por Silvana Casal *

En los últimos tiempos, el mundo académico ha sido noticia. Lamentablemente, no sólo por sus avances en cuestiones de investigación relevante, sino por ser protagonista de diversos casos de plagio en espacios donde debería privar la honestidad intelectual.

Es interesante observar cómo el fenómeno del plagio se ha hecho un lugar propio e instalado en las casas de estudio. Los institutos y las facultades han tenido que dedicar mucho tiempo, esfuerzo y recursos para enfrentar denuncias, amparos, reuniones legales, decisiones de consejos técnicos, para dar curso a la resolución de estas cuestiones que en algunos casos son muy largas y tediosas y parecen nunca acabar. Incluso en congresos en los que los intelectuales se reúnen para compartir sus avances e innovaciones académicas se hace presente el tema. (Éste es el caso de la mesa redonda Plagio académico: ¿Por qué sucede y cómo enfrentarlo?, que se realizó en la UNAM hace pocos días, con académicos de la UNAM, el Instituto Mora, El Colegio de México y la Universidad Veracruzana —aquí está la nota de El Universal al  respecto; la de La Jornada está aquí.)

Los casos que me ocupan involucran a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, Michoacán, que en 2015 enfrentó dos situaciones de plagio (una de ellas todavía en curso). La primera fue protagonizada por el renombrado Rodrigo Núñez Arancibia, de nacionalidad chilena, quien había plagiado su tesis de doctorado, además de una cantidad importante de artículos. En el momento en que el tema salió a la luz, Núñez Arancibia se encontraba trabajando en la Facultad de Historia de la UMSNH y formaba parte del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1. Su situación se resolvió con bastante rapidez: le fue retirado su título de doctor, desvinculado del SNI y de su labor en la universidad.

No ocurre con mismo con el otro caso de plagio en la UMSNH, producido ahora dentro de la Maestría en Enseñanza de la Historia, dependiente del Instituto de Investigaciones Históricas. Una alumna colombiana, Farly Encarnación Heredia Tovar, plagió la tesis de maestría de la suscrita, alumna argentina que realizó su maestría en el IIH en 2007-2013. Heredia Tovar obtuvo a partir de la copia de mi tesis su título de licenciatura en Colombia. (Para ver los documentos completos del caso, véase www.plagios.info.) La cuestión es que este proceso comenzó hacia mediados de 2015, misma época del caso Núñez Arancibia, pero no se ha logrado resolver al día de la fecha. ¿Será porque estamos hablando del accionar de una alumna hacia otra alumna y el status de gravedad sea considerado menor?

La impunidad, la falta de ética, la falta de transparencia en los mecanismos de control en el ingreso de los aspirantes, se suman a una actitud de deshonestidad y de falta de respeto hacia el conocimiento. En este caso en particular, la conducta desleal de la señora Heredia no debe despegarse de la responsabilidad de sus directores de tesis: el doctor Francisco Javier Dosil Mancilla, director del proyecto, y la doctora Ivonne Suárez Pinzón, codirectora, de acuerdo al documento de la Universidad Industrial de Santander, Facultad de Ciencias Humanas, Carrera de Historia y Archivística. (Cabe destacar que, ante mi denuncia, el IIH envió las dos tesis a tres peritos externos, quienes determinaron que Heredia había consumado plagio sobre mi trabajo de tesis. La universidad Industrial e Santander ya inició el proceso en Bucaramanga, Colombia.)

Francisco Javier Dosil Mancilla
Francisco Javier Dosil Mancilla

 

Ivonne Suárez Pinzón
Ivonne Suárez Pinzón

Un asesor es un guía, un referente para el estudiante, alguien con experiencia y solidez, a quien escucha y en quien confía. ¿Por qué entonces los doctores Dosil Macilla y Suárez Pinzón no actuaron de acuerdo con el papel para el cual fueron elegidos? Se podrían ensayar muchas respuestas a esto, pero el punto crucial es que si bien la estudiante tiene la principal responsabilidad en el plagio, porque ella decidió hacerlo, sus asesores fallaron en guiarla y se transformaron en cómplices de su mentira.

Las rencillas de poder que rodean este caso, tanto en Colombia como en México, sumado a los intersticios legales que hacen más lenta la resolución del asunto, se integran a una actitud prepotente y de falta de autocrítica de parte de los responsables: alumna y docentes. ¿No sería saludable que la plagiadora dijera “perdón, me equivoqué, pido disculpas” y aceptara las consecuencias de su acto, en lugar de seguir manteniendo una actitud que la denigra como estudiante? Otra vez me pregunto: ¿dónde está el consejo de sus asesores?

