería ser: una distinción académica. Este enfoque creo que también sería digno de discusión.

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    • Ya argumente que esta idea de que el SNI es un regalo o un privilegio que el estado tiene derecho a quitarlos en cualquier momento se basa en una falacia, en razones que no tienen ninguna fuerza argumentativa gracias

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  6. Me parece que este artículo muestra un análisis mas objetivo sobre la situación de los investigadores. Mi mas sentido reconocimiento al autor. Solo quisiera agregar que los investigadores SNI no somos políticos (al menos no la grandísima mayoría), sin embargo, esta administración nos ha puesto en el ojo del huracán. Me queda claro que en México todo se politiza, pero no debería ser así con la ciencia, ni la labor que hacemos los académicos y científicos. Yo siempre he tenido la noción de que un gobierno o autoridad que de veras quiere que su sociedad progrese deberá impulsar dos cosas, la generación de empleos bien o mejor remunerados y una educación de excelencia. Esas son las dos premizas que garantizan el desarrollo de un país.

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  7. Esté artículo muestra con mayor objetividad la situación en el Conacyt,proporcionando criterios objetivos de la situación de los investigadores, situación que se réplica para los estudiantes de posgrado del PNPC programa nacional de posgrados de calidad.

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  8. Por fin veo publicado algo sobre este debate del sni que tiene fundamentos en la realidad de la pauperización laboral que sufrimos los profesores-investigadores, y lo infinitamente lejos que estamos de ser una élite económica, o “fariseos” y “turístas académicos” (no políticos, ahí hay un error en esta colaboración). Me soprende desagradablemente que el gremio no muestre la unión y el músculo político para incidir en estas políticas que no solo nos afectan a nosotros, sino a todo el país, que depende de la ciencia para su desarrollo. Esta administración está agravando la brecha salarial y la desigualdad social brutal que tanto daño hace a todo el país.

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    • Ya argumente que esta idea de que el SNI es un regalo o un privilegio que el estado tiene derecho a quitarlos en cualquier momento se basa en una falacia, en razones que no tienen ninguna fuerza argumentativa gracias

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  9. Me da un poco de temor opinar al respecto, yo no pertenezco al SNI, pero cómo estudiante de posgrado pude notar una gran mafia en cuánto al ingresar al SNI, no estoy diciendo que en todos los laboratorios sea igual pero en mi caso, note que solo los familiares, amigos cercanos y chicas del agrado de mi asesor, tenían privilegios en cuánto a las publicaciones, es decir los que no pertenecemos a su círculo cercano, publicamos a lo mucho dos artículos por año mientras los del círculo privilegiado estaban en todas las publicaciones, sin hacer absolutamente nada y obvio no te puedes quejar por temor a perder la beca, que para algunos de nosotros es nuestro único medio de vivir. La mayoría de los privilegiados, por lo menos son candidatos al SNI. Desde mi punto de vista es muy frustrante.

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    • Apoyo tu comentario, pertenezco a otra área, pero funciona así, en algunas revistas publican a sus amigos y no importa la calidad del trabajo. Ahora suma que cuando te postulas para ingresar al SNI también ocurre algo semejante, hay quienes conocen a los evaluadores y sin problema son aceptados, mientras que otros son rechazados y aunque tengan publicaciones de calidad no pasan. Agrego un comentario más, en mi Universidad los que están en el SNI no dan clases, por lo regular se la pasan de “gira académica”, se sienten intocables porque pertenecen a una élite de investigadores. El SNI no debería existir porque propicia el canibalismo entre los académicos, hay competencias terribles y muchas envidias

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  10. El escrito de Héctor Verá toca varios aspectos que deben ser sometidos a un análisis más cuidadoso. Coincido con el autor acerca de que el SNI no debería existir y que un salario digno y justo para docentes, profesores e investigadores es lo más recomendable, no tengo duda de esto.

    Me llama mucho la atención que muchos colegas se sientan tan ofendidos con la presente administración, pero no se indignaron, o al menos no hicieron público, su enojo cuando Alzati, Cabrero o Romero de Hicks ocuparon esos cargos y cometieron toda un colección de atropellos, opacidad financiera y pésimas decisiones. Quiero dejar en claro que no soy defensor a de Elena Álvarez, supongo que ella lo hará mejor en su oportunidad.

