La generación de los 2000

por Benjamín Díaz Salazar *

En esta ocasión mi reflexión es resultado de una tarde de recuerdos. Después de una intensa sesión de fotografías, cuadernos, dibujos y libros, me quedó el sinsabor de lo que mi generación representó y representa. Nacimos en un momento económicamente agudo, donde el hastío del régimen salinista inundaba a la sociedad y comenzaba a figurar un prometedor candidato en la terna electoral de 1994, quien después fue asesinado en un controvertido episodio. Fuimos la última generación del “viejo” PRI.

Nacimos de la mano de un nuevo proyecto educativo. Aparecieron en las aulas las entrañables aventuras de Paco Chato, las de unos enanitos que “saltan y saltan” y la curiosa vida de Los changuitos, a los que por alguna razón les era imposible vestirse. Nuestros libros de texto mostraban en la portada los grandes murales de Juan O’Gorman, Antonio González Orozco y otros grandes maestros del arte pictórico. Fuimos la generación que vivió el cambio de milenio junto con la entrada a la primaria; una generación que, según los proyectos educativos, recibía una educación que significaba los esfuerzos de muchos años de trabajo.

Tuvimos grandes libros de historia que recorrían los siglos por medio de una línea del tiempo, que muchas veces pasaba inadvertida. La bibliografía histórica la conformaban textos de Ignacio Bernal, Daniel Cosío Villegas, Miguel León Portilla, Alfredo López Austin, Enrique Semo, Álvaro Matute, Josefina Zoraida Vázquez, entre otros grandes académicos que para nosotros resultaban sólo nombres que aparecían en los créditos editoriales. Los libros de texto de historia, si bien han sido duramente criticados, nos inspiraron un álgido fervor histórico que, en la mayoría de las veces, nos incitó a seguir conociendo el pasado.

La huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1999 nos resultaba algo tan lejano que difícilmente sabíamos más allá de lo que las noticias relataban. Fuimos la generación que vivió el cambio democrático tan anhelado, que de igual manera vio cómo se derrumbaban las esperanzas con los prematuros escándalos de las “toallas presidenciales” y otros gastos incoherentes del señor Vicente Fox. Sin embargo, quiero retomar de esa gestión un emblemático discurso dictado el día que el Instituto Federal Electoral otorgó la victoria al Partido Acción Nacional.

En el fervor de la blanquiazul coronación, el candidato electo Vicente Fox Quesada anunció que se daría “un giro de 365 grados”. Debo reconocer que fue un compromiso que sí cumplió. A trece años de la alternancia política, hemos dado ese giro de 365 grados. Hemos vuelto por el mismo camino que quedó interrumpido con la entrada del panismo a Los Pinos.

En el fervor de la blanquiazul coronación, Vicente Fox Quesada, anunció que se daría “…un giro de 365 grados”. A trece años de la alternancia política, hemos dado ese giro de 365 grados. Hemos vuelto por el mismo camino que quedó interrumpido con la entrada del panismo a Los Pinos.

En el fervor de la blanquiazul coronación, Vicente Fox Quesada, anunció que se daría “…un giro de 365 grados”. A trece años de la alternancia política, hemos dado ese giro de 365 grados. Hemos vuelto por el mismo camino que quedó interrumpido con la entrada del panismo a Los Pinos.

Somos aquéllos que esperábamos ansiosos el momento de votar y así lograr poner fin a la masacre que emprendió el segundo periodo panista: una generación que realizó su primer ejercicio electoral en 2012. Jóvenes que nos vimos seducidos por alguno de los precarios proyectos de nación que ofrecieron los entonces contendientes. Somos esos jóvenes que salieron a las calles para protestar contra el candidato “más fuerte”, quien actualmente cumple un año de gestión.

