Ciencia de los dineros

Luis Fernando Granados

Apenas sorprende la reacción de algunos miembros de la elite académica luego de que el Conacyt los convocara a donar parte de su sobresueldo para el combate a la epidemia. Toda elite reacciona de modo semejante cuando le tocan o parecen tocarle sus privilegios. Si algo llama la atención es que esta vez se trató de un espejismo, porque los privilegios de la elite académica no estuvieron nunca en peligro. El llamado era eso: una invitación a la solidaridad. Nadie estaba obligado a aceptarla, como nadie está obligado a darle una propina al botones de un hotel o a contribuir con dinero para una causa que se juzga justa y necesaria. Calificarla como “chantaje”, o desestimarla porque los miembros del Sistema Nacional de Investigadores son también “parte del pueblo”, no es más que un exabrupto risible. (Por eso es patético que el Conacyt haya reculado tan rápidamente.)

[Los documentos pertinentes, aquí, aquí y aquí.]

Lo significativo del escándalo es que revela —aunque más bien: confirma— cuáles son las prioridades de la elite académica y de la prensa que transmite sus opiniones: esos 550 millones de pesos mensuales que reciben los miembros del SNI. ¿Cuánta gente en cambio se manifestó públicamente en contra de la cancelación de las becas de movilidad para estudiantes de posgrado como consecuencia de la crisis sanitaria, aunque fuera para actividades a realizar en el segundo semestre de este año? ¿Dónde están las notas periodísticas acerca de la improvisación con que muchas universidades organizaron y conducen sus actividades docentes en línea? ¿Por qué se habla tan poco —más allá de las plataformas que malamente llamamos redes sociales— de lo absurdo que fue no averiguar cuántos estudiantes carecían de una computadora personal y una buena conexión de internet en casa antes de contratar servicios privados como Zoom? ¿Por qué no ha habido agitación mediática para reclamar la falta de capacitación a los profesores para dar clases en línea?

Más que de costumbre —lo cual ya es decir demasiado—, las universidades y los centros de investigación han encarado sus tareas docentes durante estas semanas con poca o nula seriedad pedagógica, con ignorancia y desdén acerca de las condiciones de vida de sus estudiantes. Pero eso parece no formar parte de la agenda de un sector de la elite académica, buena parte de los funcionarios universitarios y los medios que amplifican el volumen de sus preocupaciones. En síntesis: por su comportamiento en los últimos días es evidente que a algunos miembros del SNI les importa menos la formación de sus estudiantes que el estado de sus cuentas bancarias —y eso que pocos sectores de la sociedad han vivido el confinamiento en mejores condiciones que los profesores-investigadores: sin la más mínima afectación salarial y aun con la reducción de algunos de los mecanismos de control laboral impuestos por las burocracias (como registrar su asistencia al salón de clases).

¿Y no será más bien —como afirman algunas voces— que la “defensa” del estímulo monetario del SNI forma parte de una campaña más amplia para contener la ofensiva del lopezobradorismo en contra de la ciencia y las humanidades? Después de todo, hay académicos por demás brillantes que están convencidos de que el gobierno federal es tanto o más neoliberal que el propio Milton Friedman. Muchas personas, además, deben recordar con preocupación que hace un año (según lo reportó El Financiero) el subsecretario de Educación Superior dijo que los sobresueldos debían suprimirse porque contribuían a la existencia de un “sistema de castas” en la academia —cosa que, por supuesto, la mayor parte de los miembros del SNI consideró tan falsa como agraviante. Para quienes piensan de ese modo, el llamado a donar uno, dos y hasta tres meses de sobresueldo no podía ser interpretado sino como parte de una política de despojo que más tarde que temprano afectará a los mejores científicos del país —que casualmente son ellos mismos.

En realidad, la crítica a la nueva política científica ha sido casi siempre una cortina de humo para disimular el interés privado de la elite académica, supuestamente en peligro por la orientación ideológica —ya neoliberal, ya populista— del gobierno federal. (“Supuestamente” porque el gobierno no ha dejado de pagar los 550 millones de pesos mensuales que importan los sobresueldos de los investigadores nacionales.) El carácter fariseo de esta campaña puede advertirse en la mala leche con que se tergiversan las acciones gubernamentales. Por ejemplo, cuando se anunció el despido de los ayudantes de investigador en varios centros nacionales de investigación —lo cual por supuesto era y es una insensatez, reprobable por donde se le mire—, la decisión fue descrita como si el Conacyt estuviera cancelando becas a estudiantes necesitados. Al plantearlo de este modo se confundió deliberadamente a la opinión pública, porque el Conacyt no se proponía suprimir las becas de estudios de posgrado sino un tipo de trabajador académico.