    Muchos de estos colegas eran salameros con estos ex funcionarios, o eran parte del séquito del director del Conacyt en turno. Ahora son los más críticos de la presente gestión de este Consejo.

    Otro tema que no se aborda en este artículo, y que se relaciona con las remuneraciones del personal académico, es el concerniente a las capas burocráticas que forman parte de la dirigencia de las universidades públicas, las cuales en la mayoría de los casos son impuestas, rancias, carentes de legitimidad, ineptas y corruptas; estos grupos de poder son en gran medida responsables de la pauperizacion de los sectores académicos más desprotegidos. En este año y medio, no he visto manifestarse tan airadamente a los colegas en contra de esos sectores dominantes. Estas burocracias, en contubernio con los sindicatos blancos y charros, han pulverizado salarios y prestaciones de las comunidades universitarias.

    Todavía quedan temas relacionados y muy importantes a tratar, cómo es la autonomía universitaria, pero merece más espacio y otros foros.

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  11. Estoy en lo general de acuerdo con quien escribe este artículo, pero también creo que el SNI (la investigación en general y con ella la educación superior del país) requiere de una amplia reforma en la que tendríamos que participar todos quienes realizamos actividades de investigación, así como quienes son de alguna forma receptores de lo que hacemos.

    Me parece que es importante alinear la estructura de incentivos, los resultados esperados o deseables de la investigación y las formas de reconocimiento y verificación de lo que se hace, por parte de los investigadores.

    Para nadie es un secreto que el SNI se convirtió en un espacio para la captura de rentas y el arribo de muchos mercenarios, pseudo académicos quienes han desprestigiado, desafortunadamente, aún a aquellos investigadores que realizan su trabajo con honestidad, calidad y entrega.
    La sobrepolitización de la labor académica y con ella la investigación, no tardó en manifestarse desde el momento en que los grupos de que controlan la gran mayoría de universidades públicas entendieron que el trabajo académico era, por su importancia en la determinación del estatus económico del investigador, un buen instrumento de control político. De esta manera, actividades determinantes para la evaluación y acceso al SNI, Prodep y otros programas, fueron asignadas bajo criterios políticos, que no académicos, en una gran cantidad de casos. Entre otras, las direcciones de tesis, las clases en posgrados, los apoyos para la publicación de trabajos en revistas reconocidas, el financiamiento para propósitos diversos, etc.

    Del mismo modo, una vez entendidas las reglas de acceso y permanencia en el SNI se fueron fortaleciendo redes de complicidad, que no de cooperación, que permitían la promoción de sus integrantes en distintos aspectos como la dictaminación en sus diversas variantes, la participación en consejos editoriales, la mutua citación de sus trabajos, la invitación a conferencias, seminarios etcétera, etcétera.

    Otra práctica muy común, tomando como pretexto la dirección de tesis, ha consistido en la presentación en eventos académicos de trabajos de los alumnos e incluso la publicación de las propias tesis, amén de las tareas de maquila que los propios alumnos realizan cotidianamente a favor de algunos iluminados y sabios miembros del SNI. Fue así como la figura del profesor de tiempo completo, miembro del SNI y con estímulos, a la vez podía ser funcionarios público de la misma universidad o de alguna instancia de gobierno en sus distintos niveles, consultor e incluso empresario. El gran secreto consistía en saber cuántas horas dormía, a que horas escribía tan prominente y multifuncional personaje. Se convirtió también en algo, nada raro, constatar que algunos podían, el mismo día y a la misma hora, dar una conferencia en la Universidad Nacional de Colombia, una clase en la UNAM y una tutoría en la UdeG. Algo maravillosamente sorprendente.