Hoy vemos asentado en Los Pinos a un poder que creímos haber dejado atrás. Somos la generación que sufre y sufrirá las consecuencias de las reformas al ISSSTE y al IMSS. Aquellos que vivimos y viviremos las consecuencias de una reforma laboral improvisada y exprés. Formamos parte del sector que se opone fervientemente a una reforma educativa sin pies ni cabeza. Somos los que, ante una reforma política y electoral, vemos desmoronarse la democracia, la representatividad y las esperanzas de frenar la insaciable hambre de poder del partido sentado en la silla presidencial.

Somos esa generación por la que tanto se ha expresado preocupación, pero que sentiremos en carne propia las ardientes brazas de unas incoherentes e ignorantes reformas. Somos la generación de los 2000… impuestos que deducir, de los 2000… turnos antes de la atención médica, de los 2000… votos que surgen de la nada, de los 2000… pesos a la quincena.

3 Respuestas a “La generación de los 2000

  1. ¡¡¡Buenas madrugadas!!! En el 2000 yo voté por primera vez. Es cierto que no festejé la llegada de Fox, como no hubiera festejado la de Cárdenas o la de Labastida, pero me sentía feliz de saber que “un” cambio podía darse sin derramar más sangre. Hoy me doy cuenta de que el cambio no sucederá mientras el sistema-mundo capitalista de Wallerstein no se autodestruya. Creo entender cómo te sientes, siendo joven en medio de tantas sombras, porque los estudiantes que van a mis clases son “de tu rodada”.
    Hace poco, en una discusión en clase, quedó manifiesto el sinsentido que parece envolver a chicos como tú… y a no tan chicos, como yo. Pero rescaté un texto de Bolívar Echeverría donde se refiere a la importancia del mestizaje latinoamericano como fuente de conocimiento de las verdaderas formas de resistencia. Así, creo que es el momento de “regresar a la madre”, de que busquemos una identidad no como nación (la mexicana), ni como región (la latinoamericana), sino una identidad reflexiva que nos haga ver, valorar y explotar las grandes posibilidades de la pluralidad cultural.
    En este mundo de hiperinformación, hay tantas cosas que se pueden conocer y compartir que quizá sean el germen de una alternativa de sobrevivencia a la desestructuración capitalista. El problema es que creo que no nos vemos los que somos y no somos sólo los que nos vemos. Me aclaro: por medio de lugares virtuales como éste, he podido constatar que “no estoy tan sola” en el mundo, pues hay gente que no conozco de cara pero sí soy capaz de intuir su ontología cuando lo leo, como a tí. Entonces, si nos vamos descubriendo, es posible que lleguemos a formar algo… ¿qué? No lo sé.
    Al respecto, justamente ayer pensé en una estrategia. Intentar gestionar una iniciativa vía Facebook consistente en visibilizar a las personas que hemos apagado la televisión. ¿Cómo? Pues cuando apagas la televisión tienes mucho tiempo extra, y en esos tiempos puedes hacer un cartelito con tus manos (nada de imprimir), con dibujitos, estampas, o lo que sea (el chiste es que sea manual) que diga “Apaga la televisión”, y luego pegarlo en uno de los cristales del coche que usas a diario. Y si entre el tráfico encuentras a alguien con ese cartelito, le pitas el claxon y le regalas una sonrisa… Estoy en vías de abrir la página, y me muero de curiosidad por saber cuánto tiempo pasará en que vea un cartelito y regale una sonrisa… Quizá, luego de identificarnos en esta acción, podamos hacer más cosas… ¿no crees?

    • Buenos días estimada Anel.
      Pues verdaderamente tengo un sinsabor del contexto actual y entiendo que el cambio vendrá cuando sea preciso. Pero vaya, es un poco consternante la serie de acciones “desde arriba” que nos ponen en Jaque.
      Por cierto, me parece extraordinaria tu propuesta, una excelente manera de irnos conociendo, además de ser la excusa perfecta para ver la vida con una sonrisa. Así que, cuenta conmigo para ello.
      Saludos.

  2. Esta fabulosa reflexión merece ser uno de los indicadores que promuevan la toma de conciencia para la participación mas activa en la toma de decisiones políticas que nuestro país requiere, no como los políticos deseas de acuerdo a sus intereses del grupo en el poder.

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