Más grave es el silencio que se apodera de la mayor parte de esos “defensores” de la ciencia y las humanidades cuando se trata de la grosera desigualdad que impera en el mundo académico. Así, hasta ahora no se les ha visto escandalizarse porque el Conacyt y las universidades públicas hayan sido omisas para garantizar contratos de tiempo completo a las masas de trabajadores eventuales que desde hace demasiado tiempo constituyen la inmensa mayoría del personal académico —hasta el 80 por ciento, según algunos cálculos. Tampoco se les ha visto particularmente avergonzados cuando se les recuerda la infamia que supone cobrar colegiaturas a los estudiantes de posgrado en las instituciones públicas —las que en algunos lugares como la Universidad Veracruzana llegan hasta 10 mil pesos por semestre. Por último, es francamente raro que manifiesten su preocupación por el efecto pernicioso que tiene el dinero del SNI sobre el futuro de la investigación científica (como es un sobresueldo, el estímulo no puede usarse para establecer la pensión de jubilación y así se obstaculiza el relevo generacional), acaso porque incorporarlo a su salario los obligaría a pagar un poco más en impuesto sobre la renta —y ya ha quedado claro que la elite académica no tolera que le toquen su dinerito.

21 comentarios

  1. Un texto sin argumentos escrito con las vísceras. Usted que vive a la sombra de su padre, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, debería entender que el Conacyt no es una humilde persona boteando para que se le dé unos “cuantos pesos” (es un decir) de manera “voluntaria”. Usted, que no le pudieron dar plaza en la UNAM y que la tiene en la UV gracias al Dr. Florescano, debería entender que el Conacyt es una institución federal y que de humilde no tiene nada. Pero bueno, usted que fue del PRD y ahora, como chapulín, brincó a Morena y con su nivel de SNI I, es obvio que no criticará con su pluma flamígera a la 4T.

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    • Pues mire usted… los argumentos ad hominem no son argumentos de verdad. El suyo es particularmente malo porque además está hecho con falsedades: Florescano no me contrató, nunca estuve en el PRD, no estoy en el padrón de militantes de Morena y no soy miembro del SNI. Y si piensa que vivir a la sombra de mi padre es algo malo, se me hace que nunca lo leyó: Miguel Ángel es como un árbol frondoso que refresca, que orienta y que inspira.

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      • Qué bueno que dijo eso de los argumentos “ad hominem”… mire, aquí rescaté algunos de usted en su texto:

        “[…] los privilegios de la elite académica no estuvieron nunca en peligro.”

        “[…] los centros de investigación han encarado sus tareas docentes durante estas semanas con poca o nula seriedad pedagógica, con ignorancia y desdén acerca de las condiciones de vida de sus estudiantes.”

        “[…] algunos miembros del SNI les importa menos la formación de sus estudiantes que el estado de sus cuentas bancarias”

        “[…] y ya ha quedado claro que la elite académica no tolera que le toquen su dinerito.”

        Demuestre que se tienen privilegios con hechos, con evidencias. No descalifique como lo hace su muy querido Mesías. Es un ataque sin fundamento a la comunidad científica que usted hace. Usted, como AMLO, creen que tienen una especie de autoridad moral para promover una falsa dicotomía en la que creen que este país está dividido en “buenos” y en “malos”. Los “buenos” son los que están con la 4T y los “malos” contra ella. ¡Vaya pifia! Mire.. y uno creyendo que usted es un historiador. Sabe muy bien que ni en política ni en historia hay tal cosa. Siempre hay un espectro en cuanto al comportamiento de las personas. Vaya a criticar a su líder religioso bananero que es un maestro de la evasión, de las abstracciones inasibles, de la posverdad y, por supuesto, también de los ataques “ad hominem” a médicos, científicos y del sector cultural.

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    • Alejandra, parece que le pisaron los juanetes. Anota rabiosamente datos biográficos sobre el autor de la nota, pero ¿alguna opinión sobre el tema? ¿Algún argumento en contra?