    Estas prácticas, afortunadamente, no han sido seguidas por muchos investigadores, gracias a lo cual, a pesar de los precarios apoyos académicos que reciben, en el país se impulsan importantes proyectos de investigación y se genera conocimiento teórico y aplicado. En fin, estoy convencido que la necesaria reforma (estructural, por supuesto) que se debe realizar en la educación superior y en la investigación, debe traducirse en más y mejores apoyos para quienes realizan tan importante labor, a la vez que se impide el arribo de mercenarios académicos, simuladores y cazadores de rentas.

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  12. Soy estudiante de un posgrado y cuento con la beca CONACYT; la cuál más que un apoyo ha sido un yugo. El profesorado constantemente nos recuerda que debemos ver esta beca como un privilegio, y que debemos estar agradecidos por ello; además de mencionarnos constantemente que en cualquier momento nos la pueden retirar. Es lo mismo que pasa con el SNI; con la idea de que es un premio al esfuerzo de los docentes.
    Cuando en realidad, en su mayoría es cuestión de burocracia y compadrazgos; como algunos comentarios aquí ya mencionan. De tener una buena relación con las autoridades de la universidad y de los cuerpos de investigación depende tu ingreso al sistema, las horas asignadas, la plaza.

    El entrar al posgrado y ver cómo funciona el sistema me hace pensar con ansiedad y tristeza sobre mi futuro y el de otros jóvenes que como yo, aspiramos a ser investigadores. Me duele inmensamente ver a mis profesores sufriendo los estragos físicos y mentales, que la labor de la investigación les deja. Tratando de asesorar miles de tesis, escribiendo varios artículos a la vez, haciendo mil y un cosas para poder mantenerse en el SNI y con ello tener un ingreso medianamente decente.

    Me da aún más tristeza ver cómo lo que se produce académicamente nunca llega a la sociedad en general. ¿De qué sirve que se produzcan cantidades inmensas de documentos si al final sólo un puñado de personas los leerán? Lo que se produce en la academia se queda en la academia, rara vez este conocimiento llega a la población en general y cuando llega la ven con desinterés. Lo que genera una enorme brecha que separa la academia del pueblo.

    En fin, esto es sólo un desahogo de los pensamientos que desde mi humilde posición tengo sobre el panorama de la investigación en México.

    Saludos.

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  13. Buen artículo.
    Estoy de acuerdo en todo. Mi única crítica es que no toco para nada a las grades mafias de grupos e institutos de investigación, que reciben financiamiento a manos llenas y cuyo uso es discrecional; mientras que en las universidades diferentes a la UNAM y Cinvestav, los investigadores tienen que penar para tener dinero a cuenta gotas.

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  14. Me sorprende lo obtuso de su pensamiento, y lo limitado de la critica que hace en su post para ser un profesor SNI, es evidente que el hecho de que no estuviera bien planteado el procedimiento para hacer aportaciones fue con la finalidad de que nos pusieramos en contra y hacernos ver como villanos ante la sociedad, cosa que se logró y se sigue perpetando esta imagen con posts como este, pero no se preocupe si tiene remodrimiento de conciencia por recibir la “beca” de conacyt, en un futuro muy proximo ya no existirá este “privilegio”. Me gustaría saber si usted promovería un ejercicio como este que se ha hecho con los SNI con politicos, diputados, cenadores, juceces, medicos, profesores, policias, todos los servidores publicos.

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  15. El artículo toma muchos aspectos del científico porque una cosa es la Ciencia y otra cosa el científico. La actividad científica en qué le está retribuyendo al país. Si el país paga a miles de científicos y trabajadores que participan para que se publique un afgiculo. Que tan caro sale ese artículo? Y que ganó el país? Yo creo que la ciencia tiene que ser aplicada. También hay científicos que ya no producen y están percibiendo un salario y un dinero que no se emplea bien.

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  16. Tanta palabrería para justificar el egoísmo de los que se supone son humanistas, pensándolo bien no es raro si recordamos la arrogancia con la actúan con sus alumnos. Recuerdo a un profesor del SNI que llegaba y le decía a sus alumnos ¡Aprovéchenme, Aprovéchenme, porque vengo llegando del extranjero!

    Patéticos. Ni siquiera el presidente tendría que pedirlo, tendría que haber sido un acto solidario de sus miembros hacia un pueblo que con sus impuestos ha pagado becas con las que han vivido toda su vida.