Dicho todo esto, resta intentar responder a otra pregunta crucial: ¿por qué no plagiar? Cada uno de los lectores deberá hacer el ejercicio de encontrar las respuestas que más le satisfagan y tranquilicen para evitar que el mensaje a los miembros de la comunidad académica sea “robe, defraude, estafe, mienta, falsifique, engañe, calumnie, sea corrupto, abuse de los subsidios del Conacyt; total no habrá consecuencias por la desvergüenza y la inmoralidad de su actos.”

14 Comments

  1. “[L]a conducta desleal de la [tesista…] no debe despegarse de la responsabilidad de sus directores de tesis”. Opino que si bien debe incluirse a los directores de tesis en “el proceso” (debe investigarse si los directores de la tesista plagiaria actuaron con dolo o si fueron omisos y en qué sentido preciso), no puede darse por sentado que ellos son igualmente responsables que ella. Ellos pudieron no saber ni sospechar del plagio.

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  2. Ella no lo menciona, pero el problema GRAVÍSIMO es que este profesor fue asesor de ambas alumnas: quien presentó la tesis originalmente y la plagiaria. Hay mucha responsabilidad ahí: o fue cómplice directo o bien, no leyó los trabajos que se supone asesora y no se dio cuenta del plagio… cualquiera de las opciones anterior es delicada (por decir lo menos) y requiere atención y sanción

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      1. Estimados Pedro y Carlos, gracias por interesarse en esta cuestión. Lo serio de todo es que mi asesor de la tesis plagiada (tesis de maestría en enseñanza de la historia), Javier Dosil, fue el mismo asesor de la muchacha colombiana que copió mi trabajo. Él y otra Dra. Colombiana llamada Ivonne Suárez Pinzón. Es decir tuvo dos referentes esta chica para que la guíen y la ayuden a entender estas cuestiones de presentar un trabajo original.
        Lo más decepcionante para mí y por lo que decidí hacer pública esta cuestión es que el asesor, es decir mi asesor, decidió defender encarnizadamente a la alumna plagiaria en lugar de apoyar a la alumna plagiada. Les aseguro que con un: “perdón, no me dí cuenta, no leí a detalle la tesis de Heredia” a mi me hubiera alcanzado. Pero no, no fue así. Entonces si la estudiante tiene responsabilidad en lo que hizo, que claro que la tiene, los asesores también, aun por omisión, por no darse cuenta, si quieren, de lo que hizo su alumna. Y nos nos olvidemos que ahora la chica que cometió un acto deshonesto está pasando desapercibida: ella es Farly Encarnación Heredia Tovar.
        Saludos

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  3. Carlos y Pedro, lo grave y decepcionante de esto es que por un lado Dosil fue mi asesor entre 2007-2010 de la tesis en cuestión y luego de esta chica de Colombia de la tesis que presentó para titularse en 2014.
    Si el asesor hubiera adoptado una actitud de: “perdón, no me di cuenta, fue mi error no leer en detalle su trabajo, etc” yo hubiera aceptado esas disculpas. Pero el punto es que Dosil inició una defensa encarnizada de la plagiaria diciendo que sólo hubo detalles menores de copia. Si tuvieron la posibilidad de comparar las dos tesis ustedes sacarán sus conclusiones. Lo indignante de esto es que después de plagiar en Colombia la tesis que yo hice en la maestría de enseñanza de la historia en el Instituto de Investigaciones Históricas, vino a Morelia, al mismo Instituo a hacer su maestría. Me explico? Es muy indignante. Saludos

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  4. Estimada Silvana,
    disculpa, pero un “perdón, no me di cuenta, fue mi error no leer en detalle su trabajo…” no es ni será jamás suficiente. Ello hubiera sido no sólo un acto de deshonestidad intelectual, sino un desaseo en el proceder de Dosil aunado al cinismo, porque develaría que no sólo no leyó tu trabajo (y aún así lo aprobó) sino que tampoco leyó el trabajo de la deshonesta plagiaria Farly Encarnación Heredia Tovar. Cuando uno acepta dirigir un trabajo de tesis va implícito el compromiso de leer completo, es decir, “en detalle”.
    Ambos, Javier Dosil y Farly Encarnación Heredia Tovar, corrompieron la ética del trabajo académico y deben ser sancionados, por supuesto. Lo grave es que tales situaciones son prácticas cotidianas en el ámbito académico en licenciaturas y posgrados

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