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  2. Coincido con usted, lamentable y vergonzosa la respuesta de los miembros SNI. Lamentable tambien que Conacyt retirase la petición. Se trataba de declinar a los estímulos de un periodo, no definitivamente.

    ¿Cabe preguntar si es momento de transformar ese reconocimiento monetario en un reconociento social para no seguir sosteniendo y alimentando una elite que da la espalda a la sociedad? Me sumaría a una petición para que Conacyt renueve la solicitud.

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    • Sabe usted, que una gran cantidad de investigadores tienen un sueldo menor de $15,000 mensuales, en cuyo caso el SNI se hace fundamental para continuar con nuestra labor. Les hace faltar realizar su análisis mirando hacia abajo y no solamente hacia arriba donde seguramente se maneja usted.

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  3. Estimado profe:

    Sabes bien que nunca hemos compartido y, espero podamos respetar, opiniones. No obstante, me parece que tus argumentos son atinados en la crítica de la situación académica en la universidad pública más allá de la UNAM.

    Buena parte de la situación académica carnal está muy bien descrita, pero resulta complicado de entender qué es la “nueva política científica” cómo ando la directora del Conacyt hace discursos en donde se destruye una “ciencia neoliberal” y que fue, de suyo polarizante y maniquea. A ver, regularizar la situación del personal académico que da clases sueltas, aumentar los ingresos de la universidades estatales, estandarizar los salarios de profesores e investigadores suena lindo, ¿pero de dónde vendría ese dinero? Y más aún, ¿qué proyección tiene la de una demanda laboral o un programa de reestructuración de las universidades?

    Por otra parte, me parece que quitar los insultos “ad hominem” hacía “el académico SNI” no es una mala idea. Te explico, uno de los tíos es investigador en el CIMAT Guanajuato. Sí, es SNI 1, pero desde hace 4 años tiene que ir a peregrinar a México para cabildear las becas de sus doctorantes y explicar que ellos necesitan ese dinero para vivir porque la inmensa mayoría no son oriundos del estado y que de otro modo estarían obligados a regresar a sus casas. Además, dado el recorte presupuestal al Conacyt del año pasado, todos los académicos de ese centro (no conozco la situación de todos lo centros y generalizar sería mentir) tuvieron que decidir entre bajarse el sueldo para mantener sus programas de becas de grado y posgrado o reducir la oferta académica, y optaron por la reducción salarial. Pedirle a alguien que ya viene con un salario castigado y que jamás ha creído en el discurso del PRD -PT y luego Morena a dejar un tercio de sus ingresos (adicional) es indignante. Hay una confusión que creo que es importantísimo remarcar, la solicitud de donación implica que los académicos pagados por el gobierno deben de apoyarlos ideológicamente y pues no, no tiene porqué.

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    • Alejandro:

      Espero que el Conacyt no crea que donar dinero para el manejo de la epidemia implica apoyar ideológicamente al gobierno. En cualquier caso, no creo que una cosa suponga la otra. Mi comentario era acerca de la reacción de algunos miembros del SNI (ojo: algunos), irritante desde mi punto de vista porque hace abstracción de su situación privilegiada y parece que ignora la desigualdad estructural de la academia.

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      • Ay, muchacho, primero hay que intentar conocer, aunque sea un poco, el tema del cual vas a hablar.

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  4. Yo te aconsejo que antes de publicar esa serie de tonterías, primero deberían de darse a la tarea de hacer una investigación real de la situación actual de los investigadores en todo México. Yo soy un investigador que surgió de abajo, como muchos tantos, de niño fui muy pobre, estudié y trabaje toda mi vida estudiantil, ne gané a pulso mi lugar en la institucion donde laboro, desde el año 2006 soy miembro del SNI, trabajo 12 horas diarias. Y yo me pregunto dónde está el privilegio. En que parte dice que el estímulo del SNI es um regalo? Yo creo que existe una mala apreciación al respecto, como siempre, todo la gente cree que solo CDMX es México. Y todo mundo cree que solo la UNAM o el Politécnico existe. Visita las Universidades del pais, platica con los investigadores, conoce lo que hacemos. Te vas a dar cuenta que ni somos ricos, ni somos privilegiados ni tampoco nos sobra el dinero. Solo así entenderas cual es la realidad. Y quizás hasta te avergüences de lo que escribes cuando veas que tus “suposiciones” carecen de sustento, cuando veas que hay buenos investigadores que tienen como principal sustento el estímulo del SNI. Ahora yo te pregunto a ti, que ganas tú con escribir todo esto? En que momento los académicos nos volvimos élite o privilegiados? Disculpame pero tu nota carece de profesionalidad, se nota que no eres investigador serio.