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    • Debemos entonces entender que porque un profesor que tuviste fue arrogante y por lo que veo se sobrevaloraba ¿hay que creer que en general los demás son así? mi experiencia ha sido otra y puedo decir que he tenido profesores (incluso SNI III) muy centrados, con gran compromiso social y de los que he aprendido mucho. Supongo que cada quien platica según le fue en la feria.
      Sobre lo de que “ni siquiera el presidente tendría que pedirlo”, pues no, hay muchas otras formas más efectivas de cooperar, sin necesidad de que pasen la charola con exhibición pública para chantajear. Puedes hacer donaciones a hospitales, comedores públicos, etc. Yo así lo hago con base en lo que tengo, sin necesidad de chantajes. Saludos.

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  17. Es interesante el artículo del Dr. Verá , sin embargo faltó mencionar que la mafia académica a nivel superior preservando los académicos e investigadores eméritos que por su edad son un lastre para nuevas generaciones, esto es un claro ejemplo de no tocar a las vacas sagradas en todos los ámbitos. Es importante decir que no todos son así, pero hay grandes ejemplos de mi comentario. Este salario que reciben estos personajes daría un buen trabajo a jóvenes investigadores. A este respecto, la UNAM está tomando cartas en el asunto, sin embargo no se ve muy reflejado en muchas dependencias de la nuestra Universidad. Coincido en que el salario de los académico de medio tiempo, tiempo completo o por horas dedicados o no a la investigación es pobre y también que no debería existir el SNI. Entre otros puntos. Muybuena reflexión y gracias a la pandemia que nos sacó de nuestra zona de confort.

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  18. Soy SNI 1, desde hace varios años. Trabajo en una universidad estatal donde las condiciones de los profesores que hacemos investigación son complicadas, porque no tenemos “dedicación” completa a la investigación. Por el contrario, tenemos responsabilidades que van desde la docencia, gestión, tutoría académica y muchas otras cosas.

    Cuando leí el comunicado del Conacyt dudé de que fuera real, me pareció que podía ser un fraude y traté de buscar mas información. En cuanto me di cuenta de la veracidad del comunicado, lo entendí como que era una acción que nos invitaba a aportar económicamente para conseguir medios físicos para la pandemia. Doné lo que estaba en mis posibilidades. Pienso que era, y es, una decisión personal.

    Si después queremos resolver todas las problemáticas de nuestro sistema de ciencia y tecnología, sería muy interesante platicarlo… nuevamente… y hacer algo. Hace varios años asistí a un evento que organizó el SNI para los 25 años del programa (creo) y las conclusiones que se obtenían en ese evento eran muy fuertes. Supongo que algunos también habrán asistido a este evento y podrán recordar algo.

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  19. De acuerdo, hay de todo en el SNI, pero insisto en que Echeverría no acababa de instalarse en los Pinos cuando se daba la noticia de la creación del Conacyt (29 de diciembre de 1970) con el fin de “ser la entidad asesora del Ejecutivo Federal y especializada para articular las políticas públicas del gobierno federal y promover el desarrollo de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación a fin de impulsar la modernización tecnológica del país”, según reza la página oficial del Conacyt. La traducción llana es que se pretendía controlar a sectores universitarios de clase media reprimidos en 1968 y desafectos con el régimen de partido único, mediante el otorgamiento selectivo de estímulos económicos y la creación de nuevas universidades (señaladamente la UAM en 1974). Esta fue la zanahoria y sabemos que el garrote no dejó de utilizarse como lo mostró el “Halconazo” de 1971 y la guerra sucia (también selectiva) que se intensificó en 1970-76.

    Junto al preámbulo pasemos a los números. Qué mayor politización de la educación superior que dar “estímulos económicos” a 30 mil de los ¿150 mil profesores universitarios que existen en el país? El cálculo es a vuela pluma; una investigación coordinada por Manuel Gil Antón en 1994 sobre los académicos mexicanos (Los rasgos de la diversidad: un estudio sobre los académicos mexicanos, UAM-A) ubicaba el universo en 113 mil puestos académicos en universidades y tecnológicos públicos y universidades privadas. De ese total sólo el 27% eran puestos de tiempo completo (8% eran de medio tiempo y el restante 65% por horas). Es así que la arquitectura del Conacyt (y algunos rasgos estructurales de la universidad pública en México) tienen sello priísta, es decir, buscan el control político de la educación superior y no el objetivo declarado de “dar educación universitaria a la población mexicana y desarrollar la ciencia y la tecnología”.

    Pero de repente me queda la sensación de “Déjà vu”, como cuando se pedía que los colores de la bandera no pudieran ser utilizados como emblema de partido político alguno…

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    • En la mayoría de los casos solo se publica para obtener el privilegio de ganar el estímulo del SNI. Los artículos publicados no resuelven problemas reales de la sociedad. Muchas tecnologías optenidas durante tres décadas fueron vendidas o cedidas a la iniciativa privada, por lo que surge la reprivatización de la investigación. Estan las vacas sagradas que se hicieron famosos y ahora tienen SNI 3 o son eméritos gracias al esfuerzo o sueños de estudiantes de nivel postgrados que han seguido sus paso y obteniendo un poder de decisión en sus instituciones. Quedando como la base privilegiada en el ámbito de la investigación en México. Debe de desaparecer, ya no aportan nada a la sociedad. Son escritos sin sentidos.

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  20. En la mayoría de los casos solo se publica para obtener el privilegio de ganar el estímulo del SNI. Los artículos publicados no resuelven problemas reales de la sociedad. Muchas tecnologías optenidas durante tres décadas fueron vendidas o cedidas a la iniciativa privada, por lo que surge la reprivatización de la investigación. Estan las vacas sagradas que se hicieron famosos y ahora tienen SNI 3 o son eméritos gracias al esfuerzo o sueños de estudiantes de nivel postgrados que han seguido sus paso y obteniendo un poder de decisión en sus instituciones. Quedando como la base privilegiada en el ámbito de la investigación en México. Debe de desaparecer, ya no aportan nada a la sociedad. Son escritos sin sentidos.

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  21. Sin duda un gran tema que merece reflexiòn y nuevos planteamientos para pagar, reconocer, dar recursos, evaluar, etc.
    Lo que si molesta es que en México finalmente:

    No hay tecnologia nacional y pagamos por esta.

    Los conservadores y neoliberales se esmeran en que ni de chiste se trate de desarrollar esta. Basta observar que:
    No existe una solo escuela privada, donde se pretendia llevar a la educación del pueblo, que cuente con las carreras del interes de los recursos naturales nacionales como son: Ingenieria Petrolera, Agricultura y Veterinaria, Pezca, Mineria, Nuclear, etc.
    Las escuelas privadas no tienen investigadores!!!!!!!!!!!

    El nivel docente de estas escuelas privadas deja mucho que desear.

    Y en ese tenor, cada loco con su tema, pero muy contentos todos; Los investigadores en la gran farsa de producir NADA, y el gobierno de conservadores pagandoles por NADA.

    La premisa para que exista este pago y el SNI deberia de ser: Al menos durante tu trabajo de investigación generaste propuestas de tecnología, te pago. NO llegaron a ser propuestas de solución, no te pago. Y también eliminar la farsa de las becas nacionales y en el extranjero donde la gente termina y regresan hasta sin trabajo.

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  22. Acabemos con el SNI? DE QUÉ HABLAN? NO GENERALIZEN.
    A mí sí me ha ayudado y mucho, y por ello mi trabajo como investigador es original, trasciende y deja muy en alto en mi área el nombre de mí país a nivel GLOBAL. Y coadyuva a abrir nuevas líneas de investigación y por ende de conocimiento.

    Mejora e Innovación al SNI, SI.
    Desaparición, JAMAS.