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  5. Dos matices que no se introducen en esta reflexión. El primero es que es engañoso equiparar a los miembros del SNI con una élite, porque eso implica pensar que es un grupo homogéneo económica, social o laboralmente, lo cual es falso. No es lo mismo ser SNI 3 y tener un puesto de investigador en la UNAM, que ser SNI 1 y ser profesor de carrera de una universidad estatal sin apenas presupuesto. Hay incluso miembros del SNI que no tienen plaza fija en una universidad (por esas mismas precariedades laborales que mencionas) pero que sobreviven de ese “sueldo” como investigadores. No digo que el SNI sea la mejor opción para solucionar ese desamparo social, pero los investigadores de ese sistema no necesariamente son privilegiados, es más, la mayoría es del nivel 1 o candidato. En todo caso, el SNI no es una élite académica más grande que el propio profesorado de tiempo completo de las universidades (la mayoría de los cuales ni investigan ni están en el SNI) si se les compara a los maestros con escasos derechos laborales de las universidades privadas o profesores de otros niveles educativos.

    El segundo matiz viene de que la reacción se da también por la torpeza histórica (que no se ha roto con la actual administración, de la cual soy partidario) de las autoridades y el cuerpo burocrático del Conacyt a la hora de elaborar sus “peticiones”. El discurso que se usó es perentorio y no un llamado a la solidaridad, eso se escribe de una forma diferente. Es una reacción al escaso peso que al final, tiene cualquier investigador o becario del Conacyt en cualquiera de sus decisiones.

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  6. Este tipo está completamente alejado de lo que es hacer ciencia. Este desplegado está escrito por alguien que no tiene conocimiento alguno de que es publicar en un journal de calidad internacional, solo escribe en este medio bananero. Para ampliar la opinión de este tipo, debería ver los filtros y las condiciones por la que pasamos los del SNI para permanecer o promover un nivel, los que realmente hacemos investigación créanme que ese “sobresueldo” lo tenemos más que merecido, porque proponer una idea, calcular, redactar, discutir y publicar, es una actividad que no cualquiera puede hacer, en particular la persona que escribió estas lineas. No es lo mismo ser diputado o senador y que su única contribución sea dormir y robar, a dar sermones a medios burros que solo saben decir sí y no. Ellos ganan muuuuucho más que cualquier SNI y no son evaluados, ni publican, y tienen una escolaridad mediocre y en ese caso qué????? Un investigador en Europa tiene mucho mejor salario que aquí, y publicamos en las mismas revistas y generamos también recursos humanos, pero no va a entender la importancia de hacer ciencia un país donde la mediocridad es muy grande y creen, como muchos mequetrefes, que hacer ciencia es un privilegio adinerado.

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  7. Un comentario breve al debate sobre el SNI (mi postura fue expuesta dos años atrás en este mismo blog). Creo que nadie niega la diversidad de casos y trayectorias entre los 30 mil miembros del SNI, que se reparten una bolsa anual de “incentivos” de poco más de 6 mil 500 mdp. En el SNI caben por igual el profesor investigador luchón que el cacique académico consumado. El problema reside en que el Conacyt es de entrada una institución que nació para “maicear” a los sectores universitarios de clase media inconformes con el régimen priísta. Dadas las condiciones de emergencia que vive hoy día el país más valdría deshacernos de los dos (el Conacyt y el SNI) y establecer nuevas reglas en las relaciones entre el gobierno y la educación pública universitaria en el país. Otra forma de decirlo es que se carga con mucha basura, esto es, “arreglos” del pasado que han dado al traste con la educación superior. Es por esto que no se exagera al decir que el SNI es algo muy parecido a una burocracia dorada enquistada en la educación superior de México. La distribución del maicito en el país es la siguiente (datos del propio SNI para 2019):
    Table 1
    Tabla 2

    Bienvenida la discusión.

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  8. Soy docente por horas, no tengo plaza, y me llamas elite asumiendo que tengo una fuente de riqueza inacabable, que el apoyo solo son unos pelitos del gato, si doy mi apoyo me endeudo

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