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  23. Buen tema de discusión y análisis. Como todo o casi todo, hay que partir del supuesto de que no todos los casos son iguales. Evitemos ser maniqueos. ¿Cumplió el SNI uno de sus objetivos: estimular la producción y publicación científica nacional? Sin duda. Eso se discutió al cumplir 25 años de creado; como muchas cosas, se decidió no mover el avispero ¿Actualizar la estructura y función del SNI, así como los mecanismos de admisión y permanencia de investigador@s en el SNI? No hay duda. El mundo cambió. Actualizar (¿desaparecer?) al SNI no puede hacerse sin cuestionar críticamente el desempeño histórico y actual del CONACYT y de ser preciso, adecuarlo. Esta reflexión debe necesariamente conllevar un análisis del impacto de la investigación y publicación científico-tecnológica en el avance nacional. Se tendrían que revisar los parámetros de ingreso, y sobre todo permanencia y promoción, dentro del SNI. Habrá que analizar con detenimiento qué se está publicando y cuál es su relevancia. El avance del conocimiento científico nacional es de suma importancia, como lo son la innovación y transferencia de conocimiento y tecnología. ¿Cumplen con eso la mayoría de las publicaciones que se están generando actualmente? O bien ¿en su mayoría las publicaciones sirven ahora a una porción de autor@s y en ocasiones múltiples coautor@s en un proceso de “yo te incluyo y tú me incluyes” para seguir en el SNI? Esto no sería criticable en el caso de publicaciones de relevancia realizadas oor grupos de trabajo. ¿Qué decir de los estudiantes de posgrado? ¿En realidad son sólo trabajadores para los fines de sus comités de tesis? Hay de todo: seguro que much@s tienen buenos elementos en sus comités: les orientan, animan y enseñan a pensar críticamente y a redactar para comunicar, fundamental en esto de la ciencia. ¿Integrar al salario la percepción por parte del SNI? Tal vez en los casos de instituciones ze investigación con salarios bajos, estímulos irrisorios y carencia de prestaciones. Esa decisión amerita un buen análisis de costo-beneficio social, económico y personal o familiar. Mientras tanto, habrá que revisar los criterios para considerar un artículo o tesis como importante y relevante para la nación, principalmente, y para la humanidad o por lo menos el sector de interés. En México se invierte poco en la investigación, innovación y transferencia. Lo mismo ocurre con las empresas privadas. Esto último es un asunto pendiente y corregirlo sería una manera de aligerar la carga al erario público para que a su vez aumente la inversión en desarrollo de conocimiento. Habrá quienes cuestionen esa idea bajo el argumento de que la IP se aprovecharía, para sus fines de lucro, de la necesidad de las instituciones académicas y de investigación, así como de su personal técnico-científico. Confío en que la ética prevalecerá aunque no descartemos impementar controles. El riesgo existe pero habrá que asumirlo y de hacer lo posible evitar dependencias y co-dependencias. No hacer nada no es opción; vale la pena intentarlo. Esperemos que después de esta pandemia la discusión prevalezca y genere con el tiempo y compromiso, algo mejor del actual CONACYT, SNI, instituciones, estudiantes, profesor@s, investigador@s; algo de lo cual la nación mexicana se sienta orgullosa. Salvo numerosas y honrosas excepciones de las cuales ciertamente todos tendremos ejemplos, eso está ahora en entredicho dentro y fuera de la comunidad científico-tecnológica y estudiantil nacional. El impacto de esta comunidad también ha sido señalado a nivel internacional. El reto es implementar un sistema transparente, justo y exigente de mejora continua.

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  24. La sociedad mexicana actual, del año 2020, nos parecemos a un fantasma quien se niega a reconocer su existencia y su destino. En este país hay más políticos que cientificos abocados al bienestar de esta sociedad. Hay tres millones de burócratas, desde soldados y médicos, hasta estibadores en puertos y aduanas. Cinco mil municipios con burocracias instantáneas, quinientos diputados federales e incontables locales.impuestos de segundo nivel mundial que se agotan en servicios de pésimo nivel. Cuando el número, por no escribir de calidad, de científicos sean mayor que el número de políticos, seremos solo así diferentes a la sociedad que nos precedió hace treinta años. Solo recordemos que el político más rico y ostentoso del mundo es EPN, y que el científico con premio Nobel en ciencias puras, ya ni es mexicano únicamente